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Nikosarri (691 m)

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Luis Astola Fernández
arrow-iconFecha Alta
19/02/2017
arrow-iconModificado
20/02/2017

Recostado en la falda oriental de Nikosarri (691 m), el pueblo de Lukiano se empeña en detener el tiempo mientras contempla desde su atalaya los verdes cambiantes del Valle de Zuia; la fiebre urbanizadora que invadió el valle en la última década del siglo pasado y en los primeros años del actual se detuvo a las puertas de Lukiano, que exhibe su sencillo caserío, donde aún cacarean las gallinas y el aire huele a vaca y a humo de leña, desparramado en torno a su parroquial de San Juan Bautista.

El cerro de Nikosarri (691 m) se envuelve en un delicioso robledal adehesado donde, a partir de la primavera, pacen en libertad vigilada pacíficas vacas de dulce mirada. En las caídas occidentales del monte, el denso bosque se detiene en el límite de los verdes prados del caserío-ferrería de La Encontrada, sobre cuyo puente de aire medieval se enredan amigablemente la historia y la leyenda.

Desde Lukiano

A la entrada de Lukiano (605 m), tomamos junto a los contenedores la primera calle hormigonada que asciende a la derecha (W). Sobrepasados los caseríos, desdeñamos la pista que continúa de frente y seguimos por firme hormigonado a la izquierda, para buscar la siguiente salida del pueblo hacia el W; un rústico bebedero de piedra anterior a una portilla metálica que debemos trasponer confirma que hemos elegido la ruta correcta.

En el momento que el camino empieza a descender a la busca del cauce del Baia, tomamos a la izquierda el ramal hormigonado que asciende al depósito que abastece de agua al pueblo. Superado por la izquierda el moderno aljibe, una senda trepa por las pradera, con hermosas vistas al valle y a la hipnotizante figura de las Peñas de Oro, el faro zuyano, hasta la redondeada loma de Nikosarri (691 m), donde elegiremos libremente el roble que señala el punto más elevado de la indefinida cumbrera.

Se puede descender directamente al sur, disfrutando del señero robledal, hasta topar en el cercano collado con el camino que, por la izquierda (NE), nos devolverá de vuelta a Lukiano tras cruzar otra barrera metálica, completando un sencillo y corto paseo ampliable a voluntad que, salvo embeleso o éxtasis contemplativo, no ocupará más allá de media hora.

Acceso: Lukiano (15 min)

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