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São Bartolomeu (834 m)

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Joseba Astola Fernandez
arrow-iconFecha Alta
30/05/2017
arrow-iconModificado
31/05/2017

El alargado cerro de São Bartolomeu (834 m)  se eleva al sureste de Bragança (690 m), separado de la parte más monumental de la ciudad transmontana por el barranco del río Fervença. Las aguas de este vivo arroyo, que nace en la cercana Serra de Nogueira, rodean por mediodía la parte vieja y la pintoresca ciudadela antes de desembocar en el río Sabor, el principal curso de agua de la zona, que roza tímido las afueras de la ciudad procedente de las cercanas montañas de Montesinho (Parque Natural). Sin duda, ambos cursos fluviales jugaron antaño un papel importante en la defensa de la población.

La de São Bartolomeu, que toma su nombre de la ermita que corona la parte alta (831 m) del cerro, parece ser la denominación más utilizada por los brigantinos, a pesar de que parece corresponder a la ubicación de la cercana estatua de São Bento do Nordeste e da Europa (834 m) el punto más elevado del llano cimero. Ambos hitos son bien visibles desde las murallas de la ciudadela y están separados entre sí por escasas decenas de metros.

Desde el punto de vista montañero es preciso puntualizar que se trata de una elevación modesta y, como suele ocurrir en los montes periurbanos, algo degradada y modificada por la mano humana (artilugios de telecomunicaciones, etc.), además de ser alcanzable en vehículo por diversas carreteras que llevan a los edificios y freguesías (barrios) que se expanden por sus laderas.

Sin embargo, y a pesar de una carta de presentación a priori tan poco sugerente, la circunstancia de contar (lejos de lo que pueda parecer) con un sencillo pero agradabilísimo y panorámico itinerario de ascensión que prescinde de los viales asfaltados, convierten a São Bartolomeu y su entorno en el complemento ideal a una visita a Bragança, ofreciendo una perspectiva diferente de la ciudad al transitar por algunos pintorescos rincones que quedan fuera de la habitual visita a la ciudadela y de las escasas líneas que las guías de viaje suelen dedicar a esta ciudad de 35.000 habitantes. Como en tantas ocasiones, resulta más interesante el camino en sí que la propia cima, si bien esta cuenta con el aliciente de regalar unas excelentes vistas hacia la antigua Brigantia de los celtas, en especial hacia la Vila (o ciudadela) y su fortaleza, en frente de las cuales se eleva.

Desde el Jardim Antonio José D´Almeida (Bragança), por el barrio de Alem do Río

El Jardim Antonio José D´Almeida puede ser el punto ideal para una paulatina ascensión hasta la Vila y el Castelo, en especial por la tarde, cuando la luz juega a nuestro favor regalándonos maravillosos contraluces entre los árboles que rodean el recinto fortificado, permitiendo además captar todos los colores de la fortaleza a medida que el sol baja, mientras recorremos todo el perímetro de su muralla por el paseo de ronda. Es un placer descubrir una ciudadela medieval aún viva, una pequeña aldea dentro de un recinto amurallado no excesivamente invadido por la parafernalia turística que caracteriza a otros lugares similares de Europa.

La breve ascensión a São Bartolomeu puede ser un buen paseo matinal antes de conocer la ciudad. El objetivo de iniciar la marcha en el jardín Antonio José D´Almeida (cercano a la Praça Camões) no es otro que el de acompañar de inmediato al sonoro río Fervença, transitando por las pasarelas de madera de moderna factura y el paseo colgado sobre la estrechura que forma el curso fluvial en esta parte de la ciudad. Los brigantinos caminan y corretean plácidamente por aquí, disfrutando de la frescura de un paraje que ha conocido tiempos peores; no obstante, las del Fervença sirvieron para arrastrar todo tipo de aguas residuales hasta hace no demasiados años. La construcción del paseo y de un centro relacionado con las ciencias naturales y el medio ambiente permitieron hacer un lavado de cara a este singular paraje natural, pudiendo observar un viejo molino (junto a una estruendosa cascada) que se dedicó a funciones textiles, además de ofrecer la bella estampa de las antiguas viviendas esparcidas en la orilla norte del arroyo, algunas de ellas tristemente en estado de abandono y ruina.

Transitando junto al río por la Rua das Escadinhas, con el imponente castillo como telón de fondo, algunos pintorescos callejones permiten ascender hasta la ciudadela, bien sea por sus solitarios jardines, bien desembocando en las empinadas y más concurridas calles (como Rua Trindade Coelho) que alcanzan las entradas a la fortaleza.

Para continuar hacia São Bartolomeu, una vez alcanzado el viejo puente de piedra de Alem do Río lo cruzamos, abandonando el paseo fluvial para adentrarnos en el barrio homónimo que, como su nombre indica, se ubica al otro lado del río Fervença, en su ribera derecha, ignorado por los viajeros y las autoridades (a decir de algunos de sus vecinos). Entre las bonitas casas, que bien pudieran pertenecer a cualquier aldea de Tras-Os-Montes, la Rua da Figueira (nombre con el que también se conoce al grupo de casas de Alem do Rio) comienza a tomar altura en diagonal, pasando a convertirse en un camino de tierra que transcurre entre moradas dispersas y verdes prados en los que no falta, si es esta la estación elegida para el paseo,  el colorido primaveral de los cerezos y los espinos, además de la orquesta sinfónica de diversos pájaros entre las ramas de las oliveiras.

Las vistas sobre la Vila van tomando otra dimensión, hasta colocarnos por encima de ella antes de alcanzar la carretera (Rua Estrada do Turismo) que surca la ladera septentrional de la montañita de São Bartolomeu. Apreciamos y escuchamos también el rumoroso colector de aguas situado a la vera del río, bajo la fortaleza, hacia donde continua el paseo fluvial por el que hemos comenzado la ruta. En la carretera, caminamos por el asfalto apenas unos metros hacia la izquierda hasta encontrarnos junto a un pequeño mirador y la entrada a la casona de Quinta do Souto. Enfrente parte la ancha escalinata de granito que enfila sin miramientos hacia la parte alta, flanqueada en su comienzo por sendas hornacinas; ascendemos por una recta de unos 280 escalones invadidos de fina hierba, con esa melancolía que desprenden algunos viejos rincones del país luso, impregnados de pequeños pero gráciles detalles que aportan la propia naturaleza y el paso del tiempo.

Superada con paciencia la escalinata, un breve sendero nos deja junto a la ermita de São Bartolomeu, donde encontramos además un merendero y una vieja edificación de ayuda a los peregrinos (la fiesta en honor al santo se celebra a finales de agosto). Aunque desde nuestra posición son inapreciables los tres metros de diferencia altitudinal con respecto a la estatua de São Bento, esta es bien visible y queda muy cerca (apenas cinco minutos), por lo que a ella nos dirigimos para culminar esta sencilla montañita que nos regala una hermosa visión de Bragança y de las cercanas Serra de Nogueira (1318 m), Montesinho e, incluso, asomando allá tras los montes, las alturas de Sanabria aún con manchas de nieve.

La estatua de São Bento do Noreste e da Europa, patrón de las gentes brigantinas, tiene unos cinco metros de altura y fue erigida en el año 1987.

De regreso en Bragança, además de los principales atractivos de la ciudad (Ciudadela, el Domus Municipalis, la Sé, Palacio de los Duques…), descritos en cualquier guía de viaje, resulta muy sugerente un paseo junto al Fervença, deambulando entre los pintorescos rincones junto al río, que cobran otra dimensión no menos cautivadora cuando la oscuridad de la noche y el silencio absoluto envuelven esta parte de la ciudad, ya de por sí tranquila y ajena al tráfico incluso de día.

Descubrir las luces de Brágança desde lo alto tras un paseo nocturno a São Bartolomeu con luna llena o buenas linternas, puede resultar una grata experiencia...

Acceso: Bragança (Jardim Antonio José D´Almeida) (50 min)

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  • item-iconJoseba Astola Fernandez
    El 30 de mayo de 2017

    La casualidad quiso que al llegar a la estatua de São Bento nos quedáramos sin batería y sin posibilidad, por tanto, de fotografiarla. La imágen del monumento que aparece entre las fotos ha sido tomada directamente de la red, a través de la pantalla del ordenador.