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Cueto Oliva (1.431 m)

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Joseba Astola Fernandez
arrow-iconFecha Alta
05/04/2015
arrow-iconModificado
05/04/2015
Situado entre las comarcas del Bierzo (W), La Cepeda (S) y Omaña (N), y perteneciente a esta última, encontramos un oculto valle surcado de oeste a este por el río Valdesamario o Ponjos. Es éste un río truchero y limpio a pesar de haber sufrido en épocas pasadas las nefastas consecuencias de los vertidos mineros de carbón y azufre. En su corto recorrido de unos quince kilómetros baña algunas pequeñas aldeas como Murias de Ponjos, Ponjos o Valdesamario (capital del municipio) hasta que une sus aguas a las del río Omaña en la localidad de La Garandilla.

Nos encontramos en una zona de León ciertamente desconocida y bastante dejada por parte de la administración. El paisaje ha sido transformado en las últimas décadas por la minería, las repoblaciones de pino, las pistas y cortafuegos o la polémica instalación de parques eólicos en una zona de especial interés faunístico. No en vano, parece ser que el urogallo, además del lobo y otras especies, contaban en estos montes con un hábitat perfecto, por tratarse de zonas muy despobladas y con unas características propicias para su desarrollo (poca población, cubierta vegetal idónea…). A pesar de estos factores negativos, este sector de las estribaciones de la sierra de Gistredo parece ser todavía, a decir de los lugareños, un lugar muy frecuentado por estas especies amenazadas.

El largo cordal que cierra por el sur el valle del Valdesamario tiene su punto culminante en el Pozo Fierro (1.525 m.), vértice geodésico y techo de la comarca de La Cepeda, cuyo paisaje se extiende hacia el mediodía. Las principales alturas de esta sierra, deteriorada en parte por los cortafuegos y la profusión de pistas, son (de E. a W.) El Tesón (1.322 m.), cima individualizada situada sobre la elevada población cepedana de San Feliz de las Lavanderas (mirador de La Cepeda), el Teso Ozoso (1.453 m.), el Pozo Fierro (1.525 m.), situado en el centro de la sierra y coronado por un puesto de vigilancia forestal, y el Cueto de Oliva (1.431 m.), desprendido en un subcordal hacia el sur.

El Cueto de Oliva, cuyo origen toponímico desconozco, es quizás la montaña que presenta una forma más atractiva y agreste en un cordal donde predominan las formas redondeadas y achatadas sobre un manto de pinos de repoblación. En su cima aflora la roca de tipo cuarcítico, que la dota de una silueta algo más triangular y sugerente que las cotas del entorno.

La vegetación está compuesta principalmente por matorrales como la urz o el brezo, pudiendo encontrar aún bosquetes de roble y reductos de abedulares. Existen varias formas de alcanzar la parte alta de la sierra, tanto por la vertiente sur (desde Villarmeriel) como por la norte, debiendo recorrer en casi todos los casos largas pistas que pueden ser interesantes para los aficionados a la bicicleta de montaña. Desafortunadamente también podría ser posible toparse por ellas con motos, quads u otros vehículos motorizados, dado que no existen señales de prohibición de paso. Sin embargo, la zona ofrece agradables caminatas por parajes en los que la soledad está garantizada, dado que no es una zona montañosa muy conocida ni apreciada, a pesar de que cuenta con suficientes atractivos naturales. La ruta que describimos parte de la pequeña aldea de Murias de Ponjos, en la cara norte.

Esta aldea conserva aun algunos ejemplos de arquitectura tradicional ligada a las comarcas que la rodean y caracterizada por casas sencillas y humildes, en las que los tejados de cubierta vegetal han dado paso a la pizarra o la teja. En las fachadas predomina la piedra oscura, con algunos corredores exteriores en madera.

Con el cierre de las minas de carbón, la desaparición de la ganadería ovina y bovina y el abandono de las labores del campo y agrícolas, la población emigró y hoy en día, como en otras aldeas colindantes, Murias envejece inexorablemente. Situados bajo la espadaña de la iglesia, nos encaminamos unos metros por la carretera hacia Espina de Tremor y el Bierzo (W) hasta encontrar el comienzo del viejo camino de Quintana, que pasa cerca de un depósito de aguas.

Caminando plácidamente por este buen camino, realizaremos varias revueltas hasta encontrarnos en lo alto del cordal de la sierra. De este lugar, aunque no es visible, queda unas decenas de metros ladera abajo un magnífico refugio recientemente reformado, abierto, limpio (de momento) y bien pertrechado de utensilios. Cuenta con buena fuente al lado. Sin embargo, para ascender al Cueto de Oliva, una vez alcanzado el cordal proseguiremos por la pista en la misma dirección (SE) que traíamos, unos pocos metros, hasta encontrarnos en la parte superior de un amplio cortafuegos que desciende a nuestra derecha. Abandonamos la pista (se dirige al Pozo Fierro) y perdemos altura por el cortafuegos hasta alcanzar en breve otra pista en una curva (siguiendo ésta a la derecha, en breve, se encuentra el refugio). Para nuestro cometido, sin embargo, debemos afrontar la dura rampa del cortafuegos por el que veníamos, llevando siempre el pinar a nuestra izquierda. Cuando llegamos arriba, descubrimos por fin la silueta del Cueto de Oliva, y vemos que debemos perder nuevamente algo de altura (unos treinta metros de desnivel) por el cortafuegos.

Efectuado el breve descenso, podemos ver un pequeño grupo de abedules, reducto de esta especie que, junto a extensos melojares, predominaba en estos montes hasta hace pocas décadas. Afrontamos, ahora sí, el último tramo ascendente por el cortafuegos. Cuando llegamos arriba, nos desviamos a la izquierda hacia la cumbre, superando sin contratiempos las rocas y los matorrales de urz que crecen en la parte alta. En breve alcanzamos el pequeño hito de piedras que señaliza la cumbre y disfrutamos de la amplia panorámica, en la que destaca el sector del Teleno, Montes Aquilianos y la zona de la Trevinca y parte de la Cordillera Cantábrica, desde los Ancares hasta la Sierra de Gistredo, Sierra de Villabandín, Tambarón, montañas del Valle Gordo (Suspirón) e incluso las Ubiñas. El cercano Pozo Fierro no nos deja ver más allá. Por otra parte, extensos pinares y robledales se extienden hacia el este y sur de nuestra posición. Es la comarca de La Cepeda y su querido Cueto de San Bartolo sobre las aguas del embalse de Villameca.

Robledales de La Lomba y aldea de Andarraso

Cerca del valle del Valdesamario, entre las poblaciones de La Garandilla y la más importante de Riello se encuentra Inicio, nunca mejor dicho, pues es el inicio de una preciosa ruta a través de un imponente y exquisitamente conservado robledal. El camino pasa por las cercanías de la antigua mina de La Cobriza y junto a algunos portentosos ejemplares de rebollo. Es un antiguo camino utilizado por los mineros que iban y venían de Andarraso, pueblo éste donde finaliza la ruta balizada (1h.30 aproximadamente), y que tiene la peculiaridad de ser, con sus 1.420 mts., el segundo situado a más altitud de la provincia de León, después del de La Cueta (Babia). El polémico parque eólico citado anteriormente está situado sobre esta peculiar aldea. Si nos asomamos hasta el Pico La Gallina, las vistas de las aldeas de La Lomba y el Cueto Rosales son de gran belleza.

Accesos: Murias de Ponjos (1h 30).

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