Ir arriba

Peña Moya (954 m)

remove-icon
Javier Urrutia
Fecha Alta
01/01/2001
Modificado
30/12/2017
40

Las Peñas de Viguera elevan sus verticales paredes rojizas sobre ambas orillas del río Iregua. Sin embargo, es sobre la orilla derecha donde se encuentran las cumbres más destacables, que, además, resultan visibles desde el valle: Peña Bajenza ( 941 m ) y Castillo de Viguera ( 1.049 m ). En la orilla opuesta encontramos un conjunto de cerros que si bien se dejan desplomar, en último término, sobre Islallana ( 560 m ) no se insinuan tanto como las anteriores, permaneciendo ocultas desde el valle. Estas elevaciones son, en realidad, un apéndice de la sierra de Moncalvillo, si bien, por su constitución, también se pueden englobar dentro de las citadas peñas de Viguera. Hablamos de Peña Moya ( 954 m ), la altura más relevante, no así la más elevada, Cerro los Cantos ( 947 m ), al lado de la anterior, y Las Guardias ( 961 m ).

La vertiente S., entorno a la población de Sorzano ( 719 m ), no permite descubrir la variedad y gran complejidad del pequeño macizo conglomeralítico de Peña Moya. Sin embargo, es posible descubrir intrincados barrancos, tan angostos, que ni siquiera la cartografía llega a resolver. El barranco de los Infiernos se encuentra delimitado por paredes totalmente verticales y es tan angosto en algunos tramos que es posible tocar sus dos paredes con ambas manos, el barranco de Peña Rota es una grieta sinuosa y sumamente estrecha que ni siquiera permite apreciar el cielo desde su fondo, el barranco del Badén, constituye la confluencia principal de los citados anteriormente y de otros similares. La distribución de escarpados cerros de conglomerado al SE de Las Guardias ( 961 m ) es fenomenal y dibuja un panorama sorprendente y desconocido.

Desde Sorzano

Desde Sorzano ( 719 m ) la ascensión a este monte es muy simple. Se sale del pueblo por un camino que deja una granja a la izquierda y, más adelante, un abandonadísimo campo de fútbol. El camino sigue al SW con Peña Moya ( 954 m ) perfectamente visible en el horizonte, con un corro de encinas en la cúspide. Al rato se cruzará una valla y tendremos dos variantes para conseguir la cima. La primera es seguir por el camino hasta el Portillo de Tienes ( 893 m ), y por la izquierda continuar hasta justo debajo de la cumbre, para abandonarlo casi al final, y seguir derecho a la cúspide de la Peña Moya ( 954 m ). La segunda opción es tomar en la valla el cortafuegos que allí mismo tiene su inicio y que conduce a la cima tras atravesar dos barrancos, el de la Fuente de tío Emeterio y el Hoyo de los Abares.

En Sorzano está la ermita de la Virgen del Roble. También se han encontrado varios asentamientos neolíticos y de la edad de los metales en su término. Bajo la Peña Moya y destruido por el cortafuegos antes citado existió un cementerio romano del s. IV. En él se encontró una moneda de Oro en la boca de un esqueleto. Quizás lo más conocido de Soriano es la tradición de “La procesión de las Doncellas”. En ella se conmemora la victoria de los cristianos sobre los moros en Clavijo. Gracias a la misma se dejó de tributar al califato de Córdoba, Cien Doncellas. En la procesión, cien jóvenes acuden a la ermita de la virgen del Roble ataviadas con blancos vestidos y flores…

Desde Castañares de las Cuevas

En Castañares de las Cuevas ( 690 m ), el camino de Sorzano aparece cerrado con un portillo. Aunque hay indicaciones de "Propiedad privada", no suele haber pegas para tomarlo y comenzar a remontar el barranco de Pavía, que, enseguida muestra su paso más angosto al abrirse paso entre las murallas de conglomerado. Avanzando después por terreno más abierto, se deja un corral algo apartado a la derecha ( 740 m ), y se continúa hasta el portillo de Tienes ( 893 m ). En este punto giramos a la derecha y, poco después, abandonamos el camino que contornea la montaña para alcanzar directamente la cumbre de Peña Moya ( 954 m ).

Barranco de los Infiernos (T3)

Situados en la cumbre de Peña Moya ( 954 m ) podemos descender por el barranco de Los Infiernos, una grieta profunda, estrecha y exhuberante delimitada por paredes verticales.

Descendemos (E) al collado ( 918 m ) que nos separa del Cerro de los Cantos ( 941 m ), y una vez en su cima, comenzamos a perder altura, primero al S., y luego al SE, por la cresta divisoria hasta alcanzar una leve escotadura ( 847 m ). Este punto consitituye la salida del barranco de los Infiernos.

Al penetrar en él, aparece una rampa terrosa muy pronunciada. Aunque algunos árboles facilitan su destrepe, en este punto se suele hacer uso de cuerda a modo de pasamanos para mayor seguridad. Si el terreno esta embarrado es poco menos que imprescindible. Por si no se encuentrase la cuerda fija instalada, es interesante llevar una de 60 m., fijarla a una encina y descender con ella la primera treintena de metros, permitiendo, de este modo, una cómoda recuperación de la misma.

Tras la rampa más pronunciada, se sigue la hendidura, que permite el paso de una persona. Más abajo aparece un breve resalte de unos 5 m. que también suele encontrarse equipado con cuerda anclada a spits. Luego el descenso se hace cada ver menos pronunciado hasta salir al barranco del Badén ( 730 m), muy cerca de su angosto estrechamiento, en el que existe un corral. Desde este lugar podemos tomar el camino que pasando frente al citado corral sale a la carretera a la altura del Túnel de Viguera ( 600 m ). Este es el punto idóneo para realizar el itinerario inverso, a Peña Moya por el barranco de los Infiernos.

Barranco de Peña Rota y enlace con el portillo de Tienes

Desde el inicio del barranco del Badén ( 730 m ), accesible bien desde el Túnel de Viguera ( 600 m ), bien tras el descenso del barranco de los Infiernos, podemos pasar a reconocer este curioso cañón. Se trata de una grieta muy estrecha y con un trazado sinuoso desligando el gran bloque rocoso de Peña Rota ( 886 m ).

Remontando el barranco del Badén ( balizaje con marcas naranja ), alcanzamos antes de unos grandes bloques rocosos, una pequeña desviación a la izquierda ( sendero ), que se desliza al interior del barranco. Su desarrollo es horizontal y más profundo de lo que parece. Al final termina en un rebaladizo tobogán.

De retorno al sendero balizado del barranco del Badén, las marcas nos guían por los bloques de Peñas Juntas al portillo de Tienes ( 893 m ), lo que permite completar un itinerario circular con inicio y final en Sorzano, a través de los barrancos de Los Infiernos, Badén y Peña Rota.

Accesos: Sorzano ( 50 min ); Castañares ( 1h ).

Catálogos

Imágenes

Comentarios

  • item-iconFrancisco Oteo Vazquez
    El 16 de febrero de 2019

    15/02/2019  Peña Moya por Barranco del Badén.

    Fría mañana de febrero, con importante helada en las zonas más umbrías. Raudo, el sol se ha hecho con la situación, deparando en poco rato un magnífico día. La idea es hacer un recorrido circular por los barrancos próximos a la localidad de Islallana, que incluya  el monte de referencia (Peña Moya, 954 m.).

    Iniciamos el recorrido en la entrada del Barranco del Badén,(600 m.) a unos cientos de metros del Tunel de Viguera, en la N-111, Logroño a Soria. Pasamos un olivar y una pequeña granja, y nos adentramos en el barranco. La senda está perfectamente definida, y en principio va pegada al farallòn rocoso que está a nuestra derecha. Los pequeños arroyos que descienden del monte Serradero, han labrado un pasisaje de profundos barrancos a modo de pequeños cañones sobre la base de los conglomerados oligo-miocenos de borde de cuenca, caracterizados por enormes bloques de cantos rodados, envueltos en una matriz silícea. El fondo del barranco permanece muchas veces en oscuridad, pues las paredes verticales que lo flanquean, apenas dejan pasar la luz solar. El astro rey ilumina las partes mas elevadas de los bloques rocosos, dándoles un característico color  meloso amarillento. La vegetación es la propia de las riberas, con fresnos, avellanos y alisos, además de unos sorprendentes chopos negrales, que se alzan enhiestos, derechos como velas buscando el límpido cielo azul de la mañana. La senda se estrecha, y en ocasiones aprovecha el cauce del arroyo, seco en muchos de sus tramos, normalmente por infiltración de su escaso caudal entre las rocas del lecho. 

    A lo largo del recorrido existen algunas derivaciones a ambos lados, traducidas en pequeños barrancos de tramo corto , pero difíciles de recorrer por la intrincada vegetación y la falta de apoyos en unas paredes laterales excesivamente pendientes. Así ocurre con el Barranco del Infierno, especialmente difícil de recorrer un día como hoy, debido a que las recientes nieves han quebrado pequeños árboles y arbustos, dejando la pequeña senda difícilmente practicable. Seguimos pues el sendero que recorre el barranco principal, y  que continúa encajado entre los enormes bloques rocosos de majestuosa verticalidad.  Llegamos a uno de los puntos mas espectaculares del recorrido. Le dicen "La Cueva", aunque en realidad es un gigantesco arco labrado en la roca, por cuyo fondo discurre el arroyo causante de la erosión que ha propiciado este bonito fenómeno geológico.  Pasado este paraje, la ruta va por el lecho del arroyo durante un breve trecho, hasta que la senda tuerce a la izquierda, y se hace más escarpada hasta alcanzar un pequeño portillo. Esta es la indicación del fin del Barranco, pues a partir de aquí el terreno se hace mas llano,  despejado y salpicado de encinas y pinos de repoblación.

    Caminamos unos cientos de metros por una pista en dirección Norte hasta dar vistas al pueblo de Sorzano. Atravesamos la consabida alambrada, esta vez sin poder hacerlo por la portilla del ganado debido a su mal estado, y giramos hacia la derecha 90º para ascender por un breve pero pendiente cortafuegos que nos lleva derechos a la cima, 954 m. (1 h.15’)., identificable por un pequeño rodete de encinas carrascas. Para el descenso, tomamos la senda paralela a la alambrada que discurre en dirección Este, y tras un breve trayecto alcanzamos la pequeña cota del Cerro de los Cantos (942m.)

    En este lugar tengo la agradable sorpresa de coincidir con José Miguel (Chemi), un avezado montañero y caminante que se vino, según me cuenta, de su Llodio natal   hace cuarenta años, para acabar asentado en esta tierra. Conoce todos los montes del entorno, y me sirve de ayuda para buscar el camino de descenso. Además me informa de varios recorridos en las proximidades, que prometen buenas sensaciones. Le acompaña su fiel perrita viajera, curtida en mil travesías, pues no en vano Chemi ha hecho el Camino de Santiago nada menos que 11 veces, en todas sus modalidades y rutas posibles. Resulta agradable tropezar a gente en el monte, con la que conversar, y si es el caso compartir trago y bocado. Con la desesperante despoblación que afecta a las Sierras de la Rioja, al igual que al resto del espacio natural de la Cordillera Ibérica, resulta cada vez mas difícil encontrarse con sus gentes en este ambiente que siempre fue su medio de sustento, ya fuese en labores de pastoreo, cuidado del ganado o en las múltiples formas de actividad silvícola (carboneo, aprovechamiento de leñas, tala de bosques, etc.). A esto hay que añadir, que tampoco es habitual encontrarse con simples excursionistas, pues no es esta tierra de aficionados al montañismo, al contrario de lo que ocurre en  las vecinas tierras vascas, en las que el excursionismo y sus hermanos mayores, montañismo y alpinismo son casi una religión.

    Para descencer desde este último cerro, continuamos por la citada  senda paralela a la alambrada, trazada en la divisoria del Barranco Cajigal y el Barranco Berrendo, hasta alcanzar la carretera N-111. El descenso es ocasión perfecta para disfrutar de las vistas hacia las denominadas popularmente Peñas de Islallana y Viguera, destacando imponentes, como gigantescas puertas pétreas a traves de las cuales penetra el rio Iregua en la feraz tierra riojana. Este conjunto supone una de las postales más características y conocidas de nuestra geografía, con similares perspectivas en sus formaciones geológicas a los relieves montserratinos catalanes o  los Mallos de Riglos en Aragón, sin olvidarnos de sus hermanas riojanas Peñas de Anguiano, Matute y  Tobía.

    El retorno al punto de inicio del recorrido nos plantea una pequeña dificultad, pues la ruta mas corta es la que nos llevaría de vuelta por la citada carretera. Como esta opción es altamente desaconsejable, debido al estrecho arcén y  denso tráfico, lo más oportuno será cruzar la carretera hasta llegar al puente sin pretiles sobre el rio Iregua.  Pasado éste continuamos  a la derecha por un buen camino que discurre bajo las peñas, y entre las huertas y pequeñas casas de campo que colonizan el valle. Una vez que el camino llega a una roca que forma una gran visera, cruzamos el arroyo que viene del pueblo de Viguera, y abandonamos el camino inicial para girar a la derecha hasta llegar a una estación de captación de aguas. Una pequeña senda nos conducirá a contracorriente por la margen del río, con preciosos rincones donde las aguas del deshielo juguetean con las enormes piedras que ocupan el lecho fluvial, entre hermosas arboledas con ramas ya cuajadas de brotes que presienten la llegada próxima de la primavera. Incluso alguna pequeña violeta asoma tímidamente en los rincones mas soleados y protegidos de la ribera. Pasados un par de kilómetros, llegamos a uno de los puntos mas interesantes del recorrido, cuando nos damos de bruces con el espectacular Puente Medieval de Viguera. Aunque le dicen “Romano”, como a casi todas las cosas antiguas de nuestra península,  parece ser que es efectivamente de origen medieval. Consta de un gran ojo central de arco apuntado, y dos laterales mas pequeños en forma de arco de medio punto, construido en sillar y sillarejo de piedra caliza. No quiero dejar escapar un detalle acerca del río que discurre bajo esta magnífica construcción, pues aunque su nombre oficial es “Rio Iregua”, los naturales y conocedores de la zona le otorgan su propia denominación:  “La Iregua”, en femenino.

    Cruzado el puente, llegamos a la “Venta de la Paula”  situada al borde de la carretera general.  Desde este punto no tenemos mas opción que continuar por el arcén de la carretera, ya que no existe recorrido alternativo, y en diez minutos habremos llegado a nuestro punto inicial en el Barranco del Badén, poniendo fin a este  ameno, variado y hermoso paseo (3 h.).