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Mulleiroso (1.254 m)

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Joseba Astola Fernandez
Fecha Alta
22/01/2016
Modificado
22/01/2016
4

Importante montaña del oeste asturiano, el Mulleiroso (Mutseiroso) constituye el punto más elevado de todo el cuadrante noroccidental del Principado, desde los Conceyus limítrofes con Galicia hasta los de Valdés y Tinéu (Tineo), perteneciendo a este último.

A primera vista, la denominación de esta montaña evoca  alguna relación con el género femenino (mutser, mucher, muyer, mujer). Sin embargo, al parecer, el origen toponímico podría provenir del latín mollem (terreno blando, enfangado, que se deshace)  o hacer referencia a monte lleroso, de lleras, es decir, terreno de piedra suelta, guardando ambas acepciones estrecha relación con las características geológicas de la montaña. Según escribe el filólogo asturiano Xulio Concepción, “Toda la zona del Mutseiroso es de piedra arenisca menuda, grava, un tanto grisácea, que se deshace en prolongados pedreros…”(†)

Hasta tiempos no tan lejanos testigo mudo del trasiego de los vaqueiros de alzada, cuya vida transcurría entre la cordillera astur-leonesa y las tierras cercanas al mar, hoy el Mulleiroso asiste irremediablemente al paulatino despoblamiento de las aldeas que, alguna vez, divisó plenas de vida desde su rocosa cumbre. El abandono de las labores agro-ganaderas de estos Conceyus occidentales, paradójicamente los más extensos en cuanto a superficie y los de más baja densidad por habitante de esta región única,  dibujan en el horizonte un futuro incierto para la comarca.

La ascensión al Mulleiroso permite contemplar un paisaje caracterizado por los vestigios de un pasado en el que hombres y mujeres vivían en concordancia con lo que la montaña les ofrecía. Hoy en día estos terrenos, que también han sufrido en su piel incendios y otras malas prácticas, se ven transformados por el inexorable paso del tiempo. Comprobaremos cómo  la naturaleza recobra lo que alguna vez prestó, vistiéndose de vegetación y cerrando el paso a sendas y caminos alguna vez trazados por la mano humana. Ello no es óbice para poder disfrutar aún de una subida cómoda y agradable, afortunadamente.

Para ello, partimos de Recorba, pequeña aldea diseminada perteneciente al Conceyu de Tinéu a la que se llega desde la carretera que, desde Luarca, se dirige a Pola de Allande, después de pasar pueblos como Navelgas (pueblo ejemplar de Asturias en 2003) y Riocastiello.

Al entrar en la población encontramos un lugar ancho para aparcar nuestro vehículo, si bien, el primer cuarto de hora de ascensión transcurre por la pista asfaltada que, con gran pendiente, llega hasta la casa más elevada. Antes de alcanzarla, pasaremos la pequeña y sencilla ermita de San Lorenzo, cuya titularidad comparten Recorba y Ceceda (lugares vecinos), nombres que se encuentran inscritos en la pared frontal. Veremos también una bonita y cuidada casa con un cartel en el que se lee la palabra “Cerámica”. Si lo deseamos, de un costado de esta vivienda parte un viejo, pindio y sombrío camino que ataja la carretera en un corto tramo.

Por cualquiera de las opciones elegidas llegamos, en unos quince minutos desde el comienzo, a la última y más elevada casa de Recorba, que cuenta con un bonito hórreo.

El asfalto da paso entonces a un viejo camino. Tras pasar una portilla que no es necesario abrir, ya que cuenta con paso acondicionado, la ruta va cogiendo rumbo  oeste, con suave desnivel, faldeando esta parte de la sierra de Abraniego, entre un paisaje de prados abandonados y brezales.  Tras dejar atrás unos robles de elegante porte, el camino pasa por encima de dos cortines, felizmente “vivos” todavía, separados unas decenas de metros el uno del otro. Encontramos un pequeño manantial entre ambos.

Nuestro camino prosigue en la misma dirección y, algo deteriorado pero siempre claro, realiza dos lazadas, una a derecha y otra a izquierda, hasta que llegamos a un cruce. La senda que continúa a la izquierda se dirige a una braña abandonada, convertida en una apetecible alfombra de mullida hierba. Sin embargo, en el cruce, debemos girar noventa grados a la derecha para continuar la ascensión y alcanzar el cordal en el lugar conocido como Chana Fontón, un amplio y, como su propio nombre indica, llano collado al que llega camino también desde La Cebedal, una pequeña aldea recostada bajo el Mulleiroso en la vertiente septentrional del pico.

La continuidad hasta la cumbre se dibuja claramente en el cordal. Dando la espalda a la modesta Pena Mosca (1.081 m.) y a la Chana Fontón, unas rodadas se dirigen (O.-SO.) hacia la inconfundible y elegante silueta de la montaña, a través de un amable y bonachón terreno de brezo bajo y pastizal. Tras superar dos insignificantes lomas afrontamos la dura rampa final valiéndonos de alguna tímida senda o monte a través, hasta que alcanzamos por fin las curiosas rocas que componen la cima.

Sobre un sorprendente mar de piedras sueltas encontramos el vértice geodésico, un viejo buzón verde y los restos de una cruz amarilla, además de unos grandes majanos y restos de muros. Como es de imaginar, las vistas que desde allí se obtienen en un día claro abarcan buena parte de la geografía occidental asturiana, destacando, por su cercanía, el Pico Abraniego (1.076 m.), situado al N. de nuestra posición.

Si pretendemos descender a Recorba por otra ruta, debemos tener en cuenta que el buen estado de algunos viejos caminos que hemos podido divisar durante la ascensión no está garantizado, a causa del abandono de las labores del monte y la proliferación de brezos y cotoyas.

Los cortines. Murallas de la miel.

Los cortines  del noroeste peninsular (también llamados  albarizas) son vistosas construcciones de piedra en seco que se caracterizan, generalmente, por ser circulares así como por la considerable altura de sus muros (entre 2´5 y 4 metros), en contraposición al pequeño tamaño de la puerta de entrada (a veces inexistente). Suelen estar rematados por un voladizo, tejadillo construido normalmente con pizarra, para proteger a los muros del deterioro provocado por la lluvia además de para dificultar el acceso a los plantígrados que intenten acceder trepando.

Comúnmente están orientados al sur, cerca de fuentes o cursos de agua y en lugares en pendiente, preferiblemente partes bajas, para facilitar el trabajo de las abejas cuando descienden al hogar cargadas de polen.

Los cortines servían (y, por fortuna, sirven aún algunos de ellos)  principalmente para proteger las colmenas de las tentaciones más golosas de osos y otros animales del bosque. En menor medida, la función de sus muros era la defender a abejas y miel de otros animales domésticos, inclemencias del tiempo (viento), incendios o, incluso, de las dulces apetencias de ladronzuelos anónimos...

Estas construcciones pueden encontrarse en el paisaje boscoso del occidente asturiano, así como en zonas montañosas de algunas provincias y comarcas del oeste peninsular (Os Ancares, O Courel, montaña leonesa y palentina, Salamanca, Cáceres, Serra do Xurés…). Muchos de ellos se encuentran abandonados o en mal estado de conservación, por lo cual,  sería deseable crear una figura de protección para estas interesantes construcciones, patrimonio  de la cultura apícola, tan ligada a los habitantes de estas singulares zonas montañosas.

Acceso: Recorba (2h30)

† Concepción Suárez, Julio. Diccionario etimológico de toponimia asturiana. Oviedo: KRK Ediciones, 2007.

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