Ir arriba

Atalaya, La (1.324 m)

remove-icon
Luis Astola Fernández
Fecha Alta
21/09/2016
Modificado
27/01/2018
2

 

En muchas ocasiones la toponimia proporciona datos y pistas que permiten rastrear en la historia de un determinado lugar; la cima de La Atalaya (1324 m), situada en la zona de influencia de Tiermes y de Caracena, puede ser uno de esos casos.

A principios del siglo VIII, tras su fulgurante expansión desde el sur peninsular, los ejércitos árabes llegan, en lo que es el actual territorio soriano, hasta el corredor del Duero, donde establecerán los límites fronterizos de la Marca Media de Al-Ándalus, lugar de frecuentes confrontaciones con los ejércitos de los nacientes reinos cristianos. Durante tres siglos y medio, hasta su expulsión definitiva de la zona (tras la conquista de la Alcazaba de Gormaz en 1059 por el rey de Castilla y León, Fernando I), los árabes se asientan en la comarca, donde aún resuenan los ecos y las gestas de personajes casi legendarios, como Al-Mansur/Almanzor o Abderrahmán III/Abd al-Rahman III.

De ese periodo perduran algunas construcciones notables, como la impresionante Fortaleza califal de Gormaz; y el recuerdo de otras, como las alcazabas de Medinaceli y de Caracena, reconvertidas en fortalezas cristianas en el siglo XV. La nómina de atalayas o torres de vigilancia agarenas que se conservan en Soria no es escasa: Tiñón, en Rello; Valdenarro, Cerro Lomero y Uxama, en Osma; Torre Vicente, en Bordecorex; Ojaraca y Veruela, en Caltojar; Torre Melero, en Ribas de Escalote, y tantas otras...

En Caracena, algunas fuentes hablan de que pudieron existir dos atalayas. Una de ellas aún alza su torre cilíndrica sobre el manantial de Fuencaliente, al norte de la localidad, acechando el paso del camino hacia Uxama/Osma y Gormaz. De la otra, que debiera vigilar los accesos por el sur, nada se sabe, pero no es descabellado pensar que el topónimo La Atalaya, que designa a esta simpática cota del entorno de Tiermes y Caracena, constituye un buen rastro a seguir para especular sobre su posible emplazamiento.

La cima de esta agradable montaña, de fácil acceso desde el norte y mucho más dificultoso desde el sur (es un buen ejemplo del llamado relieve en cuesta), se presenta como una ubicación ideal para vigilar el corredor abierto al pie de la Sierra de Pela, vía de comunicación natural entre enclaves árabes tan importantes como Medinaceli, Ayllón o Gormaz. No tiene por qué suponer un argumento en contra de esta hipótesis (aunque en el entorno abunda la piedra y existen largos tapiales) la ausencia de restos constructivos en la plataforma cimera, donde quizás ni siquiera fuese preciso alzar ningún tipo de torre para controlar los pasos; de hecho, el primitivo significado de la palabra de origen árabe "atalaya" parece referirse más a la "persona encargada de vigilar", y también a una "altura desde donde se descubre mucho espacio de tierra o mar", que al edificio construido para ese fin, aunque sea esta la acepción que ha perdurado finalmente.

En cualquier caso, lejanos ya aquellos tiempos belicosos, la cima de La Atalaya está presidida en la actualidad por una encantadora cabaña de pastor de falsa cúpula levantada con la técnica de piedra en seco, probablemente una de las mejor ensambladas y más pulcras con las que hemos tropezado en nuestros paseos por las montañas peninsulares; una auténtica joya de la arquitectura rústica. Disfrutar un tibio atardecer de verano junto a sus sencillos muros, contemplando los cambios de luz sobre el mosaico de campos ocres y dorados que se extiende a los pies de la montaña, puede ayudar a entender sensaciones y conceptos tan simples, pero a veces tan huidizos, como calma, armonía, serenidad...

La Carrasca y el Encinar de Valderromán

Al norte de la localidad de Valderromán se extiende una magnífica mancha mixta de encinas (Quercus rotundifolia) y sabinas (Juniperus thurifera), que reúne un nutrido conjunto de corpulentos ejemplares de ambas especies. Muchos árboles conservan grabada sobre sus cortezas la inicial de su propietario, lo que indica que han sido tradicionalmente objeto de aprovechamiento forestal y ganadero; las dulces bellotas para el engorde de porcino y, quizás en época más lejana, el trasmoche y poda de sus ramas para la elaboración de carbón. En las últimas décadas, el rodal se ha visto sin duda beneficiado por el despoblamiento y el consiguiente abandono de la actividad agrícola y ganadera en la zona, que ha permitido a los árboles desarrollarse sin obstáculos, hasta mostrar su actual aspecto sano y colosal.

Entre todos ellos, que constituyen el auténtico patrimonio forestal y ambiental de la comarca, destaca por su corpulencia un ejemplar de encina, considerada por algunas fuentes como la más anciana de Castilla y León (se le atribuye una edad aproximada de 800 años), a la que se ha singularizado como la Carrasca de Valderromán. Esta monumental encina, aparentemente trasmochada en tiempo inmemorial, presenta una forma en copa abierta que proyecta una sombra aproximada de 300 m2 y, lo más importante, un aspecto saludable a pesar de su longevidad. Merece la pena acercarse a admirarla.

Actualmente no cuenta con ningúna figura de protección ambiental ni con señalización oficial, pero desde la apertura en verano de 2014 de la, en su día, controvertida pista asfaltada que enlaza Valderromán con Caracena, es muy sencillo localizarla. Junto al hito kilométrico 26 de la recién estrenada carretera a Caracena, a menos de 2 km de Valderromán, sale una pista a la derecha (hay pintura en el asfalto) que enseguida se bifurca; siguiendo por el ramal de la izquierda apenas 150 metros, las soberbias hechuras de la Carrasca de Valderromán no dejan lugar a dudas sobre su identidad (WGS84 30T 490083 4579329). Desde el pueblo, con precaria señalización que evita en su mayor parte el asfalto, supone un paseo de 30 minutos escasos.

A La Atalaya desde Valderromán

Pasada la iglesia de Valderromán (1190 m) y la fresca fuente a la sombra de los chopos, localizamos al final del pueblo, a la izquierda, las marcas de la senda que lo une a Carrascosa de Arriba, de la vieja red de Senderos de Tiermes. El sendero asciende junto a varios palomares ruinosos hasta un collado que da vista a la vertiente contraria, a la izquierda de una loma que algunos mapas denominan Cerro de la Abrejuela (1265 m); desde las eras situadas en la zona más elevada de Carrascosa de Arriba (1155 m) parte en sentido contrario el sendero, señalizado de manera precaria, que enlaza en este mismo lugar con el procedente de Valderromán.

La continuación del itinerario hasta la cima, sencillo y evidente, resigue el canto de la montaña por terreno de pastizal, entre antiguos muros de piedra arrumbados e inútiles. Los chozos pastoriles de piedra seca que nos salen al paso, en mejor o peor estado de conservación, son el testigo de la ancestral dedicación ganadera de estos páramos desolados, actividad que sobrevive a duras penas a la despoblación y al envejecimiento de sus pobladores. La llegada a la dulce cima de La Atalaya (1324 m), con su coqueta cabaña de pastor devuelta a la vida por manos sensibles y sabias, resulta sencillamente sublime.

Como alternativa, el ascenso más breve y rápido a la cima puede iniciarse junto al pk 28 de la carretera de Valderromán, 800 metros antes de tocar las casas. Nace aquí un carretil, con espacio amplio para aparcar (1215 m), que pasa junto a una caseta cercada y deja luego a un lado la arruinada torre de un palomar. El camino se difumina en la inmediata vaguada, junto a unos viejos bancales, pero no hay ninguna dificultad para continuar, por terreno limpio, hasta la despejada cima (0,25). La relación de senderos reseñados y la total ausencia de dificultades de orientación permiten diseñar en el entorno de La Atalaya sencillos y atractivos itinerarios circulares.

Accesos: Valderromán (40 min); Carrascosa de Arriba (45 min)

Catálogos

Imágenes

Tracks

Comentarios