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Torrealdea (519 m)

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Luis Astola Fernández
Fecha Alta
14/01/2020
Modificado
15/01/2020
4

Al N de los montes de Kruzeta, a partir de la cima de Ganboralde (706 m), se desarrolla en pleno corazón del valle de Aramaio un alargado y compacto contrafuerte, interfluvio entre el río Aramaio y la profunda vaguada por donde corre su afluente, Bolinburu erreka; en su dilatado lomo encuentran acomodo los desparramados caseríos de Zabola, Azkoaga y Barajuen. Sobre los verdes prados de este humanizado cordal destacan dos cotas, modestas ambas, pero interesantes para el montañero por muy diferentes motivos.

En su extremo más septentrional, los oscuros pinares que cubren las empinadas laderas de la loma dejan paso, en torno a la cumbre de Mariarkaburu (481 m), dotada de inesperado encanto, a grupos de viejos robles, hayas y encinas con antiguas huellas de carboneo en sus troncos trasmochos. Torrealdea (519 m), techo del cordal, es por contra un promontorio desangelado y poco vistoso que descolla por encima de los caseríos más elevados de Barajuen.

Aparte de resultar un buen mirador panorámico sobre el valle y las emblemáticas montañas que le dan cobijo, su principal mérito, como sugiere el topónimo que da nombre a la cima, reside en haber sido, al menos desde el s.XIV, el emplazamiento de la desaparecida casa-torre o castillo de los señores de Barajuen, "jauntxos" medievales con reminiscencias feudales que impusieron su ley de manera arbitraria sobre los habitantes de Aramaio.

El "Turrión" de Barajuen

Alineado en el bando oñacino, partidario de la unión con Castilla en contra de la lealtad gamboína a la corona de Navarra, durante las guerras banderizas que asolaron durante tres siglos el territorio vasco, Juan Alonso de Muxica, señor de Barajuen durante la segunda mitad del siglo XV, pasó tristemente a la historia del valle por su carácter déspota y sanguinario, hasta el punto de haber recibido "...veinticinco querellas de los vecinos de Aramayona (...) por asesinatos, robos, cohechos, raptos y violaciones de mujeres" (Iñaki Bazán y Mª Angeles Martín: "Colección Documental de la Cuadrilla Alavesa de Zuia. I. Archivo Municipal de Aramaio". Eusko Ikaskuntza, Donostia 1999).

La fama de este turbio personaje trasciende incluso el ámbito histórico y da lugar a varias leyendas, puestas en papel a finales del siglo XIX por algunos ilustres prohombres de la cultura alavesa de la época: "El Castillo de Turrión", de Manuel Díaz de Arcaya ("Leyendas Alavesas, vol.II". Zaragoza 1898) o el romance "Aramayona libre. 1488", de Ricardo Becerro de Bengoa ("Romancero alabés". Vitoria 1885) son buenos ejemplos de ello. El propio Becerro de Bengoa, en su "Descripciones de Álava", escrito en 1880, comenta al respecto:

"...la anteiglesia de Barajuen, que aún conserva delante de la puerta de su iglesia el roble á cuya sombra se reunía el concejo general del valle para acordar lo más conveniente á su administración y representación. No queda resto alguno de la torre-castillo de los Múxicas, señores feudales de este valle, condes de Aramayona, que aprovechándose de la anarquía que en toda la nación reinaba en el siglo XV, y de los sangrientos bandos que asolaron á las provincias durante ese tiempo, se atrevieron á imponer á los habitantes del valle hasta el derecho de que les entregasen las mujeres más bellas, que el Conde señalara; castigando á los padres ó hermanos que se resistían, con la pena de colgarles ahorcados de una almena de aquel asqueroso torreón. (...) Protestó siempre Aramayona contra las infamias de su conde y obtuvieron de los reyes Católicos el que les enviase un juez que persiguiera tales crímenes y les devolviera su libertad. Así quedó acordado, y los aramayoneses entraron con su hermandad á formar parte de la provincia de Álava, en el uso de sus libertades, exenciones y costumbres en 1489, cuando aún vivía en su castillo el tirano Juan Alonso de Múxica".

En la actualidad, el castillo de Barajuen es una simple "Zona de presunción arqueológica" entre las catalogadas por el Departamento de Cultura del Gobierno Vasco en el municipio de Aramaio. Nos comenta un vecino que hace pocos años talaron el pinar que cubría la colina de Torrealdea, donde se ubicaba la casa-torre, y el departamento correspondiente realizó alguna prospección. En la actualidad, el espacio cimero presenta un cráter excavado de manera artificial completamente invadido por las zarzas, sin que se aprecie a simple vista restos de construcciones; corresponde a arqueólogos e historiógrafos desentrañar e interpretar los vestigios que pudieran aparecer en este emplazamiento histórico.

La Encina de Barajuen

El árbol juradero de Barajuen aparece documentado al menos desde 1499: "...los quales prozedian llamando a los tales culpantes so el arbol de Varajoen por los plazos e terminos e pregones acostunbrados en la dicha tierra e valle de Aramayona". "...que librasen e determinasen qualesquier causas asi sobre tributos e robos como sobre otros qualesquier delitos e crimines e causas çeviles de qualquier calidad que fuesen e que prozedieran asy de su ofiçio como a pedimiento de parte en todos los casos e causas a ellos cometidas llamando a los culpados so el arbol de Varajoen por los plazos e terminos en la dicha tierra acostunbrados". (Iñaki Bazán y Mª Angeles Martín, op.cit. págs.LVIII y CVIII).

El "roble" (en realidad, probablemente, una encina) bajo el cual se celebraban las juntas del valle de Aramaio hasta el siglo XIX, mencionado en el párrafo de Ricardo Becerro de Bengoa, desapareció en fecha indeterminada; el "Diccionario Geográfico-histórico de España" (Real Academia de la Historia. Madrid, 1802), dice en la voz "Aramayona": "Para estas elecciones se junta el concejo general en Barajuen, que está enmedio del valle y nombra los electores, los quales hacen juramento baxo de una encina, que está delante de las puertas de la iglesia, de proceder fiel y legalmente á la elección".

Por su parte, en un artículo de la "Revista de España, tomo XXIX", publicado en 1872, su autor Miguel Rodríguez-Ferrer (que dice que el castillo de Barajuen "fué demolido en 1848") afirmaba: "...muchas de sus comunidades y anteiglesias tenían también sus encinas patriarcales, y todavía existen la de Barajuen en el valle de Aramayona, perteneciente a la provincia de Alava, la que se alza muy cercana á la puerta de su iglesia y que he visitado varias veces. Su tronco no parece tener gran antigüedad. Tal vez sea la sucesora de otra más secular, pues hasta comenzar la guerra civil fué tradicional allí celebrar bajo sus ramas las juntas particulares de esta anteiglesia."

Ignoro si la encina que se alza en la actualidad ante la iglesia de la Asunción de Barajuen, corpulenta pero de aspecto juvenil, es el mismo ejemplar que mencionan los documentos aportados, algunos de los cuales se remontan más de 200 años atrás; quizás se trate, más probablemente, de la que nombra con referencia a Barajuen Vicente Vera, en el volumen dedicado a Álava de la "Geografía General del Pais Vasco-Navarro", dirigida por Francisco Carreras Candi y publicada en 1921:

"Está situado el núcleo del caserío en terreno de bastante elevación. La iglesia es un edificio sencillo, pero bastante capaz para el número de feligreses, con torre cuadrada de poca elevación y un modesto atrio cubierto de tejas. Frente á él crece una encina nueva en sustitución de la vieja, á cuya sombra se prestaba juramento. En una altura próxima estaba el célebre castillo mandado arrasar por los Reyes Católicos, y del que no quedan otros señales más que las huellas de los fosos que le rodeaban."

En cualquier caso, la mera pervivencia de la encina ante la parroquial de Barajuen, como lugar de encuentro y como símbolo vivo de las tradiciones ancestrales de gobierno en las comunidades rurales, resulta gratificante. (Para ahondar en este apasionante tema, es muy recomendable consultar la obra de Ignacio Abella: "Árboles de Junta y Concejo. Las raíces de la comunidad". Ed.Libros del Jata. Bilbao, 2015).

Circular a Torrealdea desde Ibarra

Ruta circular desde Ibarra, capital del valle de Aramaio, siguiendo en parte el itinerario "Barajuengo Bira/Vuelta de Barajuen", una vieja ruta que discurre por pistas, no señalizada pero fácil de seguir. Desde la Casa Consistorial de Ibarra (333 m), hay que abandonar el núcleo urbano por la salida N (Iturrizuri) hasta alcanzar la carretera A-2620 entre Arrasate y Gasteiz; enfrente del cruce, al otro lado del asfalto, se inicia una pista hormigonada que asciende con pendiente sostenida por el pinar.

El pavimento desaparece al alcanzar una pequeña borda rehabilitada que queda a la derecha, en un tramo ligeramente descendente que gira a la izquierda al fondo de una vaguada, siempre por la pista principal. Algo más arriba, cuando el camino forestal hace un fuerte giro a la derecha, lo abandonamos por un embarrado camino secundario que sale a la mano contraria y llanea bajo un rodal de roble americano hasta el collado de Mariarka (427 m); desde este punto es muy recomendable seguir la pista al NE hasta la borda Abeletxe para ascender a la simpática cumbre de Mariarkaburu (481 m).

De vuelta al collado, tomamos (S) la pista principal ascendente, con impresionantes vistas de Murugain (776 m) al otro lado del barranco de Bolinburu, desfigurado por el trazado del TAV. Dejamos atrás el caserío Solobarri y, ya por asfalto, la cota Olatezar (499 m), ocupada por una enorme nave ganadera, y nos situamos en un collado (488 m), encrucijada de pistas en la cara N de la colina donde se levantó el "Turrión"; un corto repecho por amplio camino nos sitúa en el promontorio cimero de Torrealdea (519 m), desde donde los señores de Barajuen contemplaban, hace 600 años, un paisaje muy parecido al actual en lo esencial: las peñas de Etxaguen (1132 m), Iruatxeta (1057 m), Anboto (1331 m), Tellamendi (834 m), Udalatx (1120 m), Murugain (776 m), las lomas de Kruzeta y, a sus pies, el delicioso valle de Aramaio, con la anteiglesia de Barajuen a un paso y la de Azkoaga poco más atrás.

Un camino por la vertiente contraria desciende a Barajuen, con su parroquial de la Asunción (s.XVI), su encina juradera, la señorial Abatetxea y su curioso jardín de plantas exóticas, y un puñado de preciosos baserris entre los que destaca, algo alejado del pueblo, el caserío Urdina, con la doble arcada asimétrica de su fachada.

Desde la trasera de la iglesia y el frontón, dejando Urdina arriba a la derecha, descendemos por una empinada estrada hormigonada hasta la carretera de Gasteiz, frente a la entrada S a Ibarra. Por la recoleta ermita de Santa Ana y la parroquial neoclásica de San Martín, regresamos al punto de inicio junto a la Sastiña y la Casa Consistorial de Ibarra (2 horas el recorrido completo, incluido el ascenso a Mariarkaburu).

Acceso: Ibarra (45 min)

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