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Fraidemendi (108 m)

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Matilde Sanz Rebato
arrow-iconFecha Alta
07/12/2016
arrow-iconModificado
07/12/2016

Copio textualmente lo que dice el panel informativo situado en la plaza Munarri de Larrabasterra.

“Sopela es un municipio sin grandes montañas, la mayor parte de su superficie se extiende por una llanura que finaliza directamente en la costa. Las únicas cimas destacables son las dos pequeñas alineaciones montañosas que flanquean el valle del río Sautu: en la margen izquierda se encuentran los montes de Saierri, Sopelamendi y Mugarrikolanda, una relevante estación dolménica que conserva, además, interesantes restos del llamado Cinturón de Hierro.

En la margen derecha del río Sautu, encontramos el cordal de Fraidemendi que se extiende de E a W a una menor altura, desde la línea de costa hasta el roquedo de las Peñas de Santa Marina. La cima de Fraidemendi se encuentra muy cerca de aquí, tras un corto y agradable paseo, junto al depósito de agua. Desde allí podremos gozar de una completa panorámica de Sopela y conocer uno de los elementos patrimoniales más interesantes y enigmáticos del municipio: El munarri de Fraidemendi.

Como bien indica su nombre (munarri = mojón) este monolito de piedra es un mojón, una señal utilizada para delimitar la localización de este lugar en concreto. Se trata de una piedra de forma piramidal de 1,27 m de altura, con una circunferencia de 1,66 m. Aunque su superficie de encuentra muy erosionada, todavía se puede intuir la talla de la piedra, especialmente una imagen repetida en sus cuatro lados que recuerda vagamente a una cara.

¿Qué significan esas caras y por qué se colocó en este lugar el munarri? Gracias a Bene Markaida, que se interesó por esta curiosa piedra e indagó sobre su origen preguntando a los mayores de Sopela, sabemos que hasta hace 80-90 años era costumbre realizar el día de la Cruz de Mayo (3 de mayo) una procesión o rogativa desde la iglesia de San Pedro hasta este lugar. A primera hora de la mañana, el párroco, los niños y niñas de la escuela y algunos adultos, subían al munarri entonando letanías. Una vez allí colocaban en la piedra unas pequeñas cruces realizadas en cera y el párroco bendecía desde allí los campos de Sopela. Al volver al pueblo, en la iglesia se tocaban las campanas con un toque especial, breve y rápido (al que llamaban “katu-kakak”). En algunas ocasiones estas rogativas se repetían en época de sequía.

Por tanto este era un lugar de culto cristiano, pero la fecha concreta en la que se realizaba esta procesión y el especial toque de las campanas nos hablan de una religión y un culto anterior a la llegada del cristianismo. La festividad de la Santa Cruz está ligada en muchos lugares a los rituales de celebración de la llegada de la primavera y el estallido de la fertilidad en los campos.

Nuestros antepasados subían a altares situados en sitios elevados y en los límites de su territorio para realizar conjuros contra los truenos; a este rito se le ha llamado en varios lugares “Munarrietara jo” (ir al munarri). En nuestra comarca se conservan dos de estos altares, aquí y en el cercano monte Gane de Barrika. Un tercero pudiera haberse ubicado en Jata, en la cima de Santa Kurtze… curiosamente los tres lugares están ubicados de forma que se ven entre sí.

El cristianismo tradujo el conjuro ancestral al lenguaje de las campanas. Se creía que un determinado toque de campanas (katu-kakak en Sopela o “tentenublo” o “detentenublo” en otros lugares) hacía que las temidas tormentas veraniegas pasasen de largo.

Es mucha la historia y la mitología que atesora el gastado monolito de Fraidemendi, pero aun nos guarda una última sorpresa… tras múltiples conjeturas acerca del significado de sus tallas, los expertos en patrimonio han determinado que en realidad esta estructura es un pináculo tardogótico (s.XV – s.XVI). Los pináculos son elementos constructivos característicos de la arquitectura gótica. Constituyen el adorno superior de los contrafuertes que reforzaban las iglesias. Su misión es reforzar la estabilidad de estos elementos, pero también la de dar una sensación de mayor altura, estilizando el edificio.

¿De qué iglesia procede este pináculo y por qué se colocó en la soledad de la cumbre de Fraidemendi?¿A qué altar o monolito más artístico… que quizás llegó de muy lejos, ya que son pocas las iglesias vascas que cuentan con este tipo de ornamentos góticos?...

El munarri guarda aun secretos por revelar.”

Es triste tener que añadir a este precioso texto que un lugar tan interesante o, cuando menos, curioso está actualmente soportando tres plagas. A saber, la incultura y mala educación de los visitantes que dejan el lugar lleno de todo tipo de residuos y porquería; la invasiva Cortaderia Selloana, o Hierba de la Pampa; y, el comparativamente menos dañino, bosque de eucaliptus.

Desde la Plaza Munarri, Larrabasterra.

La pista asciende dejando a su derecha una casa de color terracota. Cogeremos el primer ramal que nos sale a la izquierda para ponernos rápidamente en el cordal. En caso de no seguir este primer desvío nos pasaríamos el munarri y llegaríamos directamente a la primera antena de las tres que recorren su parte cimera; nos habríamos dejado a mano izquierda el propio munarri y la campa donde este se asienta, único lugar desde el que gozaremos de vistas.

Un tranquilo paseo de 15 minutos nos bastará para completar la subida desde la plaza hasta el depósito de aguas.

Accesos: Sopela ( 15 min ).

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