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Cerro de las Veneras (1.554 m)

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Joseba Astola Fernandez
arrow-iconFecha Alta
26/11/2017
arrow-iconModificado
27/11/2017

Importante montaña situada a mediodía de la sierra de la Demanda,  a la que pertenece, a pesar de quedar desgajada del sector principal por un escondido valle perfilado por el arroyo de la Umbría. Las aguas de este modesto curso nutren poco después a las del Pedroso, río de gran tradición ferrera y molinera que une los tres Barbadillos burgaleses (de los Herreros, del Pez y del Mercado) antes de entregarse definitivamente al Arlanza bajo los escarpes de la sierra del Gayubar.

El arroyo de la Umbría nace muy cerca de la Ermita de la Soledad, un sencillo edificio ubicado en tierra riojana, aunque a escasa distancia del límite burgalés, emplazado en un lugar de gran belleza y serenidad y rodeado de diversas especies arbóreas (abedules, acebos, robles…) que visten sus mejores galas cuando el otoño no ha llegado aún a su ecuador. Haciendo honor a su nombre, es esta una zona solitaria y poco frecuentada, circunstancia que aprovecha la ingente cantidad de ungulados que pululan y berrean a placer durante la temporada, camuflados entre los árboles y arbustos  que pueblan las laderas más húmedas de este sector de la Demanda.

De gran importancia se puede considerar también el hayedo que se desarrolla en la vertiente septentrional del Cerro de las Veneras. No corren buenos tiempos, sin embargo, para un paraje tan frágil y susceptible como este, de cuyo poco halagüeño porvenir se lamentan incluso las mismas gentes monterrubianas, aseverando que las hayas no presentan ya el aspecto sano de hace no demasiados años.

El robledal es, a su vez, verdadero protagonista de las faldas del Cerro y de buena parte de la periferia serrana. Frondosos rebollares se desarrollan en buena parte del recorrido elegido para alcanzar la cumbre de esta achatada montaña; su leña sirvió hace ya más de un siglo para calentar y transformar en las ferrerías el cobre y otros minerales sustraídos durante décadas a las entrañas de la tierra, para cuyo transporte se creó una línea ferroviaria de carácter minero que apenas llegó a funcionar. De su viejo trazado, entre las localidades de Bezares y Villafría, se puede disfrutar hoy en día a pie o en bicicleta, descubriendo al paso numerosos e interesantes vestigios relacionados con la actividad minera, como los vistosos hornos y ferrerías de Barbadillo de Herreros.

Desde Monterrubio de la Demanda

El paseo desde la aldea de Monterrubio, una de las más elevada de toda la provincia burgalesa (1226 m), transcurre por parajes naturales de gran interés y belleza, permitiendo además conocer la ubicación de unas minas de plata (al parecer, las únicas de toda la provincia en las que se pudo extraer este mineral).

Antes de partir, debemos saber que la denominación de Cerro Veneras es ajena a los habitantes de la población, que denominan Cerro de forma genérica a la alargada montaña, formada por dos cotas de escasísima relevancia, en la primera de las cuales se ubica el vértice geodésico (1543 m), correspondiendo el punto más elevado a la tercera cota (1554 m), situada unas decenas de metros siguiendo el cordal hacia el E y no dejando lugar a dudas, a pesar de no contar con señal identificativa alguna. Por su parte, el término Veneros (venero es sinónimo de manantial) se corresponde con un paraje llano situado en la vertiente SE del Cerro, tal y como indican los mapas y nos aclararon en Monterrubio. 

De la iglesia y el cementerio se toma el GR-82, que señala que restan 8 kilómetros hasta Barbadillo de Herreros. Las franjas rojiblancas, que nos acompañarán durante buena parte del recorrido, han quedado algo obsoletas y serán escasas en adelante. El camino que recorremos, bien surtido de moras en la época de este goloso fruto, se dirige a atravesar la loma oriental del Cerro por el paraje del Llano de las Veneras, antes de descender, ya en la vertiente húmeda, hacia el valle del Arroyo de la Umbría y la algo más alejada Ermita de la Soledad.

Sin embargo, dejaremos para el descenso esta ruta con objeto de visitar la entrada a la mina de plata y de recorrer el magnífico robledal de la ladera merdidional del Cerro. Para ello, tomamos el primer desvío (0,10) que sale a la izquierda, siguiendo el balizaje del GR, a pesar de que hay que prestar atención para ver las marcas de pintura. El nuevo camino asciende ahora hacia el NW para situarse encima de Monterrubio, alcanzando enseguida una campa presidida por una solitaria haya rodeada de un helechal (0,20). Se observa enfrente la alargada loma del Cerro, culminada por algunos afloramientos cuarcíticos.

Un breve descenso, en el que aparecen algunas hayas mezcladas con robles, nos deja en la entrada de la antigua mina de plata, donde un cartel que señala las obras de reacondicionamiento del lugar acompaña a un par de mesas y bancos de madera que invitan a permanecer en este tranquilo rincón durante un buen rato, tal es la soledad y la calma que se respira. Sobre el talud de la mina, a cuya entrada nos podemos asomar antes de toparnos con la verja que impide la continuación, ha sido colocado un vallado de madera para impedir la caída por el precipicio de personas y animales.

Con el fin de disfrutar del bosque, tomamos el camino que llega a la mina desde el W (no aparece en el mapa del IGN), pasando por encima de la barranquera donde ha sido reformada una especie de ferrería u horno relacionado con la actividad minera. Comienza entonces un largo y realmente delicioso tramo a través del robledal, prácticamente horizontal, que nos aleja momentáneamente de la montaña a la que nos dirigimos, cuya cima se encuentra prácticamente encima de la mina, separada de esta por algo más de cien metros de desnivel que no se antojan nada cómodos, dado el abundante matorral de brezo y escoba que puebla la ladera.

Mucho más recomendable es proseguir por el citado camino disfrutando del silencio y de la casi palpable presencia de corzos y otros animales que merodean entre buenos ejemplares de Quercus y abundante matorral de enebro. El firme, claro y con trazas de haber permitido el paso de vehículos hasta hace un tiempo, comienza a naturalizarse más aún, si cabe, aunque en el pueblo nos aseguraron que había intención de volver a desbrozarlo (sinceramente, esperamos que no lo hagan). Tras una media hora de agradable trayecto desde la mina, el camino comienza un paulatino aunque breve descenso para, tras cruzar un alambre de espino (0,50),  desembocar en una ancha pista proveniente también de Monterrubio.

Más descarnada y aburrida que el camino del robledal, ascendemos entonces por ella, lamentando que el tramo que acaba de terminar no haya sido más largo. Afortunadamente, el recorrido por la nueva pista (que es donde abandonaremos definitivamente el GR-82) es breve, no tardando en alcanzar el suave cordal, donde encontramos un bifurcación (1,00).  La pista principal se internará en el hayedo de la vertiente septentrional, para salir al otro lado del cordal, en el punto donde descenderemos al pueblo tras hacer cumbre. Para este cometido, tomamos el camino de la derecha, poniendo rumbo definitivo hacia la parte más elevada de la loma para alcanzar enseguida el vértice geodésico del Cerro (1,15), junto al que encontramos un belén navideño algo descolorido por el paso del tiempo. El límite superior del relicto hayedo de La Umbría nos viene acompañando desde hace un rato, y lo hará en adelante  en nuestro transitar por lo alto de la loma, siempre a la izquierda, que es donde se encuentra la vertiente septentrional y húmeda de esta montaña.

Desde la señal geodésica solo resta proseguir  en la misma dirección que llevábamos (E) unos cinco o diez minutos más, valiéndonos de las rodadas que recorren toda la parte alta. Cabe destacar que todo el recorrido que aquí se describe es perfecto también para una suave jornada de raquetas de montaña.

En breve, y sin dudas, nos encontramos en la cima del Cerro Veneras (1,20), culminada por unos pequeños y afilados afloramientos de roca cuarcítica hasta cerca de los cuales llegan algunas hayas de poco porte. Un pino solitario y un cercano y viejo majano pastoril asomado hacia Monterrubio en una posición cercana, aunque inferior (y al que cuesta llegar al tener que transitar entre el brezal), son las referencias más características que divisamos desde lo alto.

La vista abarca buena parte de las montañas de este rincón burgalés, desde las alturas de la vecina sierra de Neila hasta las montañas del sector de Covarrubias (San Carlos, Sierra de las Mamblas…). Más cerca, las lomas de la Demanda en el tramo entre el Collado de la Cruz de la Demanda y el Gatón, surcados por la horrenda pista que parte de las cercanías de Monterrubio y permite acceder y transitar por las cercanías de las principales cumbres de la sierra, llegando a alcanzar incluso los dominios del San Lorenzo.

Para completar la sencilla pero entretenida vuelta hasta Monterrubio, nos dejaremos caer por el cordal hacia saliente, pasando cerca de un buen conjunto de panales, sin problema alguno, a pesar de que la traza del paso de vehículos llega a difuminarse con el terreno en algún trecho.

Enseguida se alcanza un bonito collado inmerso en la frondosidad del bosque, donde robles y hayas conviven en armonía. Antes de descender plácidamente hasta el pueblo (menos de una hora desde la cima), al que llegaremos tomando hacia la derecha el camino, que no es otro sino el abandonado en el comienzo de la subida a los diez minutos, merece la pena internarse en el hayedo de la Umbría, dejándonos llevar por otra deliciosa vereda casi horizontal que surca toda la vertiente septentrional del Cerro, rodeando la montaña hasta alcanzar la pista por la que hemos transitado en la ascensión.

Acceso: Monterrubio de la Demanda (1h 20min)

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  • item-iconJoseba Astola Fernandez
    El 26 de noviembre de 2017

    La ausencia de fotos de la primera parte de la ruta (mina de plata y magnífico robledal) se debe a un fallo en la cámara utilizada.