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Capiella Martín (991 m)

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Joseba Astola Fernandez
Fecha Alta
22/01/2016
Modificado
22/05/2019
3

El Capietsa (o Capiella) Martín es una montaña de 991 m. de altitud que constituye el punto más elevado del Conceyu de Valdés. Muy al contrario de lo que el topónimo pueda sugerir, no hay relación alguna entre la montaña y el culto cristiano. En palabras del filólogo asturiano Julio Concepción Suárez “nunca hubo allí capilla, ni santuario, ni fiesta alguna, pero a Marte se diría que se le puso hasta una capilla delante, sólo levantada en la imaginación de los más devotos, los que realmente creían que allí iban a caer los rayos”*

El occidente asturiano y los Vaqueiros de alzada

La geografía del interior del occidente asturiano se caracteriza por una serie de sierras o cordales, dispuestos mayormente de norte a sur, entre las que se abren paso profundos valles que buscan la rasa costera para entregar sus aguas al Cantábrico.

A diferencia de las montañas calizas del oriente, mucho más conocidas y visitadas por los amantes de las alturas, la composición geológica de estos montes está formada por rocas de arenisca en cuyo suelo se desarrolla una vegetación predominante de brezo y árgoma (toxu o cotoya) que cubre superficies donde, antaño, pacía el ganado vacuno en libertad.

Y es que, verdaderamente, si algo distingue a este occidente astur del resto del mundo no es otra cosa sino la huella dejada a lo largo de la historia por un grupo de personas que, por su propia idiosincrasia como pueblo, dieron forma a un paisaje donde desarrollaron un modo de vida tan duro como admirable, cuyas tradiciones y características culturales debieran ser preservadas de manera especial.

Estamos en la tierra de los Vaqueiros de Alzada, un pueblo único al que, a finales del siglo XVIII,  definía así el ilustre Jovellanos en sus “Cartas del viaje de Asturias”:

"Vaqueiros de alzada llaman aqui a los moradores de ciertos pueblos fundados sobre las montañas bajas y marítimas de este Principado, en los concejos que están a su ocaso, cerca del confín de Galicia. Llámanse vaqueiros porque viven comúnmente de la cría de ganado vacuno; y de alzada, porque su asiento no es fijo, sino que alzan su morada y residencia, y emigran anualmente con sus familias y ganados a las montañas altas."

En efecto, la durísima vida de los vaqueiros transcurría de aquí para allá, trashumando entre las montañas de la Cordillera, a las que acudían todas las familias con sus enseres y ganado a partir del mes de mayo en busca de los pastos de altura, y los valles más bajos y cercanos a la costa, donde se instalaban en los meses fríos. Su carácter libre, orgulloso y seminómada nunca fue entendido por el resto de habitantes de la montaña y la costa, quienes menospreciaban y marginaban a los vaqueiros y su forma de vivir.

Ascensión al Capietsa (o Capiella) Martín desde Buseco

Una de las herencias de aquel modo de vida se recoge en el peculiar paisaje de estas comarcas, donde llama poderosamente la atención la disposición de las aldeas vaqueiras, levantadas en inclinadas laderas y, cuyas casas, en lugar de apiñarse en torno a un núcleo, aparecen diseminadas y separadas entre sí por prados cercados con muros de piedra.

Claro ejemplo nos lo muestra Busecu, la aldea elegida para realizar la ascensión al techo de Valdés. Hasta aquí hemos llegado desde Luarca por la carretera de Villayón, pasando por Belén y descubriendo a nuestro paso parajes que rezuman aires vaqueiros, allí donde las plantaciones de eucalipto y el progreso mal entendido no han transformado negativamente el paisaje.

Mientras nos calzamos las botas, traemos a la memoria la descripción acerca de los asentamientos vaqueiros que dejara plasmada Jovellanos en sus cartas:

“Las poblaciones que habitan, si acaso merecen este nombre, no se distinguen con el título de villa, aldea, lugar, feligresía, ni cosa semejante, sino con el de braña, cuya denominación peculiar a ellas significa una pequeña población habilitada y cultivada por estos vaqueiros.”

En efecto, mientras echamos a andar, ascendiendo entre prados por el empinado asfalto en busca de la casona más elevada de Buseco, observamos que, más que un pueblo, éste asemeja una gran braña. Etimológicamente, la palabra braña parece proceder del latín verannia, lo que dotaría a estos parajes de pleno significado como lugar de asentamiento estival para estas gentes y su estilo de vida.

Junto a la casona, bonita y remozada, sale un camino que se dirige a una última vivienda, más deteriorada. Tomamos seguidamente otro camino, más estrecho, que pasa por encima de esta construcción, y que no es otro sino la vieya caleya que se dirige a Folgueras del Río, pequeña aldea situada justo al otro lado del Capietsa, la montaña que divisamos sobre nuestras cabezas.

La ruta transcurre encajada entre dos muros durante la primera parte del recorrido, hasta llegar a un rellano donde el viejo camino gira a la izquierda. Proseguimos por él, paralelos al muro, que llevamos ahora a nuestra izquierda. La traza permanece abierta en todo momento, a pesar de que la vegetación ha comenzado a colonizar esta vieja ruta, antaño usada por los vecinos de Busecu (entre otras cosas) para acudir al baile en Folgueras, tal y como nos relata un paisano que ha acudido a atender a las yeguas que pastan libremente por estos parajes.

Buscamos con la mirada, algo más arriba, un pino solitario y raquítico y una peña característica. Son la mejor referencia, pues poco después, el viejo camino pasará entre ambos tras realizar un fuerte giro a la derecha.

Nos encontramos a mitad de recorrido (45´), en la base de la pirámide del Capietsa Martín, cuya silueta nos ha acompañado desde el comienzo. Parece tentador lanzarse directamente hacia la cumbre. Sin embargo, la empresa se antoja complicada y dolorosa, debido a que  toxus (árgomas) y brezales se han apoderado de este sector de la montaña, llegando a tapar casi totalmente incluso el camino que hasta aquí hemos seguido.

La opción más cómoda aunque, por desgracia, cada vez más cegada también por la implacable vegetación, consiste en continuar la vieja ruta (ahora senda) que hasta aquí nos ha traído, caminando hacia Folgueras durante media hora prácticamente en horizontal, recortando la vertiente occidental del Capietsa hasta alcanzar el marcado collado de Bobia, que veremos enfrente, casi a nuestra misma altura. Durante este tramo la senda, sin llegar a desparecer, se encuentra más vestida de vegetación (pantalón largo recomendable). Podemos observar delante la elegante silueta del Pico Concernoso, además de un profundo barranco que se hunde a nuestra derecha.

Una vez en el collado de Bobia (1h.15), solo nos resta girar a la izquierda para afrontar la última rampa hacia nuestro objetivo, siguiendo rastros de senda y monte a través por el terreno de brezo bajo que cubre esta ladera sur del monte. Alcanzamos por fin el precario buzón que corona esta importante cota (marcado con la inscripción “L´Esguil”, que desconocemos). Es el Capietsa Martín nudo de cordales y perfecta atalaya para admirar el paisaje que tanto mimaron los vaqueiros. La villa marinera de Tsuarca (Luarca) y el inmenso mar Cantábrico destacan también en el horizonte, además de alguna sierras del occidente, como Panondres, Abraniegu...

Desde la cima hacia el E. parte una interesante travesía a lomos de un cordal que, tras pasar por el popular pico del Estoupo (850 m.) y la pequeña antena que lo corona, termina descendiendo a un paraje muy ligado a la cultura vaqueira: el Alto de Aristébano (561 m.). No obstante, es en las campas de este puerto donde se celebra cada último domingo de julio la Vaqueirada, una fiesta que ya va  por la 57ª edición y en la cual se representa una boda tradicional vaqueira y se ensalza, a través de la música y la gastronomía, lo más florido de la cultura y el folclore de este admirable y ancestral pueblo.

Acceso: Buseco (1h 30min ).

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