Alto del Rebollar, Cerro Escoboso, Cruz de las Heladas, El Menudal, El Montecillo, La Dehesa, Las Huertas, Los Hoyos, Muela de Beratón, Portillo Grande, San Mateo.
El castro de san Mateo ( 1.468 m ) es un pequeño cerro que parece poco atractivo desde Beratón, pero que sin embargo ofrece en su cara oriental un aspecto completamente diferente, ya que está formado por un interesante conjunto de peñas, entre las que destaca un bonito ojo natural. Esta cara es la que se contemplará desde el camino viejo de Beratón al collado de Almudejos, y desatará entonces nuestro interés, aunque si somos conocedores de antemano quizás nos acercaremos, desviándonos unos minutos de la ruta, para contemplar este lugar más de cerca.
El panel informativo ya nos indica que del viejo castro de los siglos V y VI a.C. obviamente no queda nada visible, pero se contemplan las piedras de una antigua fortificación de la época medieval, aunque el interés cultural es por tanto más reducido de lo que parecería.
Los mapas no se ponen de acuerdo en cual de las dos cotas es más elevada, si la occidental donde están las primeras piedras de la muralla o el espectacular peñasco oriental. El efecto óptico hace parecer más elevada esta última y los mapas recientes parecen confirmarlo, pero escalar este monolito precisa algunos conocimientos de escalada que harán desistir a la mayoría de los montañeros por su exposición, no siendo necesario coronarlo, ya que la diferencia de altura va a ser sin duda de escasos centímetros. El ojo humano no puede apreciar dicha diferencia.
Aparcados en la ermita de San Roque y la Cruz de Canto ( 1.380 m ) salimos por la pista y el sendero SO-94. Enseguida llegamos a la base del cerro con el panel. Saliendo de la pista se asciende al castro por un vago sendero hacia la derecha. En la primera colina se aprecian las piedras del comienzo de la antigua muralla. Por la loma se alcanza el cortado que precede al peñasco oriental.
Sin necesidad de escalar el peñasco oriental si que podemos bajar un poco por la derecha (S.), por empinada ladera con gravilla que recomienda el uso de bastones, hasta la base del peñasco para apreciar el ojo natural a nuestra izquierda. A la derecha también hay un curioso grupo de agujas rocosas. De vuelta a la loma del castro, se puede retornar a la pista para recuperar el sendero local.
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