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Abaro (691 m)

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Luis Astola Fernández
arrow-iconFecha Alta
20/02/2017
arrow-iconModificado
21/02/2017

Al sur del pequeño cordal de Bakubitxi (736 m), modesta pero perfectamente individualizada a través del ancho collado boscoso de Basobiarte (657 m), se levanta la colina de Abaro (691 m); las húmedas nieblas que se cuelan desde Altube alimentan el denso bosque de robles y hayas que tapiza sus laderas y trepa hasta su sombría cumbre. Los bosque de Abaro forman parte del LIC denominado "Robledales isla de Urkabustaiz", de la Red Natura 2000; la ficha correspondiente describe y define esta interesante zona en los siguientes términos:

"El lugar comprende tres sectores ocupados por manchas de robledal de roble pedunculado (Quercus robur) asentadas en el valle de Urkabustaiz, delimitado por las sierras de Gibijo y las estribaciones del macizo de Gorbeia, al noroeste de Álava. Este territorio está ocupado mayoritariamente por prados de siega y pequeños núcleos de población. La presencia de estas masas forestales, aunque de discreto tamaño, insertas en la matriz de usos agrarios confiere diversidad al paisaje. La porción más significativa del espacio corresponde al robledal del monte Godamo, un bosque húmedo de cerca de 250 ha sobre suelos de limolitas y calizas del Terciario. Esta masa se encuentra cortada y dividida por la autopista A-68 Bilbao-Zaragoza.

El área potencial del roble pedunculado (Quercus robur) se corresponde con suelos húmedos y profundos, que tradicionalmente han sido transformados para la instalación de aprovechamientos agrarios, urbanos o incluso industriales, al coincidir mayoritariamente con terrenos de valle o laderas de pendiente suave y accesible. Por tanto, su área de distribución actual ha quedado muy reducida, y escasean las masas de entidad suficiente como para ser consideradas auténticos bosques. En el caso del monte Godamo, la estructura natural del bosque está relativamente bien conservada, con densa cubierta arbórea. Las características fisionómicas y de madurez permiten una gran diversificación del cortejo florístico acompañante, destacando arbustos como espino albar, avellano, aligustre, cornejo, serbal silvestre, endrino o sauce negro".

Entre Abaro y el cerro gemelo de Nikosarri (691 m), discreto apéndice desprendido al NW de Badaia, sobre la localidad de Lukiano, el río Baia se desliza, ajeno a su propia redundancia toponímica, bajo el apuntado puente (s.XVIII) cercano al caserío de La Encontrada, escenario de la más célebre leyenda zuyana.

Leyenda de la Torre de la Encontrada

El naturalista, catedrático y escritor vitoriano Manuel Díaz de Arcaya (1841-1916), cronista oficial de Álava desde 1902, ganó los "Juegos Florales" celebrados en Vitoria en 1895 con "La Torre de La Encontrada", publicada posteriormente, en 1897, en su colección de "Leyendas Alavesas". Con evidente influencia de las teorías románticas imperantes en la primera mitad del siglo XIX, la leyenda se fundamenta en personajes históricos (Blanca II de Navarra, su hermano Carlos, Príncipe de Viana, y los señores de la Casa-Torre de Guereña, precursora de la posterior ferrería y actual caserío de La Encontrada) y en los conflictos sucesorios, perfectamente documentados, entre Carlos de Viana, heredero legítimo de la corona del Reino de Navarra a la muerte de su madre, la reina Blanca I, y su padre, Juan II, rey de Aragón; la usurpación del trono por parte de Juan II provocó en 1451 la guerra entre beamonteses y agramonteses, que se saldó con la derrota de Carlos de Viana y la caída en desgracia ante su padre de Blanca, que había apoyado la causa de su hermano. Hasta aquí la historia.

La narración fabulada por Manuel Díaz de Arcaya sitúa a la infanta Blanca de Navarra en territorio alavés buscando la ayuda de su esposo, Enrique IV de Castilla, a quien suponía encontrar cerca de Vitoria (por cierto, la historia real de Blanca de Navarra y Enrique IV de Castilla, el Impotente, casados cuando contaban 12 y 15 años de edad, respectivamente, por la política de alianzas matrimoniales de las monarquías medievales, y la posterior anulación de su matrimonio alegando un supuesto maleficio, haría palidecer de envidia a los más imaginativos creadores de argumentos novelescos). Al no encontrar a Enrique IV, temerosa de las posibles represalias por parte de su padre, Juan II, "...atravesó con un fiel escudero por tierra extraña, lloró sus penas en el santuario de la Virgen de Oro..." y, sin desvelar su identidad, se acogió en Zuia bajo la protección de Don Gonzalo y Doña Marina, señores de la Torre de Guereña, con quienes llega a establecer una gran amistad.

En la leyenda imaginada por Díaz de Arcaya, el encuentro entre Carlos de Viana y su hermana Blanca en este delicioso enclave zuyano está en el origen del topónimo con el que se conocen en la actualidad el caserío-ferrería y el airoso puente sobre el Baias: La Encontrada.

"En una espléndida tarde de Agosto Blanca y Dª Marina, asomadas á la misma ventana de la Torre en que aquélla había revelado á su bienhechora el secreto de su vida, conversaban íntimamente acerca de los últimos sucesos de Navarra y Cataluña, al dulce halago del airecillo del Gorbea, que besando sus rostros expansionaba sus espíritus. Nada turbaba la paz en el valle como no fuera el sordo murmullo del Bayas, cerca de cuya orilla se dejaba percibir de cuando en cuando el monótono canto del cuclillo. De pronto divisaron á lo lejos que dos ballesteros corrían precipitadamente hacia el bosque inmediato, á la par que por un costado se dirigía al mismo punto un compacto grupo de ginetes, que levantaba en torno suyo espesa nube de polvo, al través de la cual brillaban las chispas que el sol producía en sus cotas y corazas. (...) El grupo penetró en el bosque desapareciendo bajo su espeso arbolado, y dejando solo percibir el ruido del galopar de sus caballos, que se acercaban por momentos. (...) El guerrero ya próximo á la Torre, refrenó su caballo, y apercibido de las damas levantó su cabeza, permitiendo á éstas distinguir su rostro bajo la metálica visera, cuando un grito de ¡Carlos! lanzado por Blanca hizo que el doncel, volviéndose á los suyos gritase: "¡Encontrada!,, y clavando la espuela en los ijares de su corcel se hallara de un bote en la puerta de la Torre, donde sin más tiempo que el preciso para desmontarse, se encontró abrazado á su hermana." (Manuel Díaz de Arcaya: "La Torre de La Encontrada". Imprenta Hijos de Rodríguez. Valladolid, 1895).

Respecto al origen no ficticio del topónimo "Encontrada", éste parece ser equivalente del término "contrada", ya en desuso, procedente a su vez del francés antiguo "contrée", en el sentido de comarca, contorno, tierra o región. Buceando entre diccionarios antiguos francés-español, localizamos que "El maestro de las dos lenguas", de Francisco de la Torre y Ocón (Madrid, 1731) traduce "contrée" como "partida de tierra con sus límites", definición geográfica que encajaría perfectamente con nuestra Encontrada.

Desde Lukiano

A la entrada de Lukiano (605 m), tomamos junto a los contenedores la primera calle hormigonada que asciende a la derecha (W). Sobrepasados los caseríos, se transforma en ancha pista de grava, que desciende hasta encontrar una bifurcación; por la izquierda se llegaría directamente a la pasarela sobre el Baias que da paso a los prados de La Encontrada, así que continuamos por la derecha hasta el puente del Molino, sobre el cauce del mismo río (0,12). Apenas 200 metros más adelante surge una pista a la izquierda, que seguimos en una orientación general W, siempre por la que se muestra más importante, obviando todos los ramales a uno y otro lado; al cuarto de hora de iniciarla (0,27) dejamos la pista principal y tomamos un corto ramal descendente a la izquierda, que tropieza enseguida con una alambrada junto al exiguo cauce de una erreka.

Al otro lado, el camino se introduce en ascenso por un hermoso hayedo hasta alcanzar el collado Basobiarte (657 m), cortado por un vallado de alambre que actúa como límite administrativo entre Zuia y Urkabustaiz (0,35). Es preferible pasar al otro lado de la alambrada y seguirla a la izquierda (SE) hasta el punto más elevado de Abaro (691 m)(0,45), donde las hayas ceden el protagonismo principal a los robles, reproduciendo un curioso fenómeno de inversión vegetal no demasiado infrecuente en nuestros bosques.

La cima, inmersa en la frescura del hayedo-robledal, está señalada por una sencilla roca de composición silícea (en contraste con el resto de hitos divisorios, que son calizos), que el acta de reconocimiento de mojones entre Zuia y Urkabustaiz, aprobada en la sesión ordinaria de 15-09-2011 de este último Ayuntamiento, describe como sigue:

"Noveno Mojón: (M9). (En el reconocimiento de 1991, era el M8) Se reconoció y se consideró como tal por ambas comisiones una piedra arenisca, de forma irregular, empotrada en el terreno, cuyas mayores dimensiones en su parte visible son cuarenta centímetros de longitud, treinta de latitud y cuarenta y cinco centímetros de altura. Se encuentra en el sitio denominado Alto de Aranbaz o Abaro, junto a una alambrada, en terreno de monte alto. La línea de término reconocida entre este mojón y el anterior, es la recta que los une."

Si desde la cima nos deslizamos entre la hojarasca en dirección SE, alcanzaremos enseguida los praderíos de La Encontrada, el airoso puente del siglo XVIII cada vez más oculto por la hiedra y el remozado caserío, levantado quizás sobre el antiguo solar de Guereña, donde se descubren aún estructuras relacionadas con su pasado como ferrería; el río Baia se abre paso entre los prados formando un espléndido bosque de ribera, con alisos, sauces y fresnos, donde no faltan especies tan sensibles a la calidad de los cursos fluviales como la nutria o el visón europeo y, entre la fauna piscícola, como señala la ficha de Ura (Agencia Vasca del Agua): "...la trucha común (Salmo trutta), el barbo común (Barbus graellsi), la loina (Chondrostoma miegii), la lamprehuela (Cobitis calderoni) y, muy especialmente, mencionar la presencia de la zaparda (Squalius pyrenaicus), una especie de pez en peligro de extinción en el País Vasco. También sobreviven en este tramo fluvial almejas de agua dulce pertenecientes a la especie Potomida littoralis".

El regreso a Lukiano por la pasarela colgante es suficientemente conocido y no precisa mayor explicación (1,30 la ruta completa).

Desde Abornikano

Desde el Barrio de Arriba (Urialde) de Abornikano (600 m), situados en el cruce de las calles Larrainzar, La Iglesia y Oiarbe, se toma la pista ligeramente ascendente que se aleja del pueblo en dirección NE; hay que estar atentos para localizar, a unos 300 metros del inicio, una precaria portela de alambre a la derecha, que habrá que superar como buenamente se pueda, pues no tiene paso habilitado.

Al otro lado se inicia un camino forestal que enseguida presenta una bifurcación. La ruta más directa para alcanzar el collado Basobiarte, y posteriormente la cima de Abaro, toma el ramal de la derecha, pero el paso frecuente del ganado lo transforma habitualmente, salvo en la temporada más seca, en un barrizal impracticable; es posible que haya que seguir entonces el ramal de la izquierda, que asciende por el hayedo-robledal hasta la senda que recorre el cordal por este lado de la línea de lomada, y descender por ella hasta el mencionado collado Basobiarte. El camino junto a la alambrada divisoria nos llevará en breve junto al mojón de arenisca que señala la cima de Abaro (691 m).

De vuelta al collado, se puede retroceder por el camino empleado a la venida y continuar por el lomo, con un pequeño tramo algo sucio por las zarzas pero transitable, hasta el vértice de Bakubitxi (736 m), para seguir luego en la misma dirección, ya en descenso, hasta enlazar con la senda señalizada entre Bitoriano (Zuia) y Larrazkueta (Urkabustaiz). Rastreando las balizas en dirección a esta última localidad, sin llegar a cruzar el viaducto sobre la autopista A-68, la pista nos devuelve al punto de inicio en Abornikano (2,15).

Accesos: Lukiano (45 min); Abornikano (25 min)

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