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Alto Santiago (649 m)

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Luis Astola Fernández
Fecha Alta
26/05/2020
Modificado
28/05/2020
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El Alto Santiago (649 m) es una colina boscosa situada al NW de la cumbre de Asmurgi (716 m); su ladera septentrional, circunvalada por la carretera que une Aperregi y Lukiano con Bitoriano y Murgia, se tiende en la verde vega del Baia antes de remojarse en las frías aguas del río zuyano.

Se trata de una modesta cota perfectamente individualizada respecto al resto del macizo de Oroko Harriak del que forma parte, cubierta de un tupido robledal intercalado con arces, hayas, fresnos, avellanos, espino albar, acebo (las propias copas de los árboles le hacen crecer unos metros y destacar sobre los prados circundantes), con rico y variado sotobosque donde encuentra refugio apacible la fauna habitual de estos espacios; encamado hasta el último momento bajo una mata de rusco, el corzo nos sobresalta con su brinco imprevisto.

Su corta prominencia y la nula visibilidad desde su cumbrera convierten este cerrillo de Santiago en objetivo anecdótico desde un punto de vista estrictamente deportivo. Sin embargo, incluso los montes pequeños pueden ocultar grandes historias.

Santiago de Urabiano

Como compensación, además de las mencionadas virtudes naturalísticas, la cima de esta humilde colina presenta una particularidad que, sin duda, acrecienta su interés como destino final de nuestros pasos, especialmente para los amantes de las piedras viejas y para los que se dejan seducir por las historias que esconden. Rodeado por un marcado foso, en la cima del Alto Santiago se alza un gran túmulo, cubierto de vegetación y muy rebajado por el paso de los años; indicio tangible, a la vista del volumen de escombro acumulado, de que el lugar estuvo ocupado, tiempo atrás, por alguna construcción de cierta entidad.

El centro del túmulo, que tiene un diámetro aproximado de 30 metros en su eje mayor, está socavado por un ligero cráter donde se percibe un recinto entre ovoide y rectangular de tamaño más reducido (8 metros de largo por 7 de ancho), apenas el arranque de los muros de una cabaña, con el frente donde debió de situarse su entrada orientado a la salida del sol; algunos fragmentos de teja, diseminados aquí y allá, despejan cualquier duda sobre el origen artificial del promontorio, restos evidentes de un notable edificio arruinado en fecha lejana.

Con un topónimo tan explícito como Alto Santiago (o Santiago a secas, según las fuentes), no hace falta indagar demasiado para concluir que el extenso túmulo camuflado bajo el arbolado que corona la colina, maquillado por musgos, hierbas y arbustos hasta mimetizarlo y hacerlo bosque, fue en su día una iglesia (quizás reducida a ermita en su última etapa) dedicada al apóstol Santiago, parroquia de la aldea (hoy despoblado) de Urabiano.

La iglesia de Santiago de Urabiano forma parte, con el número 50, del catálogo de Zonas de presunción arqueológica del término municipal de Zuia, según la relación elaborada por la Dirección de Patrimonio Cultural del Gobierno Vasco y publicada en el BOPV de fecha 18 de febrero de 1997; la escueta ficha del yacimiento habla de una iglesia postmedieval, sin estructuras visibles, fechada en el siglo XVI. A corta distancia, en la ladera meridional del cerro, los arqueólogos sitúan los restos (también sin estructuras visibles) del propio poblado de Urabiano (siglo XIII); y algo más alejado, sin ningún indicio que delate su presencia, el posible emplazamiento de la ermita de Santo Tomás, atribuida de nuevo al siglo XVI, aunque su advocación, antigua como la propia de Santiago, parece sugerir fechas de culto más remotas.

Urabiano. Un viaje al origen de las aldeas de Zuia a través de la toponimia

Al pie de la ladera occidental de Asmurgi (716 m), la cartografía registra el término de Urabiano, en terrenos hoy compartidos por los concejos de Bitoriano, Lukiano y Aperregi; la población local prefiere llamarlo Uribiano, aunque en los documentos antiguos aparece nombrado indistintamente de las dos maneras, e incluso como Urubiano.

Gerardo López de Guereñu, en su "Toponimia alavesa seguido de Mortuorios o despoblados y pueblos alaveses" (Euskaltzaindia, 1989) recoge los topónimos "Uribiano, monte de Vitoriano" y "Urabiano, despoblado en Zuya. Fuente y arroyo en Luquiano". Por su parte, en la entrada correspondiente a Uribiano de "Auñamendi Eusko Entziklopedia" leemos:

"Despoblado alavés, también conocido como Urabiano, que estuvo situado en el valle de Zuia, entre Aperregi y Lukiano, en las cercanías de la torre de Zarate, en paraje que conserva su nombre. En el s. XIII formaba parte del arciprestazgo de Zuibarrutia, figurando como Urabiano. En el s. XVIII, época de su despoblación, sus diezmos pertenecían al santuario de Oro, y es citado como Uribiano y Urubiano. Tuvo una iglesia, bajo la advocación de Santiago Apóstol, que subsistió hasta mediado el s. XIX."

Con la intención de desentrañar la posible procedencia del topónimo Urabiano, que nos va a proporcionar la excusa para realizar un largo viaje por los siglos más oscuros de la historia de Zuia y sondear el origen de sus aldeas, recurrimos a los trabajos del filólogo, experto en toponimia y onomástica, Patxi Salaberri Zaratiegi. En su artículo "Topónimos alaveses de base antroponímica acabados en –(i)ano" (Fontes Linguae Vasconum stvdia et docvmenta Año XLV - Número 116 - Gobierno de Navarra, 2013), el especialista navarro propone:

"Urabiano (despoblado de Zuia), Urauiano (1257, Rodríguez, 1989, 235, p. 220), Urauiano (1295, ibid., 518, p. 448); López de Guereñu (1989: 655) recoge también Uribiano en 1751 y Urubiano en 1781. Es muy probablemente un deantroponímico relacionado con Urabain, con base en un nombre personal como *Urabius, *Ulabius no documentado (en Lusitania hay Elavius, Grupo Mérida, 2003: 165). La forma vasca habría sido *Urabio, *Urabiño, *Uramiño."

Para interpretar un poco este pequeño galimatías, quizás excesivamente erudito para personas no habituadas a la terminología etimológica, diremos que el lingüista, como otros antes que él, se afirma en la teoría de que la inmensa mayoría de los topónimos alaveses alusivos a pueblos, aldeas y lugares habitados son antrotopónimos o adjetivos deantroponímicos, derivados del nombre propio (antropónimo) del primer campesino que se convirtió (probablemente en época romana) en propietario (possessor) de una villa, de una granja (fundus) o de un terreno (ager) para su explotación. Tendríamos así, por ejemplo, un "fundus victoriano" para justificar el nacimiento remoto de la actual localidad de Bitoriano.

Resulta llamativa la abundancia de poblaciones terminadas en el sufijo "-ano" (y otras formas similares, por derivación o evolución lingüística) asentadas a orillas del Baia y de sus afluentes (Badillo, Abezia, Ugalde), aguas arriba del portillo de Tetxa, en los actuales municipios de Kuartango, Urkabustaiz y Zuia. Siguiendo las teorías de Patxi Salaberri, en esta ocasión a partir de su obra "Araba/Álava. Los nombres de nuestros pueblos" (Izenak bilduma - Euskaltzaindia. Arabako Foru Aldundia, 2015), registramos las siguientes localidades basadas en antropónimos, en muchos casos supuestos (*) por no estar documentados:

Subijana (de *Subilius), Aprikano (de Aper), Arriano (de Arrius), Jokano (de *Ioccus/Iocus/Jocus), Sendadiano (de *Sentatius, o similar), Katadiano (de Catidius o *Catadius), Abornikano (de Agornicus), Lukiano (de Lucius), Urabiano (de *Urabius o *Ulabius), Bitoriano (de Victorius); además de Apregindana (de Aper Quintus), Ondona (de *Tondus), Uzkiano (de Fuscus) o Abezia (de Avitius), todos ellos en Urkabustaiz.

Este reparto sistemático de los terrenos más fértiles y mejor comunicados, situados precisamente a lo largo del río Baia (y de sus afluentes), no parece casual en absoluto y pudiera obedecer, más bien, a una estrategia de colonización premeditada y acordada de alguna manera por los fundadores de las primitivas células de explotación agraria y ganadera. Organizado o espontáneo, el asentamiento de pequeños núcleos rurales de población en zonas bajas y expuestas de los valles solo pudo ocurrir en un periodo de calma, sin amenazas de conflictos para las tribus oriundas de la zona (situada en la línea de contacto entre las tribus caristias y autrigonas), nunca antes de la pacificación del norte de Hispania tras las guerras cántabras (último cuarto del s.I A.N.E.); el episodio bélico de Andagoste, donde los guerreros locales pusieron en fuga al destacamento romano que pretendía hacerse fuerte en una loma situada entre Jokano y Sendadiano, está fechado en torno al año 38 A.N.E., lo que evidencia que aún existían conflictos entre las tribus vasconas y el invasor romano.

Conviene recordar que, hasta la plena romanización de la comarca, la gente habitaba en zonas elevadas dotadas de mucha visibilidad y de cierta protección natural ante posibles ataques, incluso reforzadas con muros en los flancos más débiles. En Zuia son buenos ejemplos el Castro del Alto de Guillerna, ubicado en las faldas del monte San Fausto (749 m), y el conocido Poblado fortificado de Peñas de Oro. El abandono de los castros y el asentamiento de sus pobladores en lugares más fáciles para vivir, en opinión del arqueólogo Juan María Apellaniz: "Interpretación de la secuencia cultural y cronológica del castro de las peñas de oro (Zuya-Alava)" (Munibe Año XXVI - Número 1-2 - Donostia 1974), habría coincidido con el periodo de progreso y de relativa calma propiciado por la romanización:

"Me parece que tal vez el atractivo de las ciudades romanas o villas que pudieron estar próximas (Iruña no está nada lejos) acabaron por llevar la población de Oro al abandono del poblado. Los últimos habitantes de Oro son los grupos celtiberizados y cantábricos, si se puede hablar así, que he descrito. Que éstos acabaran con las guerras de Augusto que dieron muerte al mundo cántabro, también es posible suponerlo. Sin embargo no hay rastros de destrucción del poblado según los autores y por tanto tampoco es fácil suponer un final en este sentido, pero tampoco es excluible sin más. Puede que la población masculina muriera en las guerras sin necesidad de que el poblado fuera destruido."

Fuesen pobladores oriundos o, como sugieren algunas fuentes, antiguos mercenarios del ejército romano, quizás reclutados años antes entre la población local, reconvertidos en agricultores y ganaderos una vez finalizadas las guerras cántabras y pacificadas las comarcas norteñas, las pequeñas unidades de explotación asentadas, probablemente entre los siglos I y IV de nuestra era, en las vegas del río Baia (los "fundi" de Agornicus, de Lucius, de Urabius o de Victorius) serían el germen primitivo para la creación, bastantes siglos más tarde, de las aldeas de Abornikano, Lukiano, Urabiano y Bitoriano; y (sujetas a diferente evolución lingüística) de las también zuyanas Markina (de Marcius), Aperregi (de Aper) y Domaikia (de Domacius).

Para ello han de pasar los llamados "siglos oscuros", entre el final del imperio romano y la llegada de los invasores árabes (s.V-VIII), lapso de tiempo caracterizado por la ausencia casi absoluta de documentos escritos o materiales que aporten pistas sobre la organización y los modos de vida en la época, al menos, como es el caso de Zuia y su entorno, en los territorios más alejados de los centros de poder visigodos o carolingios. Existe constancia de operaciones de castigo desde la corte de Toledo contra los rebeldes vascones y, más tarde, de las aceifas y saqueos de los ejércitos musulmanes en los territorios norteños que no llegaron a controlar ("...pues es probado que Álava, Vizcaya, Alaone y Orduña siempre estuvieron en poder de sus habitantes", dice la "Crónica de Alfonso III" en su versión "Ad Sebastianum", de finales del siglo IX).

En la segunda mitad del siglo VIII, inmersos aún en la penumbra altomedieval, el Condado de Álava entrará en la órbita del reino astur-leonés (en torno al año 760, Fruela I El Cruel se anexiona el territorio por la fuerza y desposa a Munia Ovequiz, hija de un probable noble alavés y madre del monarca astur Alfonso II el Casto). Más adelante, en la primera mitad del siglo IX, pasará a depender del reino de Navarra; tras varias fluctuaciones entre los reinos fronterizos, el rey Alfonso VI anexionó Álava a Castilla en el año 1076.

En relación al proceso de transformación en aldeas de las antiguas explotaciones agro-ganaderas fundadas en época tardorromana, la falta de documentación y de evidencias arqueológicas obligan a seguir las hipótesis de los especialistas en cuanto al poblamiento de Araba (y de Zuia) durante la Alta Edad Media. Por hacer un esfuerzo de síntesis en un tema tan complejo, reproducimos algunos párrafos de Juan Antonio Quirós Castillo: "La génesis del paisaje medieval en Alava: la formación de la red aldeana" (Arqueología y territorio medieval, Nº 13-1. Universidad de Jaen, 2006), en los que el catedrático de Arqueología Medieval en la UPV propone:

"...las excavaciones arqueológicas nos muestran que el proceso de formación de las aldeas se desarrolla con total claridad ya en el siglo VIII, y por lo tanto de forma previa a la aparición documental de las mismas a partir de los siglos IX-XI". "...resulta indudable que el paisaje que se construye en torno al 750 aproximadamente es cualitativamente diferente respecto al de los siglos anteriores, creando nuevos marcos de sociabilidad aldeana en cuyo seno se gesta una red de relaciones sociales y de formas de poder que caracterizan la Edad Media". "Probablemente sea la definitiva instauración de poderes a nivel supralocal (a media escala) lo que permita la reorganización del espacio rural en aldeas". "...a partir del siglo IX-X es evidente la presencia en el seno de las aldeas de poderes locales que han condicionado la estructura social de las mismas. La introducción de las iglesias a partir del IX-XI o fenómenos como la privatización y fijación de determinados espacios residenciales en el marco de un urbanismo cambiante nos muestran la presencia pero no la naturaleza de estos poderes locales. Este dato es de una importancia central a la hora de comprender fenómenos como el de la “feudalización” o la formación de poderes señoriales". "Un ulterior momento de reorganización de estas aldeas tuvo lugar tras el año mil, mediante la promoción de algunos templos al estatuto parroquial, y la reordenación de los espacios domésticos, que ahora se hacen más compactos y estables."

En el caso de Zuia, las iglesias a que alude el texto, fundadas por los señores locales para "proteger" los intereses espirituales de los habitantes de las aldeas a cambio de su mantenimiento a través de tributos y donaciones (sin duda uno de los gérmenes del feudalismo posterior), estarían representadas por los desaparecidos monasterios de Santa María de Urretxa (Sarria), Santa Agueda de Mañarieta (Aperregui), Santa María de Lasarte (Bitoriano) y, finalmente, por Santa María de Oro, el único que consiguió perdurar en el tiempo y convertirse, sin que exista constancia documental de la fecha ni de los medios empleados para ello, en propiedad del valle de Zuia.

Primeras referencias documentales de Urabiano y de las restantes aldeas de Zuia

En el "Ferro de Alaba" o "Reja de San Millán" (1025) se relacionan, de manera más o menos ordenada, los nombres de las aldeas y pueblos alaveses (más de 300) obligados a pagar como impuesto anual al Monasterio de San Millán de la Cogolla una reja o barrote de hierro por cada diez casas, tributo sustituido en algunos casos por animales (carneros, bueyes, "andoscos"...) o por sal. Este antiguo documento, desaparecido y reproducido años más tarde en los llamados "Becerro Gótico" (1115), también extraviado, y "Becerro Galicano" (1195), del cartulario del monasterio riojano (en esa época perteneciente al reino de Navarra), sugiere que Álava, o al menos el territorio afectado por la contribución monacal, estaría organizada en 16 alfoces o distritos, cada uno integrado por un número variable de aldeas.

En el caso de Zuia, la "Reja" menciona, dentro del alfoz de "Ossingani", una Zuhia Barrutia que tributa "VIIII regas"; y, en el alfoz de "Divina", Zuffia de Iuso ("VIIII regas") y Zuffia de Suso ("XIII regas"). Esta última parece referirse a la actual Zigoitia (Zuigoitia o Zuia de arriba), mientras que, salvo error o desconocimiento de los copistas, la actual Zuia estaría dividida a efectos "administrativos" en dos territorios: Zuffia de Iuso (Zuia de abajo) y Zuhia Barrutia (algunas fuentes consideran que ambos topónimos hacen referencia a un único distrito, nombrado en documentos posteriores como Çuibarrutia y Zuibarrutia).

Lamentablemente, el documento no enumera los lugares que componen el (o los) distritos zuyanos de la "Reja", pero sin duda no serían muy diferentes del listado que proporciona en 1257 Jerónimo Aznar, obispo de la diócesis de Calahorra, sobre las parroquias alavesas que debían contribuir con el diezmo a la diócesis y al cabildo calagurritanos (recogido y transcrito por Narciso Hergueta: "Noticias históricas de Don Jerónimo Aznar, obispo de Calahorra y de su notable documento geográfico del siglo XIII". Revista de archivos, bibliotecas y museos. Año XI - Vol.XVII. Madrid, 1907):

"In Archidiaconatu de Alaba sunt XI Archipresbiteratus (...) In Archipresbiteratu de Çuibarrutia. Çuibarrutia. Urabiano. Vitoriano. Sarria. Yugu. Murguia. Çaharate. Aréchaga. Marquina. Urrechua. Luquiano. Amezaga. Echavarri. Domakia. Aperrigui. Guilierna.".

Junto a los nombres reconocibles de los pueblos actuales, aparecen Urrechua (despoblado junto a Sarria, procedente del monasterio de Santa María de Urretxa); Çuibarrutia (el documento parece individualizarlo como entidad singular, quizás como sede del arciprestazgo al que daría nombre; pudiera hacer referencia al monasterio de Santa Agueda de Mañarieta, nombrado, como el anterior, en la donación efectuada por María López en 1138, junto a Santa María de Oro y Santa María de Estibaliz, al Monasterio de Santa María de Nájera); Urabiano; y Echavarri (despoblado cercano a Lukiano y a Urabiano; hoy se conserva el caserío Etxabarri, antigua casa torre del linaje oñacino de los Zarate, señores de Zuia durante las guerras banderizas entre oñacinos y gamboinos en los siglos XIV-XV). En cualquier caso, esta sería la primera referencia documental de los pueblos de Zuia al completo, incluida la aldea y actual despoblado de Urabiano, donde se enclava nuestro Alto Santiago.

En la Carta poblacional de la Villa de Monreal de Zuya, concedida en 1338 por el rey Alfonso I de Castilla a los moradores del valle, se confirma la relación de pueblos y aldeas existentes en ese momento en Zuia, con inclusión de algunos lugares del vecino Urkabustaiz:

"...y tenemos por bien que los moradores en el dicho lugar de Monreal, que ayades por vuestros terminos los dichos lugares de Domaiquia, e de Yugo, e de Sarria, e de Urrecha, y de Amechaga, y de Vitoriano, y de Guillerna, y de Uriviano, y de Chavarri, y de Luquiano, y de Aperregui, y de Murguia, y de Arechaga, y de Marquina, y de Zarate, y de Velunca, y de Yzarra, y de Abecia, y de Larrazqueta...".

Como anécdota curiosa, atribuida a José Miguel de Barandiaran, que pone en relación Urabiano con el Santuario de Santa María de Oro, centro geográfico, simbólico y espiritual del valle de Zuia, dice Julián Olabarria y Sautu ("Santuario de Ntra. Sra. de Oro". Ed.Caja Provincial de Ahorros de Alava. Vitoria, 1968):

"La tradición nos cuenta que el primitivo Santuario comenzó a edificarse en jurisdicción del despoblado de Urabiano, en la falda del monte de Oro, y que, cuando estaban terminándolo, desapareció el material, que después fue hallado en el sitio que ocupa el actual."

El propio Julián Olabarria, en la obra citada, al comentar sobre la contribución que el valle de Zuia aportaba al Santuario de Oro, concreta en torno a la fecha del despoblamiento de Urabiano: "En 1783 empezó el Santuario a cobrar los diezmos que le correspondían por el lugar de Uribiano, que entonces se despobló. (...) En 1795 se hace el apeo por parte del Santuario del lugar de Uribiano, con los de Echabarri, Aperregui y Luquiano para poder cobrar los diezmos."

Para finalizar, adjuntamos un interesante artículo, firmado por Joaquín Fdz.de Labastida Ortiz de Zarate, publicado en el n° 13 del boletín "Herrian" (ACOA, 2012), que aporta sin citar bibliografía algunos datos aparentemente documentados sobre el término de Urabiano, algunos de ellos ya comentados en nuestra reseña. Evidentemente, la interpretación simplista del topónimo "Urabiano" como "sitio de dos aguas", extraida de fuentes algo obsoletas en materia etimológica, no debe ser tenida en cuenta.

Al Alto Santiago desde Bitoriano

Apenas cinco minutos de ascenso por bosque separan el asfalto de la cumbre del Alto Santiago (649 m). Las alternativas para incluir esta modesta cima en cualquiera de los múltiples recorridos que podemos diseñar por los dulces caminos zuyanos son ilimitadas. Nos limitaremos a indicar el punto de acceso más cómodo al espacio arbolado que cubre el promontorio, con un paseo de aproximación a partir del núcleo de Bitoriano.

Al pie del escarpe donde se alza la parroquia de San Julián y Santa Basilisa de Bitoriano, se encuentra el edificio de las antiguas escuelas (605 m), donadas al pueblo en 1928 por el industrial vizcaino Alberto Aznar y Tutor, político monárquico que ese mismo año sería nombrado Marqués de Zuya por Alfonso XIII. Seguimos junto a la casa de Aznar la carretera en dirección a Lukiano, dejamos atrás un viejo lavadero y tomamos a la izquierda Asmurgi kalea. A su final, continuamos brevemente (SE) por un camino de parcelaria y, tras la última casa, cruzamos el puente de Uristi sobre el arroyo Ugalde.

En la orilla opuesta, a la derecha, nace un camino forestal protegido con una alambrada, que trasponemos y volvemos a cerrar con cuidado. En la cercana bifurcación, seguimos el ramal más próximo al río, un tramo umbrío al pie del hayedo que cubre la ladera norte de Asmurgi (716 m), con la estación depuradora de Zuia en la otra orilla, hasta volver a la carretera de Lukiano junto al puente Ojundo sobre el Ugalde, al inicio de las llamadas "curvas de la Salve". A poco de iniciar el ascenso, se desgaja a la izquierda la pista de parcelaria que recorrerá en dirección a Aperregi, a las caidas de poniente de Oroko Haitzak, el antiguo término de Uribiano.

No es necesario tomarla. En el mismo vértice de unión entre la pista y la carretera descubrimos una portela de alambre, que cruzamos. Nos encontramos ya al pie del altozano cimero de Santiago, en un claro algo enmarañado visitado a menudo por el ganado del prado contiguo. La opción más limpia pasa por dirigirse a la izquierda y, sin entrar al prado, seguir en ascenso por terreno boscoso los rastros de paso junto a la alambrada que lo cerca; pronto se define el sendero, mantenido a medias por vacas y cazadores, que conduce sin pérdida a la cima del Alto Santiago (649 m).

En el foso que rodea los difusos restos de la antigua parroquia del despoblado de Urabiano hay una pequeña caseta de cazadores, rotulada con el nombre del Alto de Santiago y la matrícula del coto a la que pertenece; a treinta metros al NW de la cima, se localiza también un viejo mugarri de piedra arenisca, número 10 de la mojonera divisoria entre la juntas administrativas de Lukiano y Bitoriano, provisto de placa que lo identifica como Alto Santiago.

Acceso: Bitoriano (20 min)

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