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Farinha (947 m)

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Joseba Astola Fernandez
Fecha Alta
05/05/2017
Modificado
08/05/2017
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La atractiva silueta cónica del Monte Farinha domina desde sus 947 metros de altitud las históricas Terras de Basto, bañadas por el río Támega, cuya humedad mima los viñedos del afamado y goloso vinho verde.

En lo más alto, bien visible desde la población de Mondim de Basto (200 m) así como desde las tierras que circundan la triangular montaña, se alza el santuario de Nossa Senhora da Graça, uno de los más célebres y venerados recintos religiosos del norte de Portugal. Aunque sus orígenes se remontan al siglo XVI, la construcción actual fue realizada en el siglo XVIII en sobrio granito, tan abundante en las sierras lusitanas y en la propia montaña, una de cuyas laderas es inmisericordemente roída por una cantera de la preciada piedra.

El santuario está acompañado de otras construcciones tales como una casa de ermitaño, un pequeño bar-restaurante y una amplia plazoleta con fuente, mesas y vistas panorámicas. Algo más abajo se encuentran tres capillas, erigidas en los siglos XIX y XX, en cuyo interior algunas figuras representan el Nacimiento, la Visitación y la Anunciación.

Además del pertinente peregrinaje a pie, mucho más infrecuente que el que se realiza cómodamente en vehículo a motor, la carretera que culmina el Monte Farinha, con rampas que llegan a alcanzar el 15% de inclinación,  acoge casi todos los años uno de los finales de etapa más duro y popular de la Volta Ciclista a Portugal, que se celebra entre los meses de julio y agosto.

Desde Mondim de Basto, por Campos

Es sin duda desde la serena y acogedora población de Mondim de Basto desde donde la montaña ofrece al visitante su pose más atractiva y montaraz. Además, cosa poco habitual en el país lusitano, la ruta al santuario de Nossa Senhora cuenta con un itinerario magníficamente  balizado como PR 1, que forma parte de uno de los conocidos como  “Caminhos da Senhora da Graça”, los cuales convergen en la cima procedentes de los pueblos aledaños a la montaña.

El trilho de Mondim a la Senhora da Graça recorre, en su mayor parte, un magnífico camino de peregrinación, empedrado con grandes losas de granito y perfectamente conservado en la mayoría de sus tramos. Encontramos su comienzo junto a la entrada al pequeño casco antiguo de la villa, en una rotonda que señaliza la dirección a las poblaciones de Atei y Cerva. Una casa forestal, rodeada de un frondoso y agradable entorno arbóreo, sirve también de referencia para encontrar el cartel de madera que señala el comienzo de la ruta. Atendiendo a la pertinente homologación de los trilhos en Portugal, la ruta está balizada con sendas franjas de pintura roja y amarilla, las cuales serán de gran ayuda en el tramo inicial, que transcurre por zona de viviendas rurales y cruces diversos.

Desde la citada rotonda buscamos el inicio del camino, bien empedrado en sus primeros metros. Tras rodear el fresco y frondoso recinto forestal, alcanza una carreterilla y gira a la izquierda (atentos a las señales), pasando junto a unas casas para recorrer después un tramo entre campos, con firme de tierra (algo más deteriorado en este corto tramo) antes de alcanzar un eucaliptal. La visión de la silueta del Farinha, rematada por el santuario y presente en todo momento, ejerce cierto magnetismo mientras nos vamos acercando a su base.

Tras pasar un pequeño espigueiro (nombre que reciben los hórreos de planta rectangular en la comarca de Tras-os-Montes) el camino atraviesa el eucaliptal, en medio del cual encontramos algunas viñas del célebre vinho verde. Alcanzamos así la pequeña aldea de Campos (390 m), con una pequeña capilla recientemente reformada que nos da la bienvenida. Si bien se podría alcanzar este lugar en vehículo (tomando en Mondim la carretera que se dirige hacia Lamas de Olo y la Serra do Alvão), es más reconfortante recorrer en su totalidad este camino de peregrinación.

Atravesamos Campos por el breve tramo de asfalto de su calle principal, en la que encontramos buenos ejemplos de arquitectura tradicional a los lados, para situarnos justo debajo de la cónica forma del Monte Farinha. Conscientes de las duras rampas que deberemos superar a partir de ahora, tomamos por fin el precioso camino antiguo que ya no abandonaremos prácticamente hasta la cima. Durante el tramo restante cruzaremos hasta cuatro veces la carretera que asciende al santuario; en el primer encuentro con el asfalto, una señal nos brinda la oportunidad de acercarnos al castro de Castroeiro (440 m), situado apenas a trescientos metros carretera abajo. Sin embargo, sugerimos dejar su breve pero interesante visita para el descenso, pues de esta manera, después de pasear entre sus viejas construcciones circulares, podremos disfrutar de una corta pero bonita levada (canal de piedra para transportar agua) abandonada que nos devolverá a la ruta de subida en un punto por el que ya habremos pasado, probablemente sin percatarnos de la presencia del viejo canal (al no tener aún referencia visual del castro).  
Centrándonos pues en la ascensión, cruzamos la carretera para continuar por el maravilloso camino. Vegetación arbustiva de piornos y brezos acompañan a pinos y robles, hasta alcanzar una curva donde se encuentra una fuente seca. Afrontando los duros recuestos alcanzamos por segunda vez el asfalto en una curva. Es entonces el único momento en el que nos vemos obligados a recorrer el asfalto durante poco más de quinientos metros, hasta que las pintadas hechas en el suelo por los aficionados al ciclismo dan paso al balizaje rojo y amarillo que nos saca, felizmente, de la carretera, retomando el empedrado y entretenido camino viejo. Un tramo en el que se agradece la sombra de las mimosas (el sol golpea implacable en la subida, a pesar del arbolado) nos lleva a cruzar la carretera por tercera vez, antes de alcanzar sucesivamente las tres capillas construidas en granito, antesala del santuario de Nossa Senhora da Graça, el cual vemos cada vez más cerca hasta que terminamos por alcanzar, después de subir unas escaleras que nos dejan en el recinto. Justo antes, encontramos carteles de los diferentes y antiguos trilhos de peregrinación que ascienden hasta el santuario desde los pueblos del entorno (Atei, Ermelo…)

Los vehículos, por suerte, quedan aparcados fuera de la gran y panorámica plazoleta del edificio religioso, en uno de cuyos recovecos encontramos una agradecida fuente (además de la cercana terraza del bar, ciertamente irresistible). Sorprende el fervor de algunos fieles, los cuales caminan de rodillas rodeando por completo el perímetro del santuario; no en vano, se trata de uno de los lugares marianos más venerados del país luso.

Buenas vistas de las tierras de Basto y de la cercana Serra do Alvão (Parque Natural). El descenso se realiza por la soledad y serenidad de las viejas piedras del camino, ajenos al ir y venir de vehículos, que en determinadas fechas pueden ser hasta excesivos. Al alcanzar el cruce al castro de Castroeiro, recorremos unos pocos centenares de metros por la carretera para alcanzar el recinto. Los trabajos (aún en curso) han logrado dejar a la vista la muralla y algunas de las viviendas circulares del poblado, cuya ocupación está datada entre los siglos IV a.n.e. y  I  d.n.e.

Tras la visita, es ahora cuando en lugar de regresar por el asfalto otra vez, es interesante localizar en la explanada entre el recinto y la carretera el origen de una vieja levada construida en granito (sobre otra que aún porta agua) y recorrerla unos metros hasta alcanzar (apenas 5´) el viejo camino de subida y las balizas rojigualdas, un poco antes de la aldea de Campos. Regresamos a Mondim, donde un paseo por sus sencillas pero agradables y viejas rúas, en cuyas adegas es posible comprar vino local y comer o cenar muy bien,  pone la guinda a esta bonita excursión. Merece también la visita al ponte medieval de Vilar de Viando, situado junto al Parque de Campismo de Mondim, un pontón de la baja edad media tras el que prosigue otro maravilloso camino enlosado hacia las aldeas de la Serra do Alvão.

Guimarães o Amarante tampoco quedan lejos. Además, nos encontramos a la entrada del Parque Natural de la Serra do Alvão, donde se pueden visitar lugares de interés etnográfico y paisajístico, como alguna de sus aldeas mejor conservadas (Lamas de Olo, Ermelo…) o la vistosa cascada de las Fisgas de Ermelo, cuya espectacular ubicación puede percibirse desde la cima del Monte Farinha.

Leyenda del Monte Farinha

Cuentan que un pobre molinero, que solía ir de pueblo en pueblo con su asno y un molino para fabricar harina de maíz, se ofreció para llevar en su carro a una mujer que caminaba bajo el implacable sol.

Pero en su camino se cruzaron unos malhechores (moros, según la versión) que intentaron robarles todo lo que portaban. En su afán por huir, el animal cayó entre unas  grandes piedras, hecho que aprovecharon los ladrones para dar muerte al molinero. La mujer, asustada, invocó a lo imposible para se abrieran las piedras y poder refugiarse dentro de ellas. Y así ocurrió, pues una vez se abrieron, ella se guareció en su interior mientras los malhechores, atónitos por lo que estaban presenciando, huían del lugar totalmente asustados.

Entre tanto, el pequeño molino no cesó de moler y moler, creando un montón de harina de tal envergadura que, a partir de entonces, se conoce esta montaña con el nombre de Farinha.

Posteriormente, las gentes del lugar atribuyeron a la virgen este hecho milagroso, y para darle las gracias, construyeron una capilla en el punto más alto de lo que hoy conocemos como Nossa Senhora da Graça.

Existe alguna variación, por la cual la mujer se refugiaría dentro de la gran piedra huyendo de los romanos. Lo que sí es cierto es que existe, no lejos de la cima, una gran piedra granítica, enhiesta cuan menhir, a la que llaman Pedra Alta. Según cuentan, la mujer que en ella se escondió permanece dentro todavía…

Acceso: Mondim de Basto (2h 30min) ; Campos (1h 45min)

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