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Urizaharra (816 m)

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Luis Astola Fernández
arrow-iconFecha Alta
17/03/2017
arrow-iconModificado
05/04/2017

Este pequeño cerro, final de una estribación occidental del monte Jaunden (1035 m), se sitúa al NE de la localidad de Peñacerrada-Urizaharra. Un carrascal-quejigal bien asentado reviste su vertiente de solana, mientras que el prieto bojedal, favorecido por el declive de la actividad ganadera en la comarca, comienza a invadir las laderas a poniente de la meseta superior, en cuyas praderas crecen grupos de hermosas encinas; en el casquete cimero, camuflando las venerables ruinas de uno de los castillos más desconocidos de Araba, medran los quejigos.

El despoblado, la iglesia y el castillo de Urizarra

Este humilde cerro adquiere relevancia arqueológica e histórica al acoger en la meseta situada al sur de la cima los restos de la desaparecida aldea de Urizaharra, germen de la actual villa de Peñacerrada, y en la cima las ruinas de su castillo medieval. Francisco Martínez Marina, en el "Diccionario Geográfico-histórico de España" de la Real Academia de la Historia (Madrid, 1802), navegando entre la historia y la leyenda y sin citar fuentes, aporta algunos datos sobre el origen y el devenir histórico de Peñacerrada-Urizaharra:

"Algunos escritores aseguran haber sido fundada por D.García Iñiguez, segundo rey de Navarra, por los años 765 en el sitio en el que existe hoy el castillo é iglesia de Nuestra Señora Urizarra, y que D. Iñigo Arista la repobló en el mismo parage, dándole aquel nombre vascongado, compuesto de Uria, que significa villa o población, y Zarra que equivale á vieja: noticia curiosa, pero tan poco fundada como la de la existencia de los reyes de Navarra y su soberanía en el siglo VIII. Lo cierto es que fué en lo antiguo plaza de armas, conservándose aún sus muros, y á corta distancia de la población las ruinas de sus 4 castillos, llamados Urizarra, Mendilucéa, Herrera y Villamonte...".

Aunque pueda parecer sorprendente teniendo en cuenta la relativa importancia de los restos de la fortaleza que perduran en la cima del cerro, la de Martínez Marina es la primera cita documental que se conserva sobre el Castillo de Urizarra, cuyo origen ha de remontarse probablemente al siglo XI, como la mayoría de las fortificaciones defensivas construidas en las sierras meridionales de Araba; el de Urizarra estaría destinado, durante la Edad Media, a controlar y defender el corredor del Inglares, que enlazaba los caminos del Ega con las rutas del Ebro. El propio Martínez Marina esboza la historia de la aldea de Urizarra, continuo objeto de disputas entre los monarcas navarros y castellanos, al igual que su heredera Peñacerrada, hasta bien entrado el siglo XIV.

Según F.Javier Ajamil ("Poblado y templo de Nuestra Señora de Urizarra". Arkeoikuska, 2011. Instituto Alavés de Arqueología), que dirigió una intervención arqueológica en el poblado y la ermita de Urizaharra: "El despoblamiento de la aldea de Urizarra comenzaría con la concesión del fuero a la villa de Peñacerrada, entre los años 1254 y 1256, que recibiría población de ésta y de otras aldeas cercanas. Su iglesia, reconvertida quizás ya desde entonces en la denominada Ermita de Nuestra Señora de Urizarra, que aparece citada de manera directa ya en 1670, se mantuvo en pie y ha mantenido el culto hasta su demolición en el año 1836."

Todo parece indicar que la demolición de la ermita estaría relacionada con la reconstrucción con fines militares del castillo de Urizarra durante la primera guerra carlista (1833-1840), en la que Peñacerrada jugó un papel bastante activo. En efecto, el Diccionario de Sebastián Miñano da a entender que la ermita sigue en pie en la fecha de su publicación (1826-1828), cuando afirma en la entrada correspondiente a Peñacerrada: "...4 ermitas, una de ellas situada sobre una montaña al N.O. cerca de la villa titulada Nuestra Señora de Urizarra...".

En cambio, el Diccionario de Pascual Madoz (1846-1850), al hablar de Peñacerrada, aporta al menos un dato original respecto al burdo plagio que ejecuta sobre la citada obra de Martínez Marina, y señala en relación al castillo de Urizarra: "...este último reedificado por D.Feliciano Helguea, y en la actualidad también destruido". Parece ser que los materiales de la ermita se utilizaron para reforzar el castillo, que acabó igualmente demolido durante o después de la contienda civil.

Feliciano Elguea, apodado "Bocanegra", fue un brigadier carlista (un general de la época) con fama de cruel y sanguinario, jefe del Tercer Batallón de Álava en la primera carlistada. Las crónicas militares de la época ("Galería militar contemporánea-Tomo II". Madrid, 1846) le sitúan rindiendo la plaza alavesa para el bando sublevado en julio de 1837, y como defensor de la villa durante la célebre batalla de Peñacerrada (20-22 de junio de 1838), cuando Espartero la recuperó definitivamente para el bando liberal dos días después de hacer lo propio con la fortaleza de Urizarra; probablemente de ese momento data la demolición de la fortaleza cimera, para evitar su futura utilización por el ejército carlista. Desde entonces, las evocadoras ruinas del castillo erigido en la cima del cerro de Urizaharra juegan a mimetizarse con el entorno.

Ascenso desde Peñacerrada-Urizaharra

Desde la Plaza Fray Jacinto, situada entre la Casa Consistorial y la trasera de la parroquia, tomar en descenso la calle Rioja en dirección a la carretera; a medio camino localizamos un panel informativo de los senderos PR creados en 2006 por el Ayuntamiento de Peñacerrada, que nunca fueron homologados, presentan problemas de mantenimiento y señalización y están considerados como "No aptos" por la Federación Alavesa de Montaña. Así pues, con todas las reservas por su escasa fiabilidad, seguiremos el trazado del PR-A 76 "Peñacerrada-Baroja", con inicio junto al conocido manantial (230 l/s) del molino harinero, que sigue en activo desde 1776 (715 m).

Avanzamos 140 metros por la carretera A-2124 en dirección a Vitoria-Gasteiz y, tras cruzar sobre el cauce del Inglares, tomamos la primera pista a la derecha, sin marcas del PR a pesar de discurrir por su trazado. Poco más arriba se cruza una barrera metálica y se continúa en agradable paseo por un camino de buen piso y suave pendiente, hasta alcanzar la amplia explanada por donde se extendía el antiguo poblado de Urizaharra; cercana a la izquierda, una cruz de madera sobre un pedestal señala el emplazamiento de la arruinada ermita de Santa María de Urizaharra, primitiva parroquia del asentamiento medieval, que solo conserva el contorno de su planta. Escondidos entre la vegetación circundante se intuyen los restos de algunas viviendas, con rastros de pasadas prospecciones arqueológicas.

Abandonamos junto a la cruz el trazado del descuidado PR-A 76 y ascendemos hacia el N, sin sendero evidente pero sin demasiado margen para el error. Pronto, entre el tupido quejigal que viste la montaña, se alcanza un espinazo de aspecto artificial, probable resto de algún muro defensivo relacionado con la fortaleza; siguiéndolo en ascenso siempre al N, enseguida nos cortará el paso el profundo foso excavado en torno al ruinoso castillo que culmina la cima de Urizaharra (816 m), que aún conserva algunas estructuras identificables; entre sus retorcidas piedras brotan incontrolados los retorcidos troncos de los quejigos.

De vuelta a la desaparecida ermita, es posible visitar aún otros rincones interesantes de esta simpática montaña. En la explanada que se extiende al W, al otro lado del camino utilizado en el ascenso, donde un talud rectangular sugiere alguna posible ocupación en el pasado, unas estructuras metálicas ancladas al terreno indican probablemente los puntos donde se han realizado sondeos arqueológicos; junto a una de ellas, escondida entre los múltiples pies de una hermosa encina, existe un belén de montaña con una placa que reza: "OJE Sestao / XXXIV Belén / Urizaharra 749 m. / 23-12-2001".

Merece la pena también descolgarse por las sucesivas gradas rocosas que defienden la ladera S del cerro, donde vive el tejón, y llegar a la inferior y más potente, que forma unos vistosos abrigos donde se ha identificado algún rastro de ocupación ocasional en el Neolítico y edad de Hierro. El regreso más cómodo a Peñacerrada, después de la inmersión cultural por su pasado remoto, consiste en desandar el cómodo camino utilizado en el ascenso a la vista del alargado lomo de Moratza (1058 m), que albergó en su cima durante las contiendas carlistas otro fuerte del que no queda ningún rastro visible. El pequeño casco histórico de Peñacerrada, donde destacan los fuertes cubos del portal meridional de la muralla (s.XIII), la remodelada Casa del Duque de Híjar (s.XVII-XVIII) y la parroquial de La Asunción (s.XIII-XVIII), está declarado Conjunto Monumental y merece una pausada visita.

Acceso: Peñacerrada-Urizaharra (30 min)

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