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El topónimo San Formerio parece tener relación con alguna antigua ermita, aunque es dudosa su atribución a esta altura, por otro lado bien diferenciada, de los montes Obarenes. El nombre propio de la cima parece ser mas bien La Muela, tal y como se refleja en el trabjo de Ignacio Alonso Martínez sobre la Cuevas de Herrera.
Desde Bilibio (T2)
Iniciamos la marcha en el amplio parking (540 m) al pie de los riscos de Bilibio (633 m), cruzando por un paso elevado la autopista vasco-aragonesa y tomando el carril de la derecha. A los pocos metros de su inicio, seguir por la izquierda, trazando la curva de la pista, dejando de frente el camino por el que discurre la senda del Ebro ( GR-99). Podemos permanecer en la pista o acortar la curva siguiente, pero en el siguiente desvío (605 m), debemos abandonarla para continuar por un nuevo camino a la derecha que cruza un portillo (648 m) entre la ccota (706 m) y la cota (663 m).
Este camino continua al NW y enlaza con unas amplias campas (590 m). Tras girar a la izquierda (W) tomar un sendero que surge a la derecha (N) y luego enfila (W) al portillo (606 m) al S. de la cumbre de La Muela (692 m). Unos 200 m. nos separan de la cima, pero una ladera cubierta por coscojas, bojes y romeros, entre otros matos, nos separan de la cumbre, en cuya parte superior es rocosa.
Aunque es difícil de descubrir, especialmente en el itinerario de subida, existe una antigua huidiza senda que intenta que su trazado perviva entre la selva. La cumbre es interesante y el paso futuro de montañeros puede servir para recuperar la traza. El inicio de ese sendero es difícil de localizar en su inicio, pero parte del collado, de su parte más alta (606 m). Se dirige rectilíneo (N) ligeramente a la derecha de la cumbre, hacia un puntiagudo pilón rocoso situado bajo la cima. Al situarse bajo al roca, cruza transversal la ladera en dirección a un hombro en el extremo izquierdo, al pie de la pequeña pared rocosa que nos separa de la cima, donde finaliza la vereda. Para coronar la cumbre deberemos superar el resalte, sin demasiadas dificultades por el lado izquierdo, ayudados en parte por los matos (686 m).
En el regreso realizaremos el itinerario inverso hacia el collado. Si no hemos encontrado el rastro en la subida, seguramente sí que daremos con él ahora. Una vez en el portillo (606 m), alargaremos el itinerario visitando el entorno de Herrera. Para ello, perdemos altura (W) para salir a una campa cercana a la fuente del Pucherillo, uniéndonos a un camino ancho que por la derecha nos va a conducir a las antiguas explotaciones salineras de Herrera.
Las salinas de Herrera han tenido, en el pasado una gran importancia y ya aparecen citadas en el s.XI. Mediante unos pozos perforados en el suelo se accede a las betas salinas. Las aguas del arroyo Aguanales, que nace en el mismo monasterio de Herrera, carecen de salinidad, penetran en estos pozos y disuelven la sal, de tal manera que tras su extracción se extienden sobre eras horizontales, donde la evaporación del líquido da lugar a las deposiciones salinas.
Aunque la industria más importante del valle de Herrera ha sido la sal, su nombre tiene que ver, en cambio, con el Hierro. Junto a las salinas existen minas que también han sido objeto de explotación por el hombre. Herrera, antiguamente Olhaerrea fue una aldea, e incluye las voces Ola (Ferrería) y erre (quemar), lo que literalmente nos lleva a los hornos donde se funde el mineral para poder extraer el metal. La relación de este lugar con la minería del hierro sería, por tanto, anterior incluso a la fundación del monasterio. Sin embargo, los investigadores coinciden que la metalurgía no fue tan relevante con la salinera.
Cerca del monasterio se encuentran cuevas artificiales. La monografía de Ignacio Alonso Martínez, "Las Cuevas de Herrera y su Entorno", arrojan luz sobre la finalidad de estas grutas, indicando que (pág.33):
"Las cuevas junto al monasterio pudieron tener alguna relación con dicha actividad, no como explotación minera ni como punto de fundición. Quizás como habitáculo o ergástulo de esclavos o siervos que trabajaron en las minas o en hornos y carboneras, así como en la sal. Las cuevas de arriba han tenido desde muy antiguo condición de iglesia de una rica arquitectura: podría ser que las de abajo albergasen a los mineros y ferrones en lugar de eremitas o cenobitas, al menos durante algún período de su historia."
y en la pág. 64:
"Además de las cuevas nos consta, como hemos visto antes, que hubo un pueblo que pagaba, por ser alavés, el tributo de la reja a San Millán de la Cogolla, llamado Olhaerrea, asociado al hierro. Bien podría ser que los habitantes de las cuevas fueran la población primera del lugar y se dedicaran a la actividad siderúrgica y salinera."
El Monasterio de Santa María la Real de Herrera, acoge en la actualidad una de las pocas Camáldulas que quedan en el mundo. Los monjes camaldulenses optan por un modo de vida intermedio entre la soledad y renuncia material que proporciona la ascética y la vida comunitario o cenobitismo de los monasterios. Los monjes benedictinos que siguen este modelo, viven en celdas individuales donde practican el eremitismo, pero dentro del recinto de un monasterio donde comparten oficios religiosos. Hoy en día, sólo quedan en el mundo nueve camáldulas. El yermo de Herrera es el único en España.
Accesos: Bilibio (45 min).
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Haro- San Felices-San Formerio-San Felices5,458,057 525 525
