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Mendiluzia (797 m)

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Luis Astola Fernández
arrow-iconFecha Alta
06/04/2017
arrow-iconModificado
07/04/2017

Cota discretísima, casi anecdótica desde el punto de vista montañero, que traemos a colación exclusivamente por sus connotaciones históricas y patrimoniales; su boscosa cima cobija, camuflados entre la vegetación, los menguados e irreconocibles restos de la ermita de Santa Luzia y del castillo de Mendiluzia, la última de las cuatro fortalezas medievales citadas por Martínez Marina ("Diccionario Geográfico-histórico de España" - Real Academia de la Historia. Madrid, 1802) en el entorno de Peñacerrada-Urizaharra: "Lo cierto es que fué en lo antiguo plaza de armas, conservándose aún sus muros, y á corta distancia de la población las ruinas de sus 4 castillos, llamados Urizarra, Mendilucéa, Herrera y Villamonte".

El mogote cimero que esconde el yacimiento es un pequeño islote, coronado por un penacho de quejigos, que emerge entre tierras de labor a medio camino de Peñacerrada y Loza, custodiando desde la margen izquierda el corredor de un joven río Inglares. El yacimiento denominado "Castillo de Mendilucia y Ermita de Santa Lucía" aparece inventariado por el Departamento de Cultura del Gobierno Vasco en el catálogo de Zonas de Presunción Arqueológica del término municipal de Peñacerrada-Urizaharra, que lo presenta "sin estructuras visibles".

Ciertamente, hay que reconocer que no se trata de unas ruinas espectaculares, ni mucho menos. Pero una observación atenta permitirá advertir alguna hilada de piedras colocadas con cierta intención, o la apariencia artificial del propio promontorio cimero. No se distinguen muros propiamente dichos, pero sí un empinado talud de tierra y piedras, especialmente elevado en su fachada meridional, que defiende un recinto rehundido rodeado por un cerco a modo de muralla; tanto al interior como al exterior del terraplén se observa alguna cata que quizás corresponda a posibles sondeos arqueológicos. No resulta sencillo interpretar lo que vemos, qué pudo ser ermita y qué castillo, pero los amantes de las piedras viejas disponen aquí de otro humilde rincón alavés donde echar a volar la imaginación o evocar tiempos pasados. Como era de esperar, el castillo de Mendiluzia se comunica visualmente con los de Urizarra y Villamonte, por lo que habrá que suponer que todos ellos responden a la misma cronología (en torno a los siglos X-XI) y a similar función de control sobre las rutas del corredor del Inglares, en una zona codiciada por las enfrentadas monarquías castellana y navarra.

Existe cierta confusión toponímica para identificar este montículo, que aparece en diversas fuentes como El Arquero, El Cabo, Castillo de Santa Luzía, Castillo de Mendiluzea, de Mendiluzia o de Mendilucía...; un mojón de límite entre los concejos de Loza y Peñacerrada en su ladera oriental nombra el paraje como Guriate, que la "Toponimia Alavesa" de Gerardo López de Guereñu (Anuario de Eusko-Folklore XXI - S.C.Aranzadi. Donostia, 1966) atribuye a un "río y labrantío de Peñacerrada". Entre todos ellos, optamos por destacar el de Mendiluzia, porque es un orónimo evidente que parece agrupar en un único término el nombre histórico del castillo y la advocación de la también desaparecida ermita (se puede rastrear un probable caso de homonimia entre Mendiluzia y Santa Luzia, en el que la santa, además de reutilizar las piedras del viejo castillo, pudo cristianizar con su nombre las ruinas o la memoria del lugar).

Desde Peñacerrada, por el PR-A 77 y el GR-1

Desde el curioso manantial del molino de Peñacerrada (720 m), situado al pie del casco histórico, seguir la carretera en dirección a La Rioja durante apenas 200 metros y tomar la pista asfaltada sin señalizar que nace a la izquierda en una pronunciada curva (hay alguna marca de pintura blanca y amarilla). La carreterilla llanea hacia el E y en breve alcanza una bifurcación (0,10) marcada por un poste de señales de los senderos PR-A 76 y PR-A 77 (ambos sin homologar y catalogados como "no aptos" por la FAM/AMF, aunque conservan aún cierto balizaje que permite seguirlos sin demasiada dificultad).

Descartando la flecha que orienta hacia Baroja por el PR-A 76, tomamos de frente la pista que señala la dirección hacia Loza, correspondiente al PR-A 77 "Peñacerrada-Las Rasas". El carretil avanza entre tierras de cultivo hasta cruzar sobre el Inglares y tomar en la inmediata bifurcación el camino que sigue su curso al S-SE; volvemos a cruzar el cauce del riachuelo y enlazamos con el trazado del GR 1 (0,25), que se dirige a Pipaón procedente de Peñacerrada. Entre quejigos y tierras de cultivo, la ruta común a ambos senderos tropieza con la carretera de Peñacerrada a Loza (0,40), continúa 100 metros por el asfalto a la izquierda y lo abandona por una pista a la derecha, a cuyo inicio yace en el suelo el poste de señales de los senderos.

Enseguida (a otros 100 metros), abandonamos la ruta señalizada, que sigue de frente hacia Pipaón (el GR) y Faido-Loza (el PR) junto al Inglares, y nos desviamos a la derecha por el camino de tractor; entre hayas y quejigos, arribamos a un terreno labrado, del que emerge cercano el promontorio de Mendiluzia. Procurando no dañar los cultivos, si los hubiere, alcanzamos el linde del bosquete y, por un difuso senderillo, trepamos el talud hasta la cima de Mendiluzia (797 m); a falta de panorámicas, que los árboles dificultan, fantasearemos entre los restos sutiles del castillo desaparecido.

Para el regreso, si los cultivos no lo impiden, se puede alcanzar una ancha pista que llega al vértice NW de la pieza y descender entre pinos silvestres hasta el hito kilométrico 27 de la carretera entre Peñacerrada y Loza; siguiendo 200 metros en dirección a esta última localidad (W), recuperamos las señales del GR 1 y del PR-A 77, que nos devuelven sin dificultad, con tiempo similar por una u otra ruta, al punto de partida en Peñacerrada (alrededor de 2 h, ida y vuelta).

Acceso: Peñacerrada-Urizaharra (55 min)

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comment-iconComentarios

  • item-iconLuis Astola Fernández
    El 8 de abril de 2017

    Sin duda, Ángel; el montañismo es mucho más que puro deporte; tiene tantos ingredientes culturales, ambientales, científicos e inmateriales (estéticos, sensoriales, emocionales, espirituales...), que no es de extrañar que enganche a tanta gente; y  por supuesto (y no descubro nada nuevo), cada montaña, por modesta que sea, tiene algo que la hace interesante y única.

  • item-iconAngel Gil Garcia
    El 7 de abril de 2017

    Hola Luis:

    Estos montes son modestos y anodinos hasta que se les crea una reseña, luego pasan a ser interesantes y gratificantes para la persona que los saca del anonimato.