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Monterredondo (911 m)

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Luis Astola Fernández
Fecha Alta
16/06/2020
Modificado
16/06/2020
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La umbría de la sierra de Artzena, al pie de la recortada cadena principal donde se alzan cumbres tan clásicas como Cueto (1362 m), Mota (1319 m) o Batxikabo (1200 m), es una extensa superficie forestal donde predominan los pinares de pino albar, intercalados con grupos de marojos, hayas, encinas y quejigos. De este inmenso bosque emergen algunos voluminosos cerros cubiertos de arbolado -Costoria (1024 m), Alto del Pozo (983 m), Barrendón (1138 m)-, entre los que se encuentra Monterredondo (911 m), algo más modesto que los anteriores pero con entidad suficiente para no pasar desapercibido.

Esta montaña curvilínea, perfectamente identificable desde Nograro, se levanta en la cabecera de la divisoria hidrográfica entre los barrancos Cortesancho y La Chorrilla, que unidos forman el arroyo de Nograro, tributario del Omecillo en Villanueva de Valdegovía. Se trata de montañas de horizontes muy limitados por el arbolado, recorridas por cómodas pistas forestales de suaves desniveles y cerradas al paso de vehículos no autorizados, perfectas para recorrer en bicicleta de montaña o para realizar largas travesías con bastones, inmersos en un magnífico ambiente forestal.

A la hora de asignar a Monterredondo la altitud más correcta posible, encontramos cierto baile de cifras según las fuentes consultadas. El IGN, que lo denomina Monte Redondo, sitúa la cota cimera a 921 m, mientras que la cartografía de la DFA la rebaja a 901 m; consultado el visor de Iberpix, le asigna 911 m, que parece coincidir con las curvas de nivel que muestra el mapa de GeoEuskadi, aunque este último no lo acota; nuestra propia medición en la cima daba una lectura de 914 m.

Desde Nograro

Cómodo paseo desde este pueblo remoto y tranquilo del valle de Gaubea, donde a duras penas se mantiene en pie la preciosa Torre de los Salazar (s.XIV), señores de Nograro, de Valdegovía y de las Encartaciones durante el medievo; varios caserones de recia planta en torno a la parroquial de Santa María, templo de líneas armoniosas enclavado en un pequeño altozano, completan la estampa de este encantador núcleo rural escondido entre montañas, distante 3,5 km de Villanueva de Valdegovía.

Desde el aparcamiento situado al W de Nograro (665 m), se ascienden las revueltas hasta la torre medieval y se continúa medio kilómetro por la carreterilla que se dirige a Kexo/Quejo, donde se inicia a la izquierda del asfalto un amplio camino forestal cerrado al tránsito de vehículos no autorizados, con un depósito de aguas cercano. El carretil, de cómodo caminar, gana altura suavemente por el flanco oriental del Alto del Pozo, dejando a la izquierda el selvático barranco del arroyo Nograro, donde se adivinan algunos restos del antiguo camino carretero, desmantelado al construir la pista.

En la cabecera del barranco Cortesancho, en un amplio rellano en torno a los 800 metros de altitud, la pista se bifurca en dos ramales de idéntica categoría. El de la derecha, que se dirige de vuelta a Quejo rodeando el Alto del Pozo (983 m), permitiría aproximarse a la senda que asciende a Cueto (1362 m) por el hermoso portillo de Nograro; en esta ocasión, por el contrario, seguimos brevemente el ramal de la izquierda.

Enseguida surge a la izquierda, ya en la ladera occidental de Monterredondo (911 m), un ancho camino maderero con evidencias de recientes labores de entresaca en el pinar, que seguimos en ascenso; todo el cerro está surcado por una maraña de caminos concéntricos, destinados a facilitar los trabajos y el tránsito de la maquinaria forestal pero, precisamente por ello, poco útiles para alcanzar la cima.

Por tanto, la opción más práctica consiste en elegir el momento para abandonar el camino y cortar la pendiente directamente, sin rastro de sendero, con una legión de garrapatas acechando entre los helechos que, inevitablemente, debemos atravesar hasta alcanzar la cumbrera, donde los rebollos acaban imponiéndose a los pinos. La cima de Monterredondo (911 m), privada de panorámicas, se localiza sin dificultad en el extremo más septentrional del cerro, donde levantamos un pequeño hito.

La proliferación de garrapatas en el sotobosque desaconseja aventurarse por terreno virgen más tiempo del estrictamente necesario, por lo que la opción de vuelta más prudente pasa por regresar a la pista seguida en el ascenso.

Acceso: Nograro (1 h)

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