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La Capilla del Fraile (1.238 m)

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Luis Astola Fernández
arrow-iconFecha Alta
14/01/2017
arrow-iconModificado
14/01/2017

La Sierra de Salinas se extiende en dirección SW-NE, a lo largo de 18 km, a caballo de las provincias de Alicante y Murcia, tocando las comarcas de Medio Vinalopó/Vinalopó Mitjà (Pinoso y Monóvar), Alt Vinalopó (Salinas y Villena) y el Altiplano murciano (Yecla); aunque perfectamente definida e individualizada, se puede considerar como la continuación natural hacia el NE de la murciana Sierra del Carche (1372 m), con la que comparte muchas características comunes.

En el extremo SW de la cresta cimera se sitúa la cota más elevada del sistema, el alto de La Capilla del Fraile (1238 m), cuya cima soporta un pilón geodésico y un mojón divisorio, donde se unen la Comunidad Valenciana (T.M.de Pinoso y Villena) y la Región de Murcia (T.M.de Yecla). A pesar de su extensión y de su carácter abrupto, especialmente en su fachada de solana, aparte de la ya nombrada Capilla no presenta cotas excesivamente destacadas; el Alto del Horcajo (1122 m), situado en el centro de la cadena principal, y la poco prominente cima del Caire (1049 m), dotada de vértice geodésico, no constituyen por sí mismos objetivos montañeros reseñables.

Un extraordinario patrimonio natural pendiente de protección

Como se repite en casi todos los macizos montañosos de este reseco rincón del SE peninsular, que presenta rasgos climatológicos correspondientes a los climas semiáridos (escasa pluviometría e intensa insolación, que favorece la evapotranspiración y contribuye a la desertificación del medio), la Sierra de Salinas es, salvando las distancias, una especie de oasis en el desierto.

Sorprende y congratula a la vez comprobar que, a pesar de tan adversas condiciones, la montaña sea capaz de mantener en excelente estado de salud una densa cubierta vegetal, compuesta principalmente por pino carrasco (Pinus halepensis), pero en la que prosperan también, en función de su orientación, altitud y tipos de suelo, otras especies arbóreas y arbustivas del ámbito mediterráneo, que contribuyen a mantener la biodiversidad de este importante espacio natural: carrasca (Quercus rotundifolia), quejigo (Quercus faginea), coscoja (Quercus coccifera), enebro (Juniperus oxicedrus), sabina negra (Juniperus phoenicea), madroño (Arbutus unedo), durillo (Viburnum tinus), cornicabra (Pistacia terebinthus), lentisco (Pistacia lentiscus), esparto (Stipa tenacissima), jaras (Cistus albidus, C.laurifolius), sin olvidar los omnipresentes regalos aromáticos (romero, tomillo y lavándula).

Entre la fauna silvestre, que encuentra en esta diversidad de hábitats un espacio ideal para prosperar, los expertos destacan a las rapaces rupícolas: águila real (Aquila chrysaetos), búho real (Bubo bubo), halcón peregrino (Falco peregrinus) y cárabo común (Strix aluco); son relativamente frecuentes mamíferos como el jabalí (Sus scrofa), tejón (Meles meles), gineta (Genetta genetta), zorro (Vulpes vulpes), garduña (Martes foina), gato montés (Felis silvestris), conejo (Oryctolagus cuniculus), etc...; en los últimos años se han detectado ejemplares de muflón (Ovis aries), escapados de cotos cercanos. Nos hubiera gustado nombrar también en esta relación al mítico lince ibérico (Linx pardinus), pero, a pesar de algún testimonio de avistamiento ya lejano en el tiempo, su presencia actual en la zona no ha podido confirmarse...

Aun contando con tan notables valores ambientales y paisajísticos, más destacables si cabe por la crítica zona geográfica en la que se asienta, la Sierra de Salinas no ha merecido aún el reconocimiento por parte de las administraciones para dotarla de alguna figura de protección eficaz contra posibles amenazas. Las tímidas reivindicaciones de algunos colectivos para que sea declarada Parque Natural parecen adormecidas desde hace tiempo, con el argumento de su pertenencia a diversas administraciones locales y a dos comunidades autónomas diferentes, lo que estaría provocando disparidad de intereses entre los titulares de los terrenos serranos.

Mientras son de esperar avances en este sentido, la Sierra de Salinas cuenta con sendas propuestas como LIC (Lugar de Interés comunitario) de la Red Natura 2000 (la relación de zonas LIC es elaborada por cada Comunidad Autónoma), que abarcan el total del macizo montañoso (más de 9.000 ha de superficie, de las cuales 1.337 ha corresponden a la Región de Murcia y 7.734 ha a la Comunidad Valenciana). El sector murciano de la sierra cuenta con un casi olvidado PORN (Plan de Ordenación de los Recursos Naturales), aprobado inicialmente en 2002, lo que le proporciona cierto estatus como Espacio Natural Protegido, aunque no incluido en ninguna de las figuras de protección efectivas previstas por la legislación.

Por su parte, la Comunidad Valenciana decretó a finales de 2015 la inclusión, dentro del Catálogo de Montes de Dominio Público y Utilidad Pública de la Provincia de Alicante, de 700 ha de terreno serrano, pertenecientes a varias parcelas de la antigua colonia agrícola de la sierra de Salinas (una curiosa experiencia de colonización de la que hablamos más abajo), en el término municipal de Villena, "por haber quedado acreditado en él su variedad de hábitats, la riqueza en especies vegetales de importancia para su conservación, así como su valor histórico, paisajístico, faunístico y recreativo"; este nuevo MUP alicantino se une a uno anterior, "La Errada", en el término de Pinoso/El Pinòs, que afectaba a 645 ha del sector más sudoccidental de la sierra, tocando curiosamente la propia cima de La Capilla (1238 m) y su vertiente de solana.

Demasiado poco para un espacio natural tan extenso y variado, y tan determinante para el mantenimiento de los recursos hídricos y ambientales que permiten el desarrollo de los cultivos agrícolas de la amplia comarca extendida a sus pies.

Las Colonias de la Sierra de Salinas

Es difícil hablar de la Sierra de Salinas sin mencionar un curioso (y fracasado) intento de colonización y puesta en cultivo, llevado a cabo por iniciativa del Estado a principios del siglo XX, bajo la monarquía de Alfonso XIII, sobre una superficie aproximada de 2800 ha de monte público; se crearon en la sierra dos nuevos núcleos de población (de hábitat disperso con algunos servicios centralizados): el llamado "Coto Salinas" en el término municipal de Yecla (Murcia) y la "Colonia Sierra Salinas", en el de Villena (Alicante), y se repartió el terreno en lotes que, supuestamente, habrían de bastar para el mantenimiento de los colonos y de sus familias.

El experimento, de carácter agroforestal, formaba parte de una iniciativa mucho más amplia, que contaba con varios antecedentes ya desde el siglo XVIII, y afectaba en esta ocasión a un total de 11.000 ha, repartidas en 17 colonias distribuidas entre las provincias de Huelva, Cádiz, Sevilla, Cáceres, Badajoz, Ciudad Real, Madrid, Burgos, León, Pontevedra, Murcia y Alicante. En esta última, además de la "Colonia Sierra Salinas" (1909), se implantaron las de "Els Plans" (Alcoy-1908) y "Montgó" (Denia-1916); el "Coto Salinas" de Yecla data de 1910.

Para una mejor comprensión de lo que supuso esta experiencia y de su malograda historia, en algunos casos con repercusiones y conflictos de tipo legal que perduran en la actualidad, reproduzco parte del contenido de los paneles instalados junto al edificio de la Dirección de la "Colonia Sierra Salinas"(Villena-Alicante), que aún se conserva:

"La Colonia de la Sierra de Salinas tiene su origen en la Ley de Colonización y Repoblación Interior de 30 de Agosto de 1907 en un intento de evitar la emigración. El procedimiento se inició 'repartiendo con preferencia entre familias pobres y aptas para el trabajo la propiedad de los terrenos y montes públicos incultos'. El total de la superficie objeto de colonización y reparto fue algo más de 1400 ha, repartidas en 49 lotes, entre las que había algunas parcelas y edificios comunales: escuela, casa-dirección, casa del maestro y del cura, casa del guarda, iglesia y almacenes. La bodega y almazara previstas en el proyecto de creación de la Colonia no llegaron a construirse.
La Asociación Cooperativa Colonia Sierra de Salinas se constituyó el 21 de Abril de 1914, con la entrega a cada colono (en todas las solicitudes se lee 'Jornalero Agrícola Pobre Absolutamente') de un lote de tierra, casa, carro, caballería y aperos de labranza. Los colonos tuvieron que trabajar duro para roturarlas y ponerlas en producción con los típicos cultivos mediterráneos: vid, olivo y cereal (en algunos lotes se pueden observar los taludes de piedra extraída a los campos). Las duras condiciones de la vida rural, las malas cosechas, la llegada de la Guerra Civil, la lejanía a Villena que era necesario un día para hacer el viaje, todo ello, hizo que algunas familias tuvieran que abandonar sus lotes y el movimiento colonizador impulsado por el Gobierno no dio los resultados esperados.
La época de mayor ocupación de la Colonia se centró en la década de los años 20 llegando en 1923 el censo a 287 habitantes. En la actualidad los herederos de los Colonos primitivos, prácticamente en su totalidad disfrutan de este paraje como segunda residencia".

Ascenso a La Capilla (1238 m) desde el Aula de Naturaleza "Coto Salinas"

El ascenso a La Capilla desde "Coto Salinas" permite transitar por entretenidos senderos a través de los bosques de umbría de la sierra, y conocer algunos de sus parajes más salvajes y de sus rincones más emblemáticos e interesantes, incluído el entorno de la Cueva del Lagrimal y su Microrreserva de Flora. El Aula de Naturaleza ocupa precisamente la antigua Casa de los Ingenieros de la Colonia "Coto Salinas", situada a 1,6 km de la carretera C-3223, entre Yecla y Pinoso, por un ramal asfaltado y señalizado que se desgaja a la izquierda nada más pasar el hito kilométrico 12.

Junto a las instalaciones del Aula de Naturaleza (705 m), con espacio para aparcar, seguimos durante poco más de 1 km la pista que llanea (NE), hasta alcanzar a la derecha (0,10), protegida con una cadena, la entrada a una antigua vivienda de la colonia algo elevada respecto al camino, que los mapas nombran como Casa de López. Justo por detrás de la casa arranca una pisada senda que, tras salvar una vaguadilla, asciende inicialmente por el interfluvio entre los barrancos de la Mina (dcha) y la Cueva (izq), para decidirse finalmente por este último.

El camino realiza, a media altura sobre la ladera orográfica izquierda de la vaguada, un prolongado flanqueo por la frondosa y variada umbría, con algún tramo algo más incómodo pero fácil de seguir en general (hay algún hito y viejos brochazos desleídos de pintura azul y blanca). Al llegar a la parte alta, las laderas del barranco se estrechan y el sendero se arrima a la derecha, al pie del cantil rocoso, donde la pendiente se acentúa algo más. Prácticamente de improviso llegamos a un pequeño rellano donde, por sorpresa, descubrimos un gran pórtico que horada la peña: la Cueva del Lagrimal (WGS84 30S 632590 4264382)(1,00).

7000 años de humo en la Cueva del Lagrimal

Es difícil imaginar un refugio más apropiado para una pequeña tribu del periodo mesolítico que la Cueva del Lagrimal. Una sala espaciosa, seca, de alta bóveda algo apuntada y con un amplio pórtico de entrada, tan sencillo y tan bien trazado que parece dibujado por una mano infantil; un vestíbulo llano y luminoso amplía la superficie habitable cuando la climatología lo permite. Con la boca orientada a poniente, los últimos rayos de sol alumbran y entibian el interior de la cueva, que en cambio se mantiene fresca en los momentos y periodos más calurosos. Desde la plataforma de entrada se domina un paisaje boscoso y salvaje que, afortunadamente libre de incendios en las últimas décadas, quizás no difiera demasiado del que contemplaron y recorrieron los primeros pobladores del enclave; un lugar, pues, que se presta a la ensoñación y a rastrear en los entresijos del cerebro alguna improbable sombra genética de aquella lejana época.

Dicen los expertos, y así se refleja en un maltratado panel a pie de cueva, que los restos hallados en las prospecciones y excavaciones arqueológicas sugieren que la Cueva del Lagrimal permaneció habitada desde el Mesolítico (5000 A.N.E.) hasta el Calcolítico (2000 A.N.E.), y posteriormente en época medieval (s.IX-X); es de suponer que en etapas posteriores (sobre todo coincidiendo con periodos de persecuciones o conflictos bélicos) haya servido como refugio ocasional para multitud de pequeñas historias humanas que no han llegado a dejar huellas tangibles de su paso.

Tres curiosos detalles sobre este sugerente lugar, cada uno de los cuales podría servir como argumento para un hermoso relato: primero, la Cueva del Lagrimal se llama así porque su bóveda suele "llorar" después de fuertes lluvias; segundo, emociona imaginar que las hogueras que han teñido el techo completamente de negro calentaron hace 7000 años a nuestros antepasados mesolíticos, forzosamente rudos y, sin embargo, capaces de decorar sus habitáculos con trazos tan delicados como los que exhiben otras cuevas a lo largo de todo el Arco levantino; y, por último, la naturaleza y la montaña no entienden de propiedades ni de límites administrativos, de modo que la Cueva del Lagrimal abre sin pudor la boca en terrenos de Yecla y se despereza, al fondo, en terrenos de Villena.

Un reducido espacio en torno a la cueva (apenas 0,848 ha) está declarado como Microrreserva de Flora, una figura de protección creada en la década de los 90 desde el Servicio de Biodiversidad de la Generalitat Valenciana "a fin de favorecer la conservación de las especies botánicas raras, endémicas o amenazadas, o las unidades de vegetación que la contienen"; la Comunidad Valenciana cuenta actualmente con una red de 307 espacios protegidos como Microrreserva de Flora, y la experiencia ha sido exportada y adoptada con éxito a nivel estatal y europeo.

En lo que se refiere a esta de la Cueva del Lagrimal, creada por Orden de 4 de mayo de 1999 de la Consellería de Medio Ambiente, el panel destaca especialmente (aunque la información solo interesará a los muy aficionados a la botánica y a sus latinajos) la vegetación rupícola de la cueva: zapatitos de la virgen (Sarcocapnos saetabensis), gallo de roca (Linaria cavanillesii) y teucrio de roca (Teucrium thymifolium); y señala que, a pesar de su pequeño tamaño, "se hallan más de un centenar de especies, con algunas muy raras en las comarcas meridionales valencianas como la estepa (Cistus laurifolius), la centaurea (Centaurea antennata) o el carraspique (Iberis saxatilis subsp. saxatilis)".

Continuación a la cima de La Capilla por el sendero SL-CV 114

En el entorno de la cueva enlazamos con las señales verdes y blancas del SL-CV 114, denominado "La Chola-Capilla del Fraile-El caire", que nos van a guiar prácticamente hasta la cima de La Capilla. En ligero ascenso desde la cueva, el camino llega entre pinos al panel de inicio (1,15) de este poco convencional sendero homologado, situado en un cruce de pistas aparentemente perdido en el monte, a 1009 m de altitud, tal como indica un poste de señales de la Ruta 8 (ciclista y senderista) del Ayuntamiento de Villena.

Nos encontramos en realidad en el punto intermedio de una pista que, procedente del km 13 de la carretera CV-813 (Villena-Pinoso), alcanza los edificios centrales de la "Colonia Sierra Salinas" y trepa luego, entre antiguas viviendas de colonos, hasta este inusitado punto, denominado La Chola (8 km desde la carretera, con tramos de firme muy deteriorados que pueden poner en aprietos a más de un vehículo); desde aquí la pista, en estado más aceptable, continúa recorriendo la umbría de la sierra, cruza el límite provincial y autonómico, deja a la izquierda un ramal ascendente a la caseta de vigilancia forestal del Cerro Laurel, y se lanza en un empinado zigzag a buscar la Casa de los Ingenieros del "Coto Salinas", sede del Aula de Naturaleza homónima, y luego el punto kilométrico 12 de la C-3223, a donde llega tras 7,6 km de recorrido. La pista resulta bastante transitada los días festivos y conviene conocer su existencia y sus puntos de origen y destino por si conviene a nuestros planes o por si el azar nos hace tropezar en algún momento con ella.

En nuestro caso, simplemente la cruzamos y seguimos las balizas del SL, que nos conducen un corto tramo por la pista perpendicular hasta su final en una pradera (1,20). A partir de este punto se inicia un delicioso sendero, entre pinos y carrascas, que resigue con suave desnivel el fondo de una vaguada, la Cañada del Enebral, que viene a ser la reseca cabecera del Barranco de la Cueva del Lagrimal. De manera muy agradable, el sendero alcanza sin dificultad la cresta de la sierra (1,40), donde otro poste de señales (que insiste en el error de catalogar como PR el sendero SL que venimos siguiendo) confirma la información que manejábamos: las marcas del SL se orientan al NE por la loma rocosa y enlazarán (tras 6,6 km y 2,15 h) con el PR-CV 159 "Salinas-El Caire-Finca Peña Sol", que cruza perpendicularmente la sierra.

Abandonamos pues el sendero señalizado y nos dirigimos en dirección contraria (SW) hacia La Capilla (una de las palas del poste anuncia que faltan 412 m para alcanzar la ya visible cima); bien a plena cresta, que requerirá apoyar las manos en un par de ocasiones, o más cómodamente por el sendero que recorre la umbría al pie de la peña entre carrascas, se corona sin quebrantos La Capilla del Fraile (1238 m), con su pilón geodésico, sus mojones divisorios y el bidón de plástico que actúa como buzón montañero (2,00). La vista se pierde en el océano de niebla que cubre tres extensas provincias (Alicante, Murcia y Albacete), del que emergen con timidez las cumbres de sus serranías más elevadas: Carche, Pila, Maigmó, Mariola...

Descartado el largo descenso por el SL que sigue la cresta NE, que nos obligaría a imaginar complicados ejercicios logísticos para volver al punto de inicio, y desaconsejado el que nos llevaría, en dirección contraria, a buscar la caseta forestal del Cerro Laurel (1168 m) y la carretera del "Coto Salinas", por apoyarse excesivamente en pelados cortafuegos y monótonas pistas, preferimos volver sobre nuestros pasos y desandar los senderos seguidos en el ascenso, para regresar, visitando nuevamente la Cueva del Lagrimal, al punto de partida en "Coto Salinas" (3,30 h el recorrido completo, sin contar paradas o posibles despistes).

Los aficionados a la enología tienen ocasión de visitar, a medio camino entre Villena, Yecla y Pinoso, las Bodegas Sierra Salinas, que elaboran vinos de la D.O. Alicante en sus 52 ha de viñedos de las variedades Monastrell, Cabernet Sauvignon, Alicante Bouschet y Petit Verdot.

Acceso: Aula de Naturaleza "Coto Salinas" (2h)

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