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Montes Claros - Monte Hijedo - Riopanero
Javier Tezanos Díaz
Fecha de realización
30 de marzo de 2018
Fecha de subida
30 de marzo de 2018
Duración
05:58
Tiempo Detenido
No definido
Visto
11069 veces
Nivel de Ruido

Imágenes

Montes Claros - Monte Hijedo - Riopanero

La segunda etapa del Camino del Ebro tiene dos variantes, la segunda de ellas tiene la virtud de poder contemplar (y atravesar, aunque poco trecho) la gran masa forestal del Monte Hijedo, recientemente declarado LIC (Lugar de Interés Comunitario)
perteneciente a la red NATURA 2000 de la Unión Europea. Se trata del bosque caducifolio más importante y de mayor extensión de Cantabria, con una variedad botánica y cinegética que lo hace único ya que está enclavado entre dos regiones bioclimáticas, la atlántica y la mediterránea. Un monte de 1246 hectáreas, que comparte con los municipios burgaleses de Santa María de Gadea y Arija, cuya escasa presión demográfica lo convierte en un ecosistema de los más singulares de toda la Cornisa Cantábrica.

Si bien el roble albar (Quercus petraea) es la especie predominante en el Monte Hijedo, no faltan hayas en las zonas más altas y sombrías, así como abedules y avellanos. Abunda también el acebo, y hay una importante concentración de tejos, árboles poco abundantes y que casi siempre aparecen aislados. Monte Hijedo es también un importante reducto faunístico, refugio de numerosos jabalíes, corzos y lobos.

Estos robledales comenzaron a sufrir intensas explotaciones en la Edad Media para cubrir las necesidades de leña y carbón. En el s XVII, para fomentar la construcción de navíos, la Marina obtuvo privilegios en la administración de los bosques, permitiéndosele cortar todos los árboles adecuados para fabricar embarcaciones. Posteriormente en los s XVIII y XIX la madera de roble se utilizó para la fabricación del carbón destinado a las ferrerías. El Monte Hijedo por su relativo aislamiento y como núcleo central de una gran zona boscosa resistió, pese a todo, estos avatares, aunque seguramente fue reducida su superficie primitiva. Sin embargo, hacia 1930 esta masa boscosa casi desapareció, talada para obtener madera destinada a la construcción y la fabricación de carbón vegetal, de ahí que casi no se conserven ejemplares viejos. Tras ser repoblado, Monte
Hijedo sobresale hoy por el grado de conservación, el interés paisajístico. En este recorrido, al paso por las Lomas de La Serna, se contemplará, además de este gran bosque casi al alcance de la mano y dotado de una espesura deslumbrante, una panorámica excepcional, con algunas de las maravillas que regala la naturaleza en estado salvaje a los ojos y los sentidos, como los primeros surcos de los Cañones del Ebro, y más al fondo, el Páramo de La Lora.

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