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Pico (1.233 m)

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Luis Astola Fernández
Fecha Alta
28/03/2017
Modificado
29/03/2017

La Sierra de Espeja se extiende entre Espeja y Espejón, dos olvidados pueblos sorianos situados en el perímetro del Parque Natural del Cañón del Río Lobos, aunque fuera de su área de influencia y a desmano de los enclaves más populares de este espacio natural. Esta modesta alineación orográfica eleva su perfil compacto y alomado, manchado de coscojas y sabinas desmedradas, entre la Hoz del río Buezo, que le separa de las alturas de La Vaciada (1191 m), y el desfiladero de La Torca, labrado por el trabajo milenario del arroyo de Espeja; al otro lado de La Torca, donde se equipó la primera "vía ferrata" de Castilla y León, se alza la peña del Castillo de Espeja (1092 m), que exhibe aún en su cima algún sugerente vestigio de su antigua ocupación defensiva. La serrezuela presenta su cota más elevada sobre la áspera meseta caliza coronada por El Pico (1233 m), denominación algo ostentosa para tan achatada cima.

Este territorio remoto, lindante con otras remotas localidades burgalesas (Huerta de Rey, Arauzo de Miel...), tan cercanas pero tan diferentes (hasta sus nombres sugieren historias que ni Espeja ni Espejón aciertan a reflejar), perteneció a la provincia de Burgos hasta el año 1833. Así lo atestigua el Diccionario de Miñano (publicado entre los años 1826-1829), mientras que el compendio de Pascual Madoz (1846-1850) lo adscribe ya a la provincia de Soria. La historia de Espejón va unida a la de su cantera de mármol rojo, reabierta tras un periodo de inactividad, lo que ha propiciado cierto resurgir económico en la localidad; explotados ya en época romana, sus vistosos mármoles decoran desde el siglo XVI construcciones tan notables como el Monasterio de El Escorial, el Palacio Real de Madrid, el segoviano Palacio de La Granja o la Catedral de Burgo de Osma.

Los "Montes de Socios", un singular régimen de propiedad colectiva del monte

El final del siglo XIX marca un momento importante para el devenir económico de Espejón, cuando un grupo de vecinos (prácticamente todo el pueblo) adquiere al estado los terrenos del monte Palositos, expropiados al Monasterio de Santa María de los Jerónimos de Espeja en virtud de la famosa y controvertida Desamortización de Mendizabal (1836-1837), continuada y ampliada posteriormente (1855), respecto a los bienes de propiedad civil y militar, por el propio Pascual Madoz, titular del Ministerio de Hacienda durante el breve gobierno progresista encabezado por O'Donnell y Espartero.

Las expropiaciones y posteriores subastas de los terrenos desamortizados a la Iglesia y a otras manos "muertas", como el ejército, las universidades o los ayuntamientos, fueron una medida recaudatoria arbitrada para intentar sanear la maltrecha economía del estado, empobrecido por las guerras carlistas y embarcado en la construcción de las primeras líneas de ferrocarril. Las estadísticas hablan de que en el periodo comprendido entre 1850 y 1924 pudieron salir a pública subasta en el conjunto del estado entre siete y ocho millones de ha de montes, y alrededor de dos millones se adquirieron bajo el régimen de Montes de Socios, de ellas 180.000 ha en la provincia de Soria. Un documento de la Asociación de Propietarios Forestales de Soria explica perfectamente el origen y la realidad de esta singular figura de propiedad forestal:

"En muchas zonas de España son habituales los montes cuyo titular es un colectivo de propietarios. Denominaciones como "Monte de la Sociedad de Vecinos", "Montes del Común", "Sociedad del Monte", "Sociedad de Baldíos", son usuales en toda la geografía nacional, especialmente en las zonas más interiores del centro y la mitad norte. Estas denominaciones esconden, por lo general, una realidad de pro indiviso, en los que la propiedad corresponde a la vez a distintas personas físicas y/o jurídicas, en muchos casos varios centenares, las cuales no poseen una porción de terreno individual sino que son propietarias de un porcentaje de dicho monte.
La mayoría de esos terrenos no eran una buena inversión para potenciales compradores foráneos, ya que su rentabilidad económica iba a ser escasa. Sin embargo, sí eran esenciales para la subsistencia de los pueblos del entorno, dado que desde siempre los vecinos los habían utilizado como pastaderos de los ganados y como fuente de leñas y maderas. El alimento (carne, leche y miel), el abrigo (lanas, pieles y cueros), la fuente energética principal (leña y carbón) y el acceso a materias primas básicas para la edificación (madera y piedra), estaban en juego en una sociedad rural eminentemente agrícola y ganadera.
Fue entonces cuando los vecinos de los pueblos, temerosos de ver desaparecer esos espacios en que venían desarrollando sus actividades principales tuvieron que movilizarse y encontrar dinero suficiente para, entre todos, acceder a las subastas. Se organizaron, e hipotecando para muchos años sus modestas economías familiares, adquirieron los terrenos que sustentaban su forma de vida."

Palositos es uno más de los numerosos "Montes de Socios" repartidos por el territorio soriano. Abarca 1342 ha de terreno forestal situado al norte del municipio de Espejón, lindando con los inmensos pinares de la comarca burgalesa de La Sierra. Cuenta con 113 propietarios que, para beneficiarse del aprovechamiento del monte, deben ser herederos de los legítimos compradores, estar empadronados en Espejón y residir en la localidad durante la mayor parte del año; para comprobar este dato, aunque pueda parecer anacrónico, se lleva un férreo control de las pernoctas y de las jornadas que cada socio vive efectivamente en el pueblo.

En la práctica, los beneficios que reporta la explotación forestal de este tipo de montes (que en el caso de Espejón cuenta por cierto con la calificación de Gestión Forestal Sostenible) no inciden en la economía individual de los socios, sino que se reinvierten en la mejora del propio monte y en dotar de servicios al pueblo. En definitiva, montes privados, en régimen de propiedad colectiva y pro indiviso, pero con utilidad pública y que están actuando en muchos casos como elemento dinamizador y aglutinador para las propias comunidades rurales.

Desde Espejón al Pico

Situarse en la zona S de Espejón (1037 m), tomando como referencia el frontón o el pequeño centro de salud. Frente a este último, tomar la pista ascendente (o atajar por un camino en la pradera) que sube en un zigzag hasta los repetidores situados en un rellano de la ladera occidental del monte. Aunque la falda del Pico muestra abundante vegetación, en realidad se puede ascender casi por cualquier lado, como los propios rebaños que han abierto tímidas sendas, evitando las zonas más enmarañadas. Desde la antena, no obstante, es preferible dejarse caer a la derecha y adentrarse en la somera vaguada, por donde corre una veredilla trazada por el paso insistente del ganado, que nos permitirá esquivar cómodamente los obstáculos.

La senda asciende suavemente, con algunos tramos de piso áspero, hasta situarse ligeramente al N del Pico, desde donde habrá que buscar las zonas más limpias para superar el último repecho por terreno rocoso hasta el raso cimero. Un hito de piedras y una señal de coto de caza marcan la inhóspita cima del Pico (1233 m), que se sitúa en el extremo más occidental de la sierra, rodeada de coscojas que obstaculizan la contemplación del sobrio paisaje.

Desde Espeja de San Marcelino

Situados junto a la picota jurisdiccional de Espeja (1040 m), frente a la monumental fachada de la parroquia de San Lino, retrocedemos por la carretera de Espejón hasta las ruinas de la ermita de San Roque, junto a dos paneles del Desfiladero de La Torca y de las Sierras del Noroeste Soriano, y al pie de la peña del Castillo de Espeja (1092 m). Una señal de madera orienta en descenso hacia el Puente Antiguo, que salva el reseco cauce del arroyo Espeja con su único arco de rústicos sillarejos.

Al otro lado, una sutil senda a pie de monte contornea por la izquierda en dirección N una tierra de labor hasta su final, donde se perfila un buen camino procedente de la carretera. Tomamos esta vereda que, enseguida, se orienta al NW e inicia un prolongado ascenso por la tendida ladera oriental de la sierra de Espeja, a través de un inesperado pasillo herboso a plena loma que supera cómodamente la suave pendiente. Al final, convertido en sendero y por terreno de áspera roca, se alcanza el hito cimero del Pico (1233 m).

Accesos: Espejón (30 min); Espeja (1h)

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