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Buçaco (568 m)

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Luis Astola Fernández
arrow-iconFecha Alta
14/06/2018
arrow-iconModificado
15/06/2018

Buçaco (568 m) es la cota más elevada de la sierra homónima, que se extiende entre los concelhos de Mealhada, Mortagua y Penacova, pertenecientes respectivamente a los distritos de Aveiro, Viseu y Coimbra, en pleno centro de Portugal. El techo de la Serra do Buçaco se localiza en un punto poco definido y de escaso interés montañero, cercano al carretil asfaltado que, como se repite con demasiada frecuencia en las montañas portuguesas, recorre el cordal de la sierra.

 A unos 400 metros al S-SE de la cumbre se alza el inmenso marco o vértice geodésico (12 metros de alto) denominado Buçaco (549 m), de la Rede Geodésica de Portugal; mientras que, alrededor de 500 metros al NW, encontramos la Cruz Alta do Buçaco (547 m), un popular mirador panorámico que, en la práctica, es el punto de mayor interés y más visitado de la sierra, hasta el punto de ser considerado por todas las fuentes consultadas como la principal cima de la Serra do Buçaco.

 La Serra do Buçaco se extiende con orientación NW-SE, a lo largo de 18 km, entre las localidades de Luso y Penacova, a poniente del río Mondego y de la principal cadena montañosa del pais vecino, la Cordilheira Central Portuguesa, integrada por las sierras de Estrela, Açor, Cebola y Lousã.

 Mata Nacional do Buçaco

 A pesar de su notable prominencia, el ascenso a esta montaña, accesible en vehículo hasta sus cotas más elevadas, resulta más bien anecdótico. Su auténtico interés reside en el singular bosque que tapiza su ladera septentrional y en las pintorescas manifestaciones patrimoniales que alberga, que lo consagran como un venerado enclave natural, cultural, histórico y religioso, muy visitado a lo largo del año.

 La Mata Nacional do Buçaco es un peculiar espacio forestal, con una extensión de 105 ha., delimitado en todo su contorno por un elevado muro con hasta diez puertas de acceso: Ameias, Luso, Serpa, Lapas, Coimbra, Cruz Alta, Sula, Rainha, Degraus y São João. Este extenso jardín botánico, que alberga más de 700 especies vegetales, la mayor parte de origen exótico, procedentes de las colonias portuguesas de ultramar (África, Asia y Sudamérica), obedece a la ingente labor desarrollada por una comunidad de monjes carmelitas establecida al pie de la montaña desde 1626 hasta 1834, fecha en la que se prohiben en Portugal las órdenes religiosas.

 Además de la ingente variedad de árboles y arbustos, el bosque alberga gran cantidad de ejemplares centenarios y monumentales; el más anciano, ya decrépito y desmochado, parece ser el Cedro de San José (Cupressus lusitanica), plantado alrededor de 1644, al que se le calcula una edad de 370 años. Llaman la atención, en los jardines en torno al Hotel Buçaco Palace, varios ejemplares de araucaria (Araucaria bidwillii), abeto blanco (Abies alba), abeto Douglas (Pseudotsuga menziesii), fresnos (Fraxinus pensylvanica, F.angustifolia), los sugerentes fetos/helechos gigantes (Dicksonia antartica), camelias (Camellia japonica) o un inmenso eucalipto gigante (Eucalyptus regnans).

Al margen del mundo vegetal, entre el arbolado se esconden hasta una decena de ermitas, 4 capillas, 22 pasos o estaciones de la Pasión cristiana, con figuras en terracota a tamaño natural; 9 fuentes, algunas de ellas monumentales; 2 estanques; varias casas de diferentes épocas y estilos; y, sobre todo, el antiguo convento carmelita, reconvertido entre finales del siglo XIX y principios del XX en el Hotel Buçaco Palace, un suntuoso, pretencioso y algo decadente edificio de estilo neomanuelino, rodeado de jardines de corte clásico, ante el que resulta difícil mostrarse indiferente.

 Con su estilo incomparable, José Saramago canta en su "Viaje a Portugal" sus sensaciones en la visita a Buçaco, un lugar que le impresionó hasta dejarle casi sin palabras: "Buçaco es el reino de lo vegetal. Aquí es sierva el agua, siervos los animales que se ocultan en la espesura o por ella pasean. El viajero pasea. Se entregó sin condiciones, y no sabe expresar más que un silencioso pasmo ante la explosión de troncos, hojas varias, ramas, musgos esponjosos que se agarran a las piedras y trepan por los árboles, y cuando los sigue con los ojos, da con la maraña de ramajes altos, tan densos que es difícil saber dónde acaba éste y comienza aquélla. El bosque de Buçaco requiere las palabras todas, y, dichas ellas, nos demuestra que ha quedado todo por decir. No se describe el bosque de Buçaco. Lo mejor es perdernos en él...".

 Camino a la cima de Buçaco por el Trilho da Vía Sacra

 Entramos al recinto de la Mata do Buçaco desde la Estrada Nacional 235, al S de la freguesía de Luso, por la Porta das Ameias, una de las cuatro accesibles con vehículo, además de la Porta do Serpa, la de Cruz Alta y la Porta da Rainha (el resto son exclusivamente peatonales); el ticket de entrada al recinto para un día completo (con posibilidad de salir y entrar tantas veces como se desee) cuesta 5€ por vehículo, independientemente del número de ocupantes, o 2€ por persona (tarifas de primavera-2018); el enclave es gestionado por la Fundação "Mata do Bussaco", que previsiblemente destina los ingresos a la conservación del patrimonio forestal, cultural, histórico, militar y religioso presentes en este espacio.

 Recorrido algo más de 1 km desde la entrada en dirección al hotel, se abre a la derecha un espacio de tierra donde es posible aparcar, situado junto al Lago Pequeno, al pie de la monumental Fonte Fría y al inicio del Valle de São Silvestre o Rúa dos Fetos (330 m); algunas mesas de madera frente al estanque, donde flota un solitario cisne, invitan al almuerzo contemplativo. Ascendemos por la empinada escalinata de la Fonte Fría (s.XVII-XIX) y recorremos por buen camino el tramo ajardinado hasta el Hotel Buçaco Palace y la Loja da Mata, donde se concentra la mayor parte de los visitantes.

 Se han trazado cuatro sencillos senderos, profusamente señalizados y que en muchos casos coinciden y se entrecruzan, que permiten recorrer el parque forestal sin riesgo de extravío: el Trilho Militar asciende en 2,5 km hasta el Museo Militar y el Obelisco levantado para conmemorar la Batalla do Bussaco (1811), que enfrentó a las tropas invasoras de Napoleón contra el ejército aliado anglo-luso; el Trilho da Agua (3,3 km), invita al paseo con la excusa de enlazar varias fuentes; el Trilho da Vía Sacra serpentea por una espléndida calzada y visita varias capillas y los pasos religiosos, escenas de la Pasión de Cristo a tamaño natural, realizadas en terracota a finales del siglo XVII; y el Trilho da Floresta Reliquia, continuación del anterior, que propone un paseo por los escasos restos de la vegetación natural que consiguieron sobrevivir a la presión transformadora de los carmelitas.

 En nuestro caso, seguimos desde el exterior del hotel-convento el Trilho da Vía Sacra, señalizado además con flechas de madera hacia la Cruz Alta; la calzada, empedrada en su mayor parte, visita el añoso Cedro de San José, junto a la ermita homónima; transita por la Varanda de Pilatos y el Pretorio, y serpentea con desnivel muy llevadero por la umbría de la montaña entre un arbolado variado y, en ocasiones, espectacular. Sin pérdida posible, siempre en ascenso, se pasa junto a las "capelas" que protegen de la intemperie y del vandalismo, a veces sin conseguirlo, las figuras de barro cocido. En ocasiones, la ruta se asoma a capillas-miradores que exhiben panorámicas espectaculares sobre la tupida masa forestal que tapiza la ladera de la montaña; al fondo, al N, se vislumbran las cumbres puntiagudas y los eólicos de la Serra do Caramulo (1076 m), a caballo, como el propio Buçaco, de los distritos de Viseu y Aveiro.

 Un panel en la zona alta de la montaña informa del inicio del Trilho da Floresta Reliquia, donde el bosque, compuesto principalmente por labiérnago negro (Phillyrea latifolia), madroño (Arbutus unedo), laurel (Laurus nobilis), alcornoque (Quercus suber), acebo (Ilex aquifolium) y pino piñonero (Pinus pinea), adquiere una apariencia mucho más silvestre, con una riquísima diversidad vegetal en el sotobosque. Enseguida asoma entre las copas de los árboles la cruz que corona el mirador de la Cruz Alta (547 m), falsa cima de la sierra, pero destino universal de las personas que ascienden hasta ella; lamentablemente, el asfalto llega prácticamente al pie del mirador, que presenta panorámicas hacia la vertiente occidental, mucho menos interesantes que las contempladas en el ascenso por la ladera septentrional.

 Los puristas que quieran visitar la cota principal de Buçaco (568 m), carente de interés y de vistas, deberán proseguir por la carretera durante 400 metros hasta la Porta da Cruz Alta y, sin cruzarla, reseguir por el interior del recinto de la Mata, junto al muro, hasta la cima.

 En el regreso, con posibles variantes hasta la explanada del hotel, es absolutamente recomendable acercarse por asfalto al monumental eucalipto y tomar frente a él la senda señalizada que llanea por el Vale dos Fetos, una avenida flanqueada por hermosos helechos arbóreos que recrean un sugerente ambiente tropical, exótico y arcaico; con la misma sensación antediluviana, se puede continuar en agradable paseo desde el Lago Pequeno hasta el Grande Lago, a través de rincones coloridos o umbríos, pero siempre relajantes.

 Acceso: Luso, Lago Pequeno de Buçaco (1 h)

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