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Molata de la Fuensanta (1.505 m)

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Luis Astola Fernández
Fecha Alta
24/05/2019
Modificado
24/05/2019
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Si hubiera que optar por una única ascensión montañera en la comarca murciana de Moratalla, sin tener en cuenta la cumbre de Obispos (2014 m), techo del sector y de la región de Murcia, la elección más probable por nuestra parte sería la Molata de la Fuensanta (1505 m). Desde un punto de vista geoestructural, la Molata se puede considerar como la cota más elevada de la sierra de Zacatín, prolongado cordal montañero que se estira al SW a lo largo de 15 km, sirviendo de linde entre tierras murcianas y castellano-manchegas, hasta hundirse, ya totalmente albaceteño, en las aguas del embalse de Taibilla.

La Molata es un puntal airoso, el más elevado del entorno, que acogió en su cumbrera un poblado del periodo eneolítico (3000 A.N.E.); sus laderas aparecen tapizadas de una rica cubierta vegetal con predominio de los enebrales y de la sabina negral (Juniperus phoenicea), y gran abundancia de arbustos aromáticos: jaras, romeros, tomillos...; se conservan importantes retazos del carrascal que cubrió antaño la sierra, que encuentra su máxima expresión en la umbría del cercano Puntal de Cárdenas (1435 m), en el llamado "Chaparral de Bajil". La sierra forma parte del ZEC "Sierra de La Muela", de la Red Natura 2000, y conforma, junto a las contiguas ZEC "Sierra de Villafuerte", ZEC "Sierras y Vega Alta del Segura y Ríos Alhárabe y Moratalla" y ZEC "Sierra de Alcaraz y Segura y Cañones del Segura y del Mundo", un amplísimo territorio, a caballo entre las comarcas interiores del Noroeste (Moratalla-Murcia) y Sierra del Segura (Letur y Nerpio-Albacete), de una biodiversidad y riqueza natural extraordinarias.

Por si todo lo expuesto fuera poco, en la excursión circular propuesta en el entorno de La Molata, tendremos ocasión de visitar el importante castro Eneolítico-Bronce del Cerro de las Víboras; el dolmen de Bajil, perteneciente a la necrópolis del poblado; el insólito "Barco de Bajil" (pintura rupestre fechada a principios del siglo XVI), junto al ancestral abrigo pastoril del Esquilo, otra joya etnográfica; la mínima aldea de Bajil, con su cortijada semirrupestre anexa del Cenajo; y, finalmente, las bellísimas y sorprendentes Cuevas de Zaén, (el Calar de las Cuevas de Zaén y Bajil es un espacio catalogado como Lugar de Interés Geológico-LIG), abrigos habitados desde la prehistoria y utilizados aún actualmente para usos ganaderos, un capricho geológico originado por la erosión en un escarpe de conglomerados calcáreos,

Respecto a la toponimia, "molata" es un orónimo genérico común en el SE y S peninsular, equivalente a la "moleta" del ámbito catalanoparlante, diminutivo de "muela" y "mola", respectivamente; suele hacer referencia a una montaña de laderas empinadas y cumbrera aplanada, de menor superficie que la muela. Para diferenciarlas de otros relieves con idéntica denominación, suelen singularizarse con su adscripción a la aldea a la que pertenecen; hablaríamos así, en este sector, de la Molata de Charán (1416 m) y, en el caso que nos ocupa, de la Molata de la Fuensanta (1505 m), relacionado con el despoblado existente en la ladera occidental de la propia cima.

Desde Zaén de Arriba

Desde Moratalla, distante 30 km, alcanzamos esta pequeña pedanía por la carretera RM-703, por Campo de Béjar y Campo de San Juan; en el pk 22,900, sin necesidad de llegar a El Sabinar, un desvío señalizado a la derecha conduce a Zaén de Abajo y, enseguida, a Zaén de Arriba, con su caserío desperdigado junto a la carretera que enlaza El Sabinar con Benízar. Al E de Zaén se levantan las paredes del Calar de las Cuevas, que visitaremos al final de la ruta, y al N aparece el puntal calizo de la Molata de la Fuensanta (1505 m), visible durante todo el recorrido de ascenso.

Abandonamos Zaén de Arriba (1190 m), frente al manantial y el lavadero, por el camino agrícola que se dirige al N, señalizado al cortijo Las Lorigas. El carretil gana suavemente altura entre cultivos y campos de almendros, girando bruscamente a la izquierda (NW) bastante arriba, en torno a la cota 1300. Un largo flanqueo con escaso desnivel nos sitúa junto a un mirador sobre las formas kársticas de la Hoya del Gato (LIG), cercano a las arruinadas casas de La Fuensanta, que no es preciso alcanzar.

Un senderillo a la derecha asciende directamente hacia la cresta occidental de la Molata, donde destaca, solitaria, una espectacular encina al pie del cantil, referencia ineludible que debemos alcanzar; entre las rocas calizas, abundan los fósiles de bivalvos. Por encima de la venerable encina, utilizando las manos en algunos momentos, trepamos sin dificultad hasta la cima de la Molata de la Fuensanta (1505 m), coronada por el pilón geodésico; no es difícil localizar en superficie pequeños fragmentos cerámicos, quizás correspondientes al poblado calcolítico que ocupó la cumbrera hace 5000 años.

Desde la cima, cabalgamos al E la cómoda cresta, sobre la extensa hoya septentrional revestida de carrascas; las laderas de solana, más tendidas, están tapizadas por un enebral-sabinar de sabina negra, transitable pero incómodo, por lo que es preferible evitarlo. En un punto determinado, la cresta se encrespa y nos obliga a perder altura a la derecha, para descender la pared caliza que, probablemente, sirviera como muralla natural y entrada al poblado prehistórico.

Hay señales de paso que permiten recuperar más adelante la línea de lomada; sin necesidad de alcanzar al NE el sector que la cartografía denomina como Cuerda del Manco, descendemos al SE para alcanzar, en una amplia ladera plantada de almendros, el final del camino procedente de Bajil, que nos lleva cómodamente a la cabecera del barranco del Manco. Por la despejada paramera y entre zonas cultivadas, la pista cruza el llano collado de Mirabete; tras un suave ascenso, abandonamos la pista, que se dirige hacia la aldea de Bajil, y tomamos en ángulo recto a la izquierda (NE) el carretil que apunta hacia el característico Cerro de las Víboras.

Un paseo por la historia: Dolmen de Bajil, Cerro de las Víboras, Abrigo del Esquilo, Barco de Bajil…

En el rellano al pie del cerro, tropezaremos con el pequeño dolmen de Bajil, desprovisto de cubierta y con su cámara, formada por varios ortostatos verticales y cortos muretes de piedra, orientada a la salida del sol. Una pisada senda asciende al inmediato Cerro de las Víboras, donde se aprecian murallas y restos de habitaciones del importante poblado que lo ocupó durante la llamada edad del Cobre (calcolítico o eneolítico) y, posteriormente, en la edad de Bronce, correspondiente a la cultura argárica del SE peninsular. Para una mejor interpretación de los restos que se pueden contemplar en este interesante asentamiento protohistórico, adjuntamos un trabajo de Jorge Juan Eiroa García (1944-2017), catedrático de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Murcia, titulado "Dataciones absolutas del Cerro de las Víboras de Bajil (Moratalla, Murcia)".

Al E del cerro, al otro lado de la vega que se extiende a sus pies, se abre entre dos paredes rocosas una vaguada arbolada, donde se localizan nuestros próximos objetivos: el Abrigo del Esquilo y el Barco de Bajil. Regresamos al dolmen ya visitado y descendemos enlazando senderillos hasta el fondo del valle, donde un terreno cultivado nos obliga a rodearlo por el sur. Tomamos la pista procedente de la cercana aldea de Bajil, dejamos a la izquierda una balsa con su estrépito de ranas croando, y continuamos brevemente hasta la entrada del vallejo, señalada por un hito de piedra y por algunos añosos nogales de corteza grisácea.

La senda conduce sin pérdida, en rápido ascenso entre encinas, hasta el escarpe de la derecha, donde se abre el ancestral abrigo del Esquilo, protegido por un muro de piedra, y con aspecto de ser utilizado como refugio pastoril y redil para las ovejas desde época prehistórica; el lugar, de enorme riqueza etnográfica y situado en un delicioso paraje natural, resulta tremendamente evocador y sugerente.

En un lateral del abrigo, ocupando un lienzo rocoso bien visible, el insólito "Barco de Bajil" sorprende por su singularidad. Se trata de la detallada representación pictórica de una nave de tres mástiles que recuerda de inmediato a las carabelas utilizadas por Cristóbal Colón en su periplo oceánico, trazada en tonos rojos sobre una estrecha cornisa del abrigo. A pesar de conocer previamente su existencia y de ser una de las principales excusas para el ascenso a la Molata, la pintura rupestre de temática naval, en un enclave de montaña tan alejado del mar, consigue dejarnos pasmados y, literalmente, sin palabras.

Fechada por los expertos a principios del siglo XVI, su sola contemplación justifica un viaje hasta este rincón murciano alejado de casi todo; aquí y allá existen otros pequeños dibujos, pintados también en rojo, de difícil interpretación. Otra vez los conocimientos de Jorge Juan Eiroa García ("El Barco de Bagil. Una pintura rupestre histórica en Moratalla, Murcia") acuden en nuestra ayuda para intentar entender lo que vemos y la posible justificación de esta representación naútica en una cueva de la montaña de Moratalla.

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22/05/2019

Salimos del vallejo, que nos ha trasladado varios siglos atrás, y tomamos al S el carretil que nos va a llevar en corto recorrido hasta las casas y corrales de Bajil; llama la atención a la izquierda (E), la cortijada del Cenajo, construida al amparo de un escarpe rocoso horadado de cuevas y abrigos (lo que en algunas regiones del centro y sur peninsular se conoce precisamente como "cenajo").

Por las Cuevas de Zaén y de Bajil

Desde Bajil, donde muere el asfalto procedente de la carretera de Zaén, tomamos un carretil que se dirige rumbo al SW, hacia el Calar de las Cuevas, para visitar las Cuevas de Zaén, otro de los puntos de interés geológico, etnográfico y paisajístico de esta extraordinaria ruta montañera. Por una paramera salpicada de sabinas negras (Juniperus phoenicea), el camino gana suavemente altura y se sitúa en la fachada sur del calar, donde una preciosa senda en cornisa va enlazando las diferentes cuevas y abrigos que horadan la pared de conglomerados calizos.

En una sucesión de rincones incomparables desde el punto de vista estético (las asombrosas simetrías de la "Cueva de las Tías", las caprichosas bóvedas rocosas de aire bizantino, la delicada acústica de la "Cueva del Tambor", que permite comunicarse con susurros de extremo a extremo de la oquedad...), la visita a las Cuevas de Zaén, que merece la pena abordar sin prisas, es una de las experiencias imprescindibles de la región murciana.

En un punto donde la senda rodea un potente contrafuerte, la cornisa se estrecha, pero con tiempo seco no debe presentar ninguna dificultad. La pared se prolonga al NW durante un buen trecho y, aunque poco a poco va perdiendo espectacularidad, aún exhibe algunos abrigos pastoriles de enorme interés etnográfico e, incluso, con modestas manifestaciones de pinturas rupestres esquemáticas de arte levantino, lo que los convierte en lugares protegidos como Patrimonio Mundial de la Unesco.

El descenso definitivo hacia la visible aldea no reviste mayor dificultad que dejarse caer, por sendillas difusas entre jaras, tomillos, romeros y espartos, con las laderas de la Molata de la Fuensanta a la derecha, hasta el camino agrícola visible más abajo, que nos lleva cómodamente, después de este largo itinerario circular, hasta el punto de inicio en Zaén de Arriba (calcular 5 o 6 horas el paseo completo sin prisas).

Acceso: Zaén de Arriba (1 h)

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