Ir arriba

Pesebrillo (1.070 m)

remove-icon
Joseba Astola Fernandez
arrow-iconFecha Alta
16/05/2017
arrow-iconModificado
17/05/2017

Máxima altitud del sector oriental de la cuerda montañosa que se extiende entre los Parques Nacionales de Cabañeros y de las Tablas de Daimiel, más concretamente de las Sierras de Fuenluenga y Malagón, perteneciente a las estribaciones meridionales de los Montes de Toledo.

Estas montañas, donde afloran formaciones cuarcíticas que crean vistosas crestas y extensos canchales, comparten el espacio con abundante vegetación de tipo mediterráneo (encinares y jarales principalmente) que albergan, a su vez, una importante riqueza faunística (gato montés, ciervo, corzo, jabalí…).

Como es de suponer, son montañas de nula tradición montañera y muy escasamente visitadas por este colectivo, por lo que aventurarse en ellas puede suponer, en algunos casos, una experiencia compleja y poco satisfactoria, debido principalmente a la falta de caminos y a la ausencia total de información. El Pesebrillo (1070 m), vértice geodésico, ofrece sin embargo un sencillo y ameno paseo desde la pedanía malagonera de El Cristo del Espíritu Santo.

La leyenda de la pedanía de El Cristo del Espíritu Santo

Esta pequeña y humilde aldea, situada casi a una veintena de kilómetros de Malagón,  posee un santuario cuya creación, como suele ser habitual, viene precedida de una leyenda. Parece ser que allá por el siglo VIII, los habitantes del pueblo (asentamiento visigodo entonces) escondieron bajo tierra la imagen de un Cristo antes de huir, con el fin de evitar su posible destrucción a manos de los árabes, que por aquel entonces estaban a punto de conquistar estas tierras.

Tuvieron que pasar ochocientos años hasta que un cochino  que hociqueaba tranquilamente la tierra, se topara con la imagen. Fue entonces cuando los habitantes del pueblo decidieron erigir un santuario en honor a Cristo. Sin embargo, diversos hechos ligados a la catástrofe y a la desdicha, que impedían terminar las obras, hicieron desistir a aquellas gentes del emplazamiento, eligiéndose el actual en el punto exacto donde cayó una piedra arrojada con una honda, a más de trescientos metros de distancia.

En ese lugar se levantó el actual Santuario del Santísimo Cristo del Espíritu Santo, de gran veneración y devoción entre los malagoneros, que llevan al santo patrón en procesión al pueblo, recorriendo con él los más de quince kilómetros que separan ambas localidades, para devolverlo a su sitio en romería cuando finalizan las fiestas patronales.

La talla original del Cristo estaba hecha en piedra, de estilo bizantino. Fue destruida en la década de los años 30 del pasado siglo.

Desde la aldea de El Cristo

 Después de haber pasado por la pedanía de La Fuencaliente llegamos al templete que se encuentra a la entrada de El Cristo del Espíritu Santo, erigido en el punto donde cuenta la leyenda que se intentó construir el primer santuario. Dirigiéndonos al NE de la pequeña aldea, debemos localizar el letrero de la calle Peribáñez, que es donde comienza la andadura.

Una ancha y pedregosa pista no apta para vehículos normales (que es en realidad el cauce seco del Barranco de Peribáñez) comienza a alejarse del pueblo, dirigiéndose a la sierra entre campos de olivares y algunas dehesas de encina. Tras sobrepasar las caídas del característico monte que llaman El Castillejo (primer promontorio de la sierra que dejamos a nuestra derecha, el cual pudo albergar alguna construcción en su parte alta), abandonamos la horizontal pista (0,10-0,15) para tomar otra que, por la derecha, penetra en el Barranco de Valdelagüilla por su vertiente orográfica izquierda.

Al poco de pasar junto a un pequeño depósito de aguas, junto a una solitaria encina (0,25), dejamos el camino del fondo del barranco para tomar una clara vereda de ganado que se separa del cauce, dirigiéndose hacia el E entre encinas y abundante matorral, en un entorno en el que no es difícil sorprender a corzos o jabalíes.

Alcanzamos un amplio collado desde donde ya divisamos la roma loma donde se ubica el vértice. Giramos a la izquierda, dejando a la espalda una serreta que puede servir de referencia en el descenso en caso de no dar con la vereda. Caminamos inmersos en un inmenso mar de jaras pringosas, salpicadas del colorido de sus flores blancas si nos encontramos en época primaveral. Es un placer para los ojos también la abundancia de Tuberaria Guttata en el suelo. Se trata de una vistosa florecilla amarilla, con manchas negras, que suele florecer entre las jaras y que, al parecer, comparte suelo con las preciadas criadillas, también llamadas trufas de pobre.

La vereda sigue siendo perceptible hasta muy arriba. Cuando se empieza a difuminar su trazado (1,00), transitamos sin demasiados problemas entre los jarales, no muy cerrados, aprovechando algunas pedreras para avanzar metros más cómodamente.

Alcanzada la extensa loma cimera, giramos a la derecha dirigiéndonos al visible vértice geodésico, junto al que afloran algunas rocas cuarcíticas. Es momento de disfrutar de la más que previsible soledad, oteando el paisaje y las sierras cercanas.

Efectuamos el descenso por la misma ruta por la que hemos subido, sugiriendo señalizar durante la ascensión aquellos puntos que nos puedan causar confusión al bajar, con el fin de encontrar de nuevo la cómoda vereda de ganado que tan placenteramente nos ha permitido acceder al Pesebrillo. De esta manera llegaremos a casa sin rasguños, pudiendo disfrutar de una visita a la pedanía de El Cristo del Espíritu Santo. 

Acceso: El Cristo del Espíritu Santo (1h  20min)

catalog-iconCatálogos

images-iconImágenes

track-iconTracks

comment-iconComentarios