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Peñe Villa (429 m) es una cota individualizada y airosa, estribación meridional de la sierra de Escapa, que se alza sobre la ribera derecha del río Zardón; recibe el nombre de la recoleta localidad de Villa, lugar de la parroquia de Margolles en el concejo de Cangas de Onís que recoge su apiñado caserío en un rellano de su vertiente norte.
Montaña de empinadas laderas, en el pasado cubiertas de pastos y actualmente invadidas por punzantes cotoyas, que avanzan de manera inexorable ante el descenso de la carga ganadera como consecuencia del despoblamiento y el envejecimiento progresivo de la población rural y el consiguiente abandono de las actividades tradicionales que mantenían limpios montes y caminos.
Precisamente la presunción sobre la ausencia de caminos transitables en torno a Peña Villa, unido a la nula información existente sobre rutas de ascenso a esta montaña, nos llevó a improvisar sobre el mapa un itinerario lo más breve y lógico posible, para intentar lograr la cumbre sin caer en insalvables emboscadas vegetales, siempre dolorosas y generalmente poco satisfactorias; sobre el terreno, la ruta planeada precisó alguna ligera modificación, pero permitió, no sin sufrir más de un zarpazo, coronar sin grandes contratiempos la cumbre de Peñe Villa (429 m).
A Peña Villa por San Tirso de la Ortigosa, desde el Colláu La Puente
Entre Peñe Parda (508 m) y Peñe Villa (429 m) el río Zardón, nacido pocos kilómetros atrás sobre la aldea de Igena, se estrecha en una vaguada angosta a cuya salida se asientan el molino y las cuatro casas de Les Canaliegues; la carreteruca procedente de la N-634 desde La Tiendona por Peruyes corre a partir de este punto en paralelo al curso fluvial en dirección a las aldeas y lugares de la parroquia canguesa de Zardón, para enlazar con el km 6,5 de la vía AS-340 que comunica Corao (Cangas de Onís) con Nueva (Llanes) por los altos de Igena y Riensena; datos a tener en cuenta para situarse en un intrincado territorio montañoso, visitado frecuentemente por las nieblas y recorrido por caminos rurales y pistas asfaltadas estrechas y mal señalizadas, hasta el punto de existir carteles del Ayuntamiento de Cangas de Onís que recomiendan prestar atención a los datos del gps para no extraviarse por estos vericuetos.
Tras las últimas casas de Peruyes, la carretera se bifurca a la derecha en dirección a Parda y, a la izquierda, hacia Les Canaliegues, Santianes de Ola, Zardón e Igena. Tomando este último ramal, pista rural sinuosa y estrecha, se alcanza en 1,5 km las caserías de Les Canaliegues y, 1 km más adelante, una nueva bifurcación. Una señal de chapa indica a la derecha la dirección al Molín de Mingo, mientras que una casi invisible tablilla de madera anuncia que por la izquierda se encuentra Santianes de Ola; siguiendo este vial en ascenso durante 700 metros se corona el lugar conocido como Colláu La Puente (163 m), donde se alza una torre del tendido eléctrico y una solitaria casona, con espacio para aparcar.
Dejando la cinta asfaltada que se dirige a Santianes de Ola y Zardón, tomamos a la izquierda la pista señalizada a San Tirso de la Ortigosa, umbrío carretil de tierra que llanea a la sombra de castaños, rebollos y fresnos y asciende luego en breve repecho hasta el mínimo lugar de San Tirso, Santirsu o Santiso (0,10), compuesto por un reducido grupo de casonas, algunas de buena factura. La pista finaliza de manera abrupta y empinada junto al hórreo de la última casa y tiene continuación por un viejo camino empedrado que, en cuatro pasos, deja a la derecha la maltrecha ermita de San Tirso; pequeño y rústico edificio de piedra, probablemente datable en el siglo XVIII, que conserva aún un airoso arco adovelado apoyado sobre breves cornisas.
A la altura de la capilla, el camino principal se adentra en un prado protegido con pastor eléctrico, que encontramos conectado a la batería y sin paso habilitado; por este motivo, preferimos tomar a la izquierda un viejo sendero, con un jergón por cancilla, que salva el arroyuelo San Tirso, pasa junto a un arruinado caserón y, tras cruzar un inofensivo cierre de cuerdas, continúa en paralelo al arroyo por terreno cada vez más cerrado por falta de uso.
Para evitarlo, en cuanto tropezamos con un rodalillo de castaños y robles, encaramos la empinada pendiente siguiendo una difusa trocha de ganado que salva un tramo de árgomas y, siempre junto a la línea de árboles, alcanza una pista herbosa (0,25), probablemente procedente del prado defendido por el pastor eléctrico, en lo que identificamos como Colláu San Tirso (286 m); el camino se pierde hacia la ladera norte de Peña Villa, aparentemente en dirección a Villa, aunque no podemos confirmar si resulta transitable hasta ese lugar.
Desde el collado, queda remontar al W, por terreno enmarañado, de piso incómodo y bastante cerrado por las cotoyas, la cresta oriental de Peña Villa, siguiendo las huellas de paso, apenas intuidas, de las escasas vacas y yeguas que se aventuran por estos andurriales; el día que el ganado deje de visitar estos abandonados pastos, las árgomas y las zarzas tornarán prácticamente inaccesible la montaña.
Tras la dura y penosa brega, se corona la crestilla caliza de Peñe Villa (429 m) (0,45), magnífico mirador sobre las montañas de este desconocido rincón del oriente asturiano, prácticamente inédito a pesar de su proximidad a lugares tan turísticos y tumultuosos como Covadonga, Cangas de Onís, Arriondas, el río Sella o Ribadesella; al alcance de la mano las sierras de Cuana, Escapa y Ordiales hasta Mofrechu (900 m), la afilada Peñe Corigos (559 m), las siluetas sugerentes de Peñe Manil (509 m) y Pico Tresanu o Carroceo (554 m), el cordal del Picu Arbolín (576 m), Peñe Parda (508 m), Castilléu (544 m) o el más lejano macizo del Sueve.
Por la misma ruta reseñada regresamos a Peruyes, donde una placa proclama la declaración a título póstumo de Juan Antonio Cabezas (1900-1993), nacido en el lugar, como hijo predilecto del concejo de Cangas de Onís. Insigne periodista y escritor, condenado a muerte por el régimen franquista en 1938 por sus colaboraciones en el diario socialista "Avance", tras ganar un concurso periodístico convocado entre los reclusos fue trasladado a la prisión de Vitoria, se le conmutó la pena y acabó siendo indultado en 1944. Entre muchas otras obras es autor de "La montaña rebelde", premio Gabriel Miró en 1959; la novela, ambientada en las montañas de Somiedo durante la Guerra Civil del 36, fue llevada al cine con el mismo título por el director Ramón Torrado (1971).
Acceso: Colláu La Puente (45 min)
