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San Cristóbal (734 m)

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Fernando Sobrevilla Caso
Fecha Alta
21/05/2013
Modificado
07/07/2020
2
Situado en el Sistema Ibérico Zaragozano, el Pico San Cristóbal (734 m) se ubica en la Sierra de Algairén, constituyendo la máxima elevación de la singular ruta botánica del convento del mismo nombre, situado en el término municipal de la localidad de Alpartir.

Desde Alpartir

Comenzamos tomando la pista que hay junto a la tapia del cementerio, en cuyo inicio un poste indicativo reza: Convento de San Cristóbal (504 m). Tras unos 100 m. aparece el primer cruce, que seguimos hacia la izquierda y entre campos de cereal y frutales, avanzamos prácticamente llaneando. Enseguida alcanzamos dos nuevos cruces, en los cuales continuamos recto y en el cuarto a unos 1100 m. desde el inicio, seguimos por la derecha, como bien nos señala un poste indicativo. Con el convento y el pico San Cristóbal al frente, avanzamos unos 200 m. y alcanzamos un quinto cruce, que seguimos hacia la izquierda, ahora por pista asfaltada durante otros 200 m. aproximadamente, donde un nuevo poste indicativo nos invita a abandonar la asfaltada pista que se dirige a una antigua mina de plata y siguiendo hacia la derecha, ahora por pista de tierra, nos elevamos cómodamente y tras algunas lazadas, alcanzamos una herbosa explanada, donde se ubican los restos del Convento de San Cristóbal, punto donde se inicia la singular ruta botánica del convento de Alpartir (600 m).

El convento fue fundado en 1444 para "recreo espiritual y honesta diversión de los Padres Claustrales de San Francisco de Calatayud". Tenía una cerca que había sido construida entre 1651 y 1660, y dentro una rica huerta con dos balsas de riego. La estratégica situación del Convento de San Cristóbal lo convierte en balconada natural sobre una hermosa panorámica que se extiende desde el mosaico agrícola de Alpartir hacia la huerta y vega de La Almunia. Tras ella, la ventosa meseta de La Muela y las crestas del somontano prepirenaico.

Tras contemplar la mencionada panorámica, nos introducimos en la Cueva del Convento, que se halla frente a las ruinas de la iglesia y al lado del poste indicativo que señala el inicio de la circular ruta botánica que vamos a realizar, pasando por el vértice del Pico San Cristóbal y la cueva del Tío Chirras. La cavidad está formada por una única galería de unos 10 metros de longitud por 2 metros de altura, donde al fondo de la misma podemos observar un pequeño manantial de agua.

Tras la visita de esta pequeña cavidad, dejamos a la izquierda las ruinas de la iglesia, reedificada en 1750 y la traza por la que volveremos, mientras que a la derecha dejamos la primera estaca, núm. 1, que corresponde a la ginesta, y ascendemos la ladera dirección a la visible ermita de la Virgen del Pilar, llegando enseguida a la estaca núm- 2, el enebro, para poco después llegar a la mencionada ermita, así como a la nevera que hay a su lado y desde donde observamos algo más arriba unos antiguos eremitorios, que servían de punto de oración y contemplación. La ermita, fue edificada en el año 1652 a expensas de Jaime Ximénez de Ayerbe, canónigo del Pilar de Zaragoza y abad de Montearagón.

Después de una corta parada, continuamos por la marcada senda elevándonos a media ladera siguiendo las estacas numeradas y teniendo como objetivo el visible y cercano vértice geodésico de San Cristóbal, el cual alcanzamos tras haber observado quince plantas diferentes marcadas con sus diferentes números (espantalobos, espino negro, encina, tomillo, sabina, coscoja, hierba pincel, pino, rosal silvestre, espliego, corrigia, salvia e hinojo de perro) y después de bordear por nuestra izquierda el rocoso resalte donde se ubica el punto geodésico (734 m ).

A pesar de su modesta altitud, desde la amplia llanura donde se asienta, observamos una gran panorámica sobre el valle del Jalón con sus poblaciones dispersas, las Sierras de la Nava y Monegré, el Moncayo y la Sierra del Tablado y las Sierras de la Virgen, Vicort y Algairén.

Tras la sesión fotográfica, reanudamos la marcha siguiendo las visibles estacas (cuatro) que se hallan sobre la explanada y que además de las plantas nos ayudan a seguir el itinerario (tomillo borriquero, asfódelo, romero y ruda). Después de dejar atrás la estaca nº 19, la ruda, descendemos por una pequeña vaguada y girando un poco a la derecha, alcanzamos enseguida la nº 20 (aladierno), que se halla sobre la entrada a la Cueva del Tío Chirras, una pequeña cueva en terreno calcáreo con numerosas grietas y derrumbes, la cual nos disponemos a visitar. La cueva es descrita por primera vez, en octubre del año 1971, por el Grupo de Espeleología Martel, de Zaragoza. En enero del año 2006, miembros del Centro de Espeleología de Aragón realizan el plano topográfico de la cavidad.

Tras superar agachados su pequeña entrada, descendemos por ella siguiendo una corta rampa hasta situarnos en una pequeña sala, en la que podemos observar los derrumbes producidos en la misma y quizás por ello, no logramos encontrar la continuidad de la cueva, así que tras intentarlo en varias ocasiones y no obtener resultado, decidimos salir al exterior. (Poco después pude saber, que la continuidad de la cueva se halla en el lado norte de la pequeña sala, donde realizando una fácil trepada a través de un pequeño hueco elevado, se alcanza una sinuosa galería que le da continuidad).

Una vez en el exterior continuamos descendiendo y siguiendo las estacas numeradas del 21 al 27: ontina, sisallo, candilera, olivo, albada, lavatera y aliaga, que nos llevaran hasta la ermita de San Clemente. Pasamos al lado de unas excavaciones sobre la ladera que corresponden al parecer a unas antiguas extracciones de cal a cielo abierto, donde observamos restos de edificaciones y hornos de cal, rodeadas de campos frutales y que vamos dejando a nuestra derecha, mientras que a nuestra izquierda, nos llama la atención una gran roca con un pequeño letrero que reza: Naturaleza Viva, sobre la que un espino negro se aferra a la vida. Poco después, llegamos a la ermita de San Clemente, donde realizamos una parada para observar su aun aceptable aspecto. La ermita, la mando edificar en el año 1613 el guardián del convento, Fray Clemente Tejero, en honor del papa San Clemente.

Tras dejar atrás la mencionada ermita, seguimos avanzando a media ladera por encima de una pequeña acequia en desuso, entrando poco después en el recinto del convento, donde a la derecha aparece la seca balsa que servia de riego a la huerta del convento, así como las ruinas de algunos corrales hundidos. A la izquierda, observamos las ruinas de algunos edificios, delante aparece la fuente, cuya agua es buenísima y nunca se ha secado y de nuevo las ruinas de la iglesia y la plaza, donde conectamos con el itinerario de ida, pasando por las estacas 28 a 30, gamoncillo, junco y zarzamora. Finalmente, seguimos el mismo itinerario de ida hasta llegar al cementerio de Alpartir, de donde habíamos partido.

Accesos: Alpartir (1h 15 min).

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