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Les Raboses, Muntanya de (234 m)

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Luis Astola Fernández
arrow-iconFecha Alta
24/01/2017
arrow-iconModificado
25/01/2017

"La línea media del escarpado monte de las Zorras afecta la forma de arco, cuyos extremos son Cullera al Mediodía y el Cabo Blanco al N.E., siendo su longitud 4.830 m., y su elevación en el paraje más encumbrado, la altura de las Planicies, 233 pies sobre el nivel del mar". (Andrés Piles Ibars: "Historia de Cullera" - Sueca, 1893)

La Muntanya de les Raboses es la Montaña de Cullera. El abigarrado núcleo histórico de esta importante villa (en realidad, desde 1899 ostenta el título de Ciudad) arrocera, marinera y turística de la costa valenciana, se extiende, de espaldas al mar y abrazada por el cauce del río Júcar/Xúquer, a los pies de la pequeña Sierra de les Raboses, que la protege de los vientos del norte. En tiempos de la Qulyáyra árabe, en periodos especialmente turbulentos, la montaña también defendía a la población de los ataques e incursiones de las tropas cristianas, para lo cual se había dotado de un amplio recinto amurallado (la llamada "Segunda Albacara"), flanqueado por torres de vigilancia y rematado por la Alcazaba (s.X). Muchos siglos después, al castillo se le adosó una ermita dedicada a la Encarnación (s.XVIII) y, finalmente, se construyó el santuario neorrománico de la Mare de Déu del Castell (finales del s.XIX), patrona de Cullera. Castillo árabe y santuario, levantados a media altura de la ladera meridional de la sierra, forman parte inseparable de su perfil más popular.

Otro elemento identificativo de esta montaña, visible desde muy lejos, es la palabra "CULLERA" estampada con grandes letras blancas en su ladera de poniente; la ocurrencia, triste remedo del conocido (y no por ello menos vulgar) rótulo que "decora" la cinematográfica colina de Hollywood, surgió como un reclamo turístico en la década de los 60 del pasado siglo, cuando se inició la imparable destrucción de la costa mediterránea en aras de la especulación urbanística. Actualmente el vulgar graffiti, al que incluso se le dotó de una potente y absurda iluminación nocturna, como si se tratase de algún destacable monumento, no deja de ser una rémora absolutamente anacrónica, que degrada de manera inútil y gratuita la montaña y que la administración correspondiente debiera corregir y rehabilitar sin tardanza.

A vueltas con la toponimia

La toponimia ha sido tan generosa con esta modesta montaña litoral que cuesta decidirse por el nombre que mejor la identifique: Monte de las Zorras (y su actualización como Muntanya de les Raboses), Muntanya d'Or, el ya señalado Planicies, Pic dels Francesos, Muntanya de Cullera, e incluso, La Muntanya, a secas. Todos ellos cuentan con su correspondiente respaldo documental, que resultaría demasiado prolijo desarrollar aquí.

Llama la atención que los mapas toponímicos propios de la Generalitat Valenciana hayan adoptado para señalar su cota más elevada el de Pic dels Francesos, para el que no hemos conseguido localizar más que una dudosa cita en un opúsculo de 1985 de Francesc Giner, "Toponimia litoral y marítima de Cullera", en el que hace referencia para justificar el topónimo a "L'histoire de ma jeunesse", del matemático y topógrafo galo Jean François Dominique Aragó. En la citada obra, escrita a raiz de una visita de Aragó a diversos lugares del levante español en 1806, leemos literalmente: "Pendant mon séjour sur une montagne voisine de Cullera, au nord de l'embouchure du rio Xucar, et au sud de l'Albuféra, je conçus, un moment, le projet d'établir une station sur les montagnes élevées qui se voient en face. J'allai la visiter". Es evidente que el autor se refiere a nuestra montaña, pero no hay nada más, ni un nombre, ni una pista sobre el origen del término; se antoja que la fuente documental propuesta para justificar el topónimo que rotula el mapa topográfico oficial de la Generalitat es, menos que endeble, inexistente, y deja entrever muy poco rigor en su elaboración.

El "Corpus Toponímic Valencià", de la Acadèmia Valenciana de la Llengua (2009), únicamente recoge el topónimo Muntanya de Cullera, que probablemente sea el más antiguo documentado y, en esta ocasión, coincide con el nombre asignado por el IGN al vértice geodésico (Cullera) instalado en la cumbre; no obstante, el nombre que se viene imponiendo en el ámbito montañero valenciano en los últimos tiempos parece ser el de Les Raboses o Muntanya de les Raboses, al que no encontramos razones de peso para contradecirlo.

Ascenso a la cima por las Torres de la Albacara ("Camí de les Revoltes Velles")

Aunque la ruta se desarrolla por un entorno semiurbano y ambientalmente alterado desde tiempos ancestrales, no deja de reunir un puñado de incentivos históricos y paisajísticos, además de los puramente deportivos, para dedicarle una tranquila mañana. Desde la plaza del Mercado Municipal, en el mismo centro de Cullera (4 m), arrancan las escaleras que, calle Calvario arriba, nos sitúan en el paseo del viacrucis, profusamente señalizado, que asciende hacia la ermita y el castillo, recortados a media ladera.

Al poco de iniciarlo, antes de llegar al peirón (o casilicio) de la primera estación del viacrucis, abandonamos el amplio camino enlosado y nos desviamos hacia la visible Torre de la Reina Mora o de Santa Ana (s.XII), la mejor conservada de todas las que componían la línea defensiva de la antigua muralla árabe. Desde la torre, un sendero señalizado con las marcas blancas y amarillas de los PR, la "Ruta de las Torres de la Albacara", planea en dirección SE sobre las humildes terrazas del Barreig del Pou y del Arrabal del Mar, entre placas calizas invadidas de chumberas (Opuntia ficus-indica).

Un poste de señales marca a la derecha una vía de escape hacia la cercana Plaza de Andrés Piles, (punto de inicio alternativo), antes de alcanzar los escasos restos de la Torre Miranda (s.XII), la situada a menor altitud de todas las que componían el "Segundo Albacar", o segunda muralla defensiva a partir de la que rodeaba la alcazaba. Las balizas conducen aún, por el sendero que sigue el trazado de la antigua muralla, a otras tres torres de la misma época (Racó de Sant Antoni o De la Salut, la ruinosa Esmotxada y la Octogonal, rehabilitadas o reconstruidas con mejor o peor fortuna), y trepa luego por la ladera inhóspita y rocosa hasta el aparcamiento situado debajo del Castillo y de la Ermita de la Virgen del Castell.

Dejando las visitas para el regreso, un poste de señales indica el enlace con el sendero PR-CV 336, que continúa ascendiendo unas rampas ajardinadas por la trasera de los egregios edificios. El camino asciende entre pinos y, con fugaces panorámicas hacia las alturas de la Murta y de la Valldigna, recorre luego brevemente un agradable tramo antes de alcanzar las ruinas del Fort, donde sobreviven una pequeña torreta y algún lienzo de muro atribuidos a una fortificación de las guerras carlistas, quizás sobre anteriores vestigios iberos y romanos.

La continuación hasta la cota más elevada de la sierra no resulta especialmente atractiva; las marcas del PR descienden al collado inmediato y siguen un descarnado trazado que, perdiendo altura por la fachada occidental y trepando un último repecho, evita por la izquierda una cota intermedia rematada con un depósito de agua, y la cinta asfaltada que alcanza también la cumbre de Les Raboses (234 m). La cima, invadida por los artefactos de una estación meteorológica y con el vértice geodésico plantado sobre un depósito cilíndrico, no se presta demasiado al disfrute, aunque puede que sea el mejor mirador hacia las extensas praderas azules del Parque Natural de La Albufera, el "pequeño mar valenciano". A nuestros pies se distingue una humilde colina coronada por una de las dos ermitas dedicadas a los Sants de la Pedra (la otra pertenece a la vecina Sueca), sede del Museo del Arroz.

"Es graciosa la vista que se descubre desde lo alto del monte. Queda el mar al oriente tendido de norte á sur. No léjos de Cullera se ve entrar el Xucar, que viene haciendo curvas desde Alcira, corriendo unas veces por llanuras sin árboles, y otras oculto por entre las freqüentes matas de moreras, cuyo verde amarillento contrasta con el obscuro de los algarrobos que alternan con olivos. El monte de Corvera se ve prolongado de oriente á poniente, y en sus raices los lugares de Favareta, Llaurí y Corvera. El gran lago de la Albufera al norte, y mas cerca las preciosas huertas de Cullera hace interesante el quadro que ofrece allí la naturaleza y el arte." (A.J.Cavanilles, "Observaciones sobre la Historia Natural ..., del Reyno de Valencia". Madrid, 1795).

Descenso por el Camí del Calvari ("Camí de les Revoltes Noves")

Contando con suficiente tiempo y motivación, se podría descender en dirección NE por la "Senda de la Lloma" hasta el faro de Cullera, y regresar al punto de inicio siguiendo las marcas del PR-CV 336 por la ladera occidental, o bien hacerlo por el paseo marítimo de la zona turística de Cullera, al pie de la ladera contraria; en ambos casos se trata de rutas con abundante asfalto y callejeo entre urbanizaciones, que en esta ocasión preferimos evitar.

Regresamos pues desde la cima, por camino conocido, hasta el Castillo de Cullera (si se coincide con el horario de visitas, su terraza es un impresionante mirador de la comarca) y el Santuari de la Mare de Déu del Castell. El santuario, construido en estilo neorrománico a finales del siglo XIX, acoge una pequeña talla policromada de tradición gótica (s.XIV-XV) procedente de la antigua ermita de la Encarnación, adosada al castillo y ya sin culto; idéntica procedencia tienen las coloristas cerámicas que decoran la entrada al santuario. Un panel cerámico en el interior del templo narra la leyenda (casi siempre hay un pastorcillo de por medio) de la aparición de la talla de la titular, junto a otra que, al parecer, se trasladó al Santuario del Remedio de Utiel, situado en la ladera occidental del Pico del Remedio o Cerro del Trullo (1307 m).

Sin margen para la duda, enlazamos desde la terraza frente al santuario con el Camí del Calvari, una amplia calzada en zigzag por la que asciende desde Cullera (según la tradición franciscana) un monumental viacrucis, señalado por catorce peirones barrocos fechados en la última década del siglo XVIII. Los "casilicios", construidos con bien trabajados sillares y adornados con sobrias molduras, presentan en su parte superior una capilla enrejada que protege las vistosas cerámicas de la época, con temática obviamente religiosa; el singular conjunto, que se repite en versiones diferentes a lo largo del territorio levantino, fue declarado en 2007 Bien de Relevancia Local del Patrimonio Cultural Valenciano. El panorámico y cómodo descenso hasta las calles de Cullera, amenizado por la rimbombante prosa dieciochesca grabada en el pedestal de cada casilicio, que incluye los datos de sus generosos donantes, resulta corto y entretenido.(2,00)

Ruta alternativa por el PR-CV 336

El PR-CV 336 "Senda de la Lloma" es un sendero homologado, con inicio y final junto al cementerio de Cullera, que realiza un recorrido circular (14 km y 4 h), dirigiéndose en primer lugar entre urbanizaciones hasta la playa del Dosel y el faro de Cullera, situado en el extremo NE de la sierra; desde el faro, nuevamente por zona residencial, se alcanza el sendero que recorre la loma, a espaldas de la Albufera, y alcanza la cima de Les Raboses (234 m). A partir de la cima, coronada por los artefactos de la estación meteorológica, el sendero señalizado coincide, en sentido contrario, con el reseñado anteriormente; tocando el Fortín y el conjunto Castillo-Santuario, desciende por el viacrucis hasta el casilicio de la tercera estación, donde abandona el camino empedrado y desciende por la abrupta ladera, sobre un polígono industrial, en dirección al final de la ruta junto al cementerio.

Para saber más sobre este y otros rincones del litoral mediterráneo, merece la pena consultar la obra del hombre que mejor conoce la montaña valenciana y el inmenso patrimonio cultural que atesora, el prestigioso excursionista y divulgador Rafael Cebrián Gimeno: "Caminos junto al mar. Comunitat Valenciana", Carena Editors - Valencia 2014).

Accesos: Cullera, Ruta "Torres de la Albacara" (1 h); Cullera, PR-CV 336 (2h 30min)

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  • item-iconLluis Vidal
    El 8 de abril de 2018

    Passeig molt agradable i poc exigent per bona senda. El sender circular PR-CV 336 esta ben balitzat i no es fàcil perdre's.