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Mendierre (648 m)

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David Navas Elguea
Fecha Alta
30/09/2019
Modificado
30/09/2019
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Monte al sur (S) de Otxamendi (661m) y al oeste (O) de Ordea (651m), rodeado de tierras de cultivo, que han ido “mordiendo” esta cumbre hasta casi reducir su vegetación a la mínima expresión. Un cerro de gran valor medioambiental, donde la fauna encuentra refugio. Su vigilancia debe ser exhaustiva, para evitar pérdida de cubierta vegetal. Como buen montañero, tenemos que tener en cuenta que visitar estos lugares es visitar un santuario natural, aunque no nos lo parezca, así que evitaremos el bullicio y la asistencia en grupo. Se trata de hacer una visita rápida, observar en silencio y marcharnos.

Desde Txintxetru

Salimos del pueblo de Txintxetru dirección Ezkerekotxa, y después de pasar por encima de la entrada del túnel del ferrocarril, continuamos dirección noroeste (NO) por una parcelaria que desciende. Cuando creamos estar a la altura de la cima, giramos dirección sur y aprovechando que la finca de cereal esté cosechada, nos acercamos al bosque cimero. Ahora nos toca encontrar entre la cerrada vegetación un paso hasta la cima. Al principio nos parecerá difícil, pero se trata de ir con paciencia y con “paso quieto”, para poder alcanzar la cima. Esta cima es un paraje silencioso y solitario que no ofrece vista alguna, ya que está bastante cerrada por la vegetación.

Acceso: Txintxetru ( 1 h ).

Joyas en el túnel de Ezkerekotxa

En el año 1953, Emilio García Gómez, acudió a la catedral de Sevilla y cuando terminó la misa se escondió en la sacristía; entró en la sala donde se custodia el tesoro de la Patrona, se apropió de las joyas y salió huyendo hacia su casa. Después de vender algunas de estas piezas, decide huir a Paris y toma un tren Talgo hacia Irún. En el trayecto del viaje, un policía le solicita la documentación y tras devolvérsela, decidió dormir en la plaza libre de al lado. Temiendo que estaba siendo vigilado, decide deshacerse de las joyas tirándolas por el retrete y éstas acabaron esparcidas por el túnel de Ezkerekotxa. Las joyas fueron encontradas por Máximo Gómez, empleado de Renfe. Éste vende algunas y otras las regala a familiares y amigos. Al final opta por entregar a la policía de Vitoria una parte del botín y la otra, la vende a un relojero clandestino de Salvatierra. El relojero adquiriere las piezas a un precio muy bajo y una de estas piezas se la vende a una corredora de joyas.

Tras ocho años del robo pasaron por el juicio un total de diez acusados. Varios de ellos, entre los cuales se encontraba el autor del robo y el empleado de Renfe, fueros condenados a penas de prisión. En fin, toda una película.

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