Ir arriba

Cerro de Estarrona (542 m)

remove-icon
Luis Astola Fernández
Fecha Alta
08/06/2020
Modificado
11/06/2020
5

Delimitado por las sierras de Badaia y Arrato, el sector occidental de la Llanada Alavesa es una extensa planicie cultivada recorrida por el río Zadorra, de la que emergen algunos pequeños accidentes orográficos que rompen la monotonía del paisaje; uno de los más destacados, a pesar de su modestia, es el Cerro de Estarrona (542 m). El hecho de que toda su ladera SW esté ocupada por las viviendas que conforman la antigua villa de Estarrona, y que el punto más elevado de la colina aparezca coronado por la voluminosa iglesia parroquial de San Andrés, puede alejar al Cerro de Estarrona de la imagen clásica asociada a un destino montañero.

Pero no es menos cierto que, aislado y solitario en medio de los campos cultivados del extremo occidental de la Llanada, el familiar perfil del altozano de Estarrona constituye una referencia ineludible, "de toda la vida", en el paisaje del extrarradio al noroeste de la capital alavesa. Despojado imaginariamente de construcciones, artificios y ornamentos, el cerrillo presenta un típico relieve en cuesta, con su frente mirando al norte, hacia las laderas tapizadas de encinas de Arrato.

En el pasado, un emplazamiento idóneo, próximo a la confluencia de los ríos Zadorra y Zaia y con amplísimo dominio visual sobre la llanura circundante, para albergar durante la edad de Hierro algún asentamiento castreño como los excavados en los altozanos cercanos de Jundiz y de Arkiz, este último prolongado en época histórica con el importante oppidum de Iruña-Veleia. No parecen existir en Estarrona, sin embargo, indicios ni constancia arqueológica de ningún poblado de esa época, aunque en el entorno de la ermita de la Virgen del Olmo se localizó en 1984 un depósito de materiales más antiguo (especialmente fragmentos cerámicos y restos de alimentos), datado en el Bronce Antiguo (2200 a.n.e.).

Audio sobre el yacimiento de Santa María de Estarrona en el Museo de Arqueología Bibat

La célebre "Reja de San Millán" (1025) proporciona la primera referencia documental de Estarrona, como tributaria con "una rega" de hierro para el sostenimiento del poderoso Monasterio de San Millán de la Cogolla; la "Reja" nombra a la aldea como "Eztarrona", integrada en el distrito de Langrares. La aldea de Estarrona (que se convertiría en villa en 1562) adquiere especial relevancia a partir de la segunda mitad del siglo XII, como una de las cunas del linaje Hurtado de Mendoza, protagonistas junto a sus parientes, los Mendoza, de buena parte de la historia medieval de la Llanada.

Durante las guerras banderizas que asolaron el territorio entre los siglos XIII y XV, los Mendoza y Hurtado de Mendoza encabezaron las filas del bando oñacino (junto a los Calleja de Vitoria, los Zarate de Zuia, los Muxica de Aramaio,...), partidarios de la integración en el reino de Castilla, en contra de los intereses del bando gamboíno, proclives a la unión con el reino de Navarra, representados por la casa de Guevara (con los Gamboa, los Avendaño de Legutiano, los Ayala de Vitoria,...).

Posteriormente, algunas ramas de la familia, establecidas en Guadalajara (Hita, Buitrago...), jugarían un papel importante en el devenir de las monarquías españolas y en sus particulares luchas de poder; al margen de intrigas políticas, Iñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana, una de las figuras destacadas de las letras castellanas durante el siglo XV y autor de las populares "Serranillas", era también un Mendoza.

La desaparecida torre de los Hurtado de Mendoza de Estarrona

"A orillas del río Laña, la torre de Mendoza, solar del linaje de su apellido, aseguraba el paso del río hacia Mendivil, aldea que ocupaba el barrio alto de la actual villa; en esta aldea poseían los Hurtados una de sus primitivas torres cerca de la iglesia, hoy parroquia de Mendoza y en el medioevo templo parroquial de Mendivil. Sobre el cabezo de Estarrona, otra torre, en principio de los Hurtados, rivalizó en altura hasta el siglo pasado con el campanario de la iglesia, oteando las tierras bajas de esta cuenca de la Llanada hasta las riberas del Zadorra. En la loma de Mártioda, el tercer vértice del triángulo fortificado de los Hurtados, frente a la sierra y puerto de Arrato, boquete y ruta natural hacia Zuya, otra torre de los Hurtados supera todavía hoy en altura a la iglesia y al campanario de la villa. Y un par de kilómetros arriba, en avanzada hacia los pasos de la sierra de Badaya a Cuartango, una cuarta torre de los Hurtado, situada en el término llamado Torralde, en Hueto Abajo, dominaba rutas hoy olvidadas, aunque de activo tránsito en otros tiempos, como caminos de herradura y rueda hacia Bilbao y otros puertos del Norte." (Micaela J. Portilla: "Las torres de Mendoza y Martioda". Diputación Foral de Alava - Vitoria, 1985)

Existe un amplio registro de referencias documentales sobre la torre de los Hurtado de Mendoza que se alzaba frente a la parroquia de San Andrés de Estarrona. El tomo VII del "Diccionario Geográfico-Histórico...", de Pascual Madoz (1847), el tomo IV del "Diccionario Geográfico-Estadístico...", de Sebastián Miñano (1826) y el "Diccionario Geográfico-Histórico de España" de la Real Academia de la Historia (1802), en las correspondientes entradas referidas a Estarrona, se limitan a reproducir más o menos textualmente la cita original de Joaquín José de Landazuri en "Los compendios históricos de la ciudad y villas de la M.N. y M.L. provincia de Álava" (Pamplona, 1798):

"La Iglesia Parroquial de Estarrona, dedicada á San Andrés Apóstol, es muy hermosa, capaz, y bien adornada, consta de una sola nave, y de tres Altares, con inclusión del mayor. Ocupa lo mas eminente de la Villa , la qual esta en situación elevada, lo que la da una agradable, y deliciosa vista; pues se registra desde su altura toda la dilatada llanada de la concha de Alava. (...) Hay en esta Villa una Torre ó Casa fuerte de las regulares que en esta clase tiene la Provincia de Alava...".

Ricardo Becerro de Bengoa, en su obra "Descripciones de Alava", publicada en 1880, describe una excursión por tierras del antiguo señorío de Mendoza, visitando también Martioda y los Huetos; en referencia a Estarrona, comenta: "...detrás de Mártioda la bonita altura de Estarrona con su blanqueada y alta casa señorial enfilada á igual nivel de su iglesia".

Algunos testimonios de principios del siglo XX, certifican que la torre conservaba aún cierta prestancia en esa época: "Conserva Estarrona una torre fuerte bastante antigua, pues se supone construida en el siglo XIV, gran parte de la cual aún se mantiene en pie y podría ser restaurada con facilidad". (Vicente Vera: "Geografía General del Pais Vasco-Navarro/Dirigida por Francisco Carreras y Candi. Tomo III-Alava". Barcelona, 1911-1925)

Aparte del recuerdo y de las referencias bibliográficas, nada se conserva en la actualidad de dicha torre, demolida probablemente durante la década de los 30 del pasado siglo; en el solar que ocupaba frente a la parroquial de San Andrés, en la misma cima del Cerro de Estarrona, se acondicionó un sencillo espacio ajardinado de planta cuadrangular, protegido como zona de presunción arqueológica con la denominación "Casa-torre de los Hurtado de Mendoza" (s.XIV), nº 50 del catálogo correspondiente al término municipal de Vitoria-Gasteiz (Mendoza y Estarrona, que integraban el municipio de Mendoza, se convirtieron en pedanías de la capital alavesa el año 1975).

El "Arbol Gordo" de Estarrona

Unos años antes del derribo de la casa-torre, la prensa de la época recoge otra pérdida lamentable en el entorno de Estarrona. Se trata del llamado "Árbol Gordo", un longevo ejemplar de roble común (Quercus robur) de extraordinarias proporciones (10 metros de perímetro y más de 450 años de vida), que había recibido menciones elogiosas y hasta había exhibido su porte en algunas de las revistas sobre tema forestal existentes a principios del siglo XX (Montes, España Forestal,...).

El Roble de Estarrona en 1913

El "Roble de Estarrona", árbol muy popular y querido entre los vitorianos al menos desde finales del siglo XIX, se levantaba junto a varios corpulentos congéneres en un bosque colindante con terrenos de Otaza; hay que pensar en un robledal más o menos adehesado, aprovechado también para el pastoreo del ganado, similar a alguno de los bosquetes de fondo de valle (Lopidana, Guereña...) que aún perviven como reliquias en el término municipal de Vitoria-Gasteiz. La concentración parcelaria, acometida en territorio alavés durante los años 60-70 en aras de la mecanización y del aumento de la productividad agraria, convirtió la Llanada en una monótona factoría agrícola y, al arrasar la gran mayoría de estos pequeños bosques junto con kilómetros de ribazos y de setos vivos, acabó con los últimos reductos de biodiversidad que estos espacios albergaban.

A pesar de su popularidad y del aparente cariño que se le profesaba, el Árbol Gordo había desaparecido muchos años antes, víctima de los malos usos tradicionales de los aldeanos, que utilizaban su tronco ahuecado como refugio y chimenea para resguardarse de los vientos fríos procedentes de Gorbea; y víctima también de la desidia de las administraciones públicas, incapaces de articular medidas para proteger este árbol singular y el resto de robles monumentales que lo acompañaban.

De las reseñas periodísticas de la época, se deduce que el árbol sucumbió a una de esas hogueras en septiembre de 1921; que de sus ramas se repartieron los vecinos del pueblo un total de 44 carros de leña; y que el inmenso tronco de este árbol supuestamente venerado permaneció tirado en el lugar hasta la primavera de 1929, momento en que la Diputación ordenó labores de despiece (existe una imagen "conmemorativa" de la visita de las autoridades, obra del fotógrafo Eugenio Mora), con destino a diferentes aprovechamientos "culturales": una gran mesa para las propias dependencias forales y un enorme panel informativo sobre Álava destinado a la Exposición Iberoamericana que se celebró en Sevilla en 1929-1930.

Visita de las autoridades provinciales al Roble de Estarrona en 1929

La prensa de la época (La Libertad, El Pensamiento Alavés,...), especialmente por boca de "Un Aldeano" (seudónimo del combativo periodista vitoriano Angel Eguileta), se hace eco de la desidia y del maltrato sufridos por el monumental roble e, incluso, por sus restos, que permanecieron durante varios años abandonados hasta pudrirse en las traseras del palacio de la diputación alavesa.

El tema del triste final del "Roble de Estarrona", paradigma del desprecio ancestral hacia los árboles ancianos, molestos tanto en el medio rural como en el urbano, y prueba evidente del desconocimiento sobre el papel fundamental que juegan estos venerables seres como referentes ecológicos, históricos, estéticos y sentimentales (desprecio e ignorancia lamentablemente vigentes, a pesar del loable empeño de divulgadores y educadores ambientales), merece un estudio más sosegado; próximamente anexaremos a esta reseña, como pequeño homenaje a este desaparecido coloso alavés, un dossier donde se recopilan artículos de prensa y citas bibliográficas referidas al "Arbol Gordo".

Miscelánea en torno a Estarrona: la muerte de Otaza, el "Ángelus" de Díaz de Olano y la ermita del Olmo

Años más tarde, en la decada de los 70, comienza al NE del Cerro de Estarrona la construcción del aeropuerto de Foronda, que se inauguró oficialmente el 16 de febrero de 1980. En esta particular crónica de defunciones y pérdidas patrimoniales, la localidad de Estarrona se libró por poco de sucumbir a esta infraestructura, tímidamente cuestionada en su día por los balbuceantes movimientos ecologistas locales.

No tuvieron tanta suerte los vecinos de la cercana aldea de Otaza (los menos jóvenes aún recordamos el estrépitoso croar de ranas en su laguna), que fueron expropiados de urgencia y obligados a perder casas, tierras y recuerdos; no resulta difícil imaginar el drama que supuso para un puñado de aldeanos este brutal desarraigo, forzado por un desarrollismo tan insaciable como insostenible. Las excavadoras no dejaron ni rastro del pueblo y Otaza pasó a engrosar, en pleno siglo XX, la larga lista de mortuorios alaveses.

Parroquia de la desaparecida aldea de Otaza

Antes de su desaparición definitiva, las ruinas de su iglesia de San Emeterio y San Celedonio devolvieron, como en las viejas leyendas, una olla de barro con 5000 monedas de cobre bañadas en plata, que algún personaje anónimo había escondido en el siglo XIII y, por causas desconocidas, nunca llegó a recuperar. El "tesorillo de Otaza", de gran interés para historiógrafos, numismáticos y curiosos, se custodia y se exhibe actualmente en una sala del Museo Bibat de Vitoria-Gasteiz.

Ficha sobre el "Tesorillo de Otaza" en el Museo de Arqueología Bibat

Audio sobre el "Tesorillo de Otaza" en el Museo de Arqueología Bibat

En otro museo, en este caso el de Bellas Artes de Álava, entre las obras del artista vitoriano Ignacio Díaz Olano (1860-1937), es posible contemplar el cuadro titulado "Rezo del ángelus", cuyo boceto fue realizado por el pintor durante una visita a Estarrona en verano de 1899; como fondo de la escena rural, que muestra una pareja de bueyes detenida en plena labor mientras los aldeanos cumplen con sus rezos, se recortan contra el azul los inconfundibles perfiles de las peñas de Anboto y Orixol.

El Rezo del ángelus - Ignacio Díaz Olano

Antes de abandonar el cerro y la aldea de Estarrona, la curiosidad nos acerca a su rústica ermita dedicada a Nuestra Señora del Olmo (s.XVII), que cuenta con leyenda recurrente sobre la aparición de una talla de la virgen y su terco empeño en elegir el emplazamiento para la construcción del templo, en la ladera oriental del cerro; Gerardo López de Guereñu, en su obra "Alava, solar de arte y de fe" (Imprenta Hijos de Iturbe. Vitoria, 1962), comenta al respecto:

"En el mismo pueblo tenemos esta ermita, sencillo edificio levantado al lado del olmo donde se apareció la imagen de la Virgen; un trozo de árbol recogido al derribarse el olmo de la aparición, estuvo muchos años en la ventana del ábside, delante de la cual se halla colocada Nuestra Señora. La tradición asegura que la efigie, fue primeramente trasladada a la iglesia, pero, milagrosamente, volvía al lugar de su visión, por lo que allí se levantó la santa casa que le sirve de cobijo."

Ermita NªSª del Olmo hacia 1960

El sitio del olmo que dio nombre a la ermita lo ocupa actualmente un corpulento castaño de indias, que ya mostraba buen porte en algunas fotos realizadas por el propio Gerardo López de Guereñu datadas en torno a 1960. Desde una ventana de la ermita es visible la silueta de la talla de la virgen del Olmo, que luce una larga (y algo siniestra) melena de cabello natural.

Desde Mendoza

La propuesta consiste en una entretenida ruta circular por pistas de parcelaria, con cortos tramos de asfalto y alguno de senda, visitando algunos de los feudos medievales de los Hurtado de Mendoza, con un recorrido entre Mendoza, Estarrona y su cerro, Uribarri-Dibiña y Martioda, y regreso al punto de inicio por la antigua Mendibil, cuna del linaje en la Llanada; con 11 km de longitud, unas 3 horas de duración y prácticamente llano (salvo los cortos repechos para coronar el Cerro de Estarrona y el resto de pueblos, todos ellos situados en pequeños altozanos), es un itinerario adecuado para marcha nórdica o para realizar con peques algo acostumbrados a caminar; hay fuentes de agua potable en los cuatro núcleos rurales.

Desde la Torre de los Hurtado de Mendoza, en la villa homónima (505 m), se cruza el puente sobre el río Laña y, dejando a la izquierda la espadaña de la antigua ermita de San Martín, se continúa por el corto ramal asfaltado (SE) hasta la carretera de Trespuentes. Cruzamos el asfalto y seguimos recto entre campos de cereales por la parcelaria hasta salvar el cauce del Zaia, festoneado de fresnos, alisos, álamos y sauces; poco después, la pista gira 90º a la izquierda y encara una larga recta (NE) en dirección a la localidad de Estarrona, visible al fondo.

Cerro de Estarrona - Mapa de la ruta propuesta

El ascenso al Cerro de Estarrona (542 m) consiste en un simple callejeo en suave pendiente entre las casas del pueblo, hasta alcanzar, tras el desangelado recinto donde antaño se alzaba la Torre de los Hurtado, la monumental iglesia de San Andrés, situada en lo más alto de la colina, rodeada de una amplia zona ajardinada plantada de nogales. Detrás del templo, sobre la ladera N del cerro, se erige el vértice geodésico que el IGN denomina Cuesta de Estarrona, con vistas despejadas a la sierra de Arrato y su piedemonte; para otear las instalaciones del aeropuerto de Foronda, hay que desplazarse al otro extremo de la meseta cimera.

Buscando los pasos entre las casas por la ladera oriental, pasamos junto a la sencilla ermita de Nuestra Señora del Olmo, con su rústico campanil, y descendemos a la carretera procedente de Ali-Gobeo, que tomamos a la izquierda en dirección a los Huetos. Al llegar al cauce del Zaia, abandonamos el asfalto por una parcelaria a la derecha y seguimos un breve tramo junto al río, hasta localizar el puentecillo que lo salva. Nueva recta prolongada, que cruza la carretera de Foronda y enfila hacia la aldea de Uribarri-Dibiña, encaramada en un altozano; interesante visitar su parroquial de la Asunción, con restos románicos, y el curioso recinto que la rodea.

En el extremo W del pueblo hay que localizar el camino, a tramos invadido por las hierbas, que se dirige, bordeando por el S las lomas de Urikalde (586 m), hacia la visible Martioda. Al tocar la carretera, seguimos unos metros a la derecha, en dirección a los Huetos, y tomamos a la izquierda un ramal que trepa en breve y fuerte repecho hasta el mínimo núcleo de Martioda, donde la impresionante Torre de los Hurtado de Mendoza, en pleno proceso de restauración, empequeñece incluso a la propia iglesia de San Juan Evangelista, blasonada en sus contrafuertes con las armas del linaje feudal.

Un camino rural asfaltado, entre campos de cereal, patata y remolacha, nos devuelve a Mendoza. En el antiguo núcleo de Mendibil, próxima a su parroquial de San Esteban, se conserva, muy reformada, la primigenia torre en la comarca de los Hurtado de Mendoza. En el callejeo hacia el imponente castillo donde iniciamos la ruta, antigua sede del Museo de Heráldica de Alava, pasaremos junto a la vieja picota o rollo jurisdiccional (s.XVI), símbolo del señorío real, donde se impartía justicia a los reos.

Acceso: Mendoza (45 min)

Catálogos

Imágenes

Tracks

Comentarios

  • item-iconLuis Astola Fernández
    El 9 de junio de 2020

    Me alegro mucho y te lo agradezco, Fernando; un abrazo

  • item-iconFernando Zabaleta
    El 9 de junio de 2020

    Luis, lo conocía por haber estado fisicamente y ahora con tu magnifica reseña lo conozco mucho mejor. Gracias