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Cerro Amarillo (1.005 m)

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Joseba Astola Fernandez
Fecha Alta
08/02/2017
Modificado
15/02/2017
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Al NW de la población ciudadrealeña de Malagón, ya en las últimas estribaciones de los Montes de Toledo en su transición hacia las amplias y célebres planicies manchegas del Campo de Calatrava, y justo antes de zambullirse en el importante humedal de las Tablas de Daimiel (Parque Nacional), se alza la alargada Sierra de Malagón, punta de lanza de los cordales que se desgajan hacia el E desde el no menos singular enclave de Cabañeros (Parque Nacional también).

Aunque el punto más elevado de esta cadena se sitúa en el vértice geodésico del Pesebrillo (1070 m), a unos quince kilómetros de Malagón, lo cierto es que la sierra presenta en su sección final (la más oriental) una serie de cimas de cierto atractivo, desprovistas de arbolado y matorral y rematadas por rocosas morras o paredes de poca altura en las que crece el pasto que alimenta aún a algunos rebaños de cabras y ovejas.

Se trata de tres cumbres bien diferenciadas y fáciles de distinguir desde otras alturas aledañas de la comarca, que se pueden recorrer en un ameno paseo de media jornada. La más pequeña y cercana a Malagón (634 m) es el Cerro de San Pantaleón (903 m), un cerro de aspecto más suave y algo más vestido de vegetación que sus vecinos, dos mogotes gemelos cuya fisonomía cambia dependiendo del ángulo desde el que se les mire. Cinco metros de diferencia median tan solo entre el Cerro Amarillo (1005 m) y la Plaza de los Moros (1000 m), aunque el vértice geodésico se sitúe sobre esta última montaña, quizás el relieve más atractivo de la trilogía.

Desde el depósito de aguas de Malagón

La ascensión a estas tres cumbres, amén de hacerlo desde las mismísimas calles de Malagón, comienza junto al depósito de aguas de la población (670 m), el cual se alcanza en breve por una empinada pista (apta para todo tipo de vehículos) que parte de la carretera comarcal CM-4114 que une la histórica localidad manchega y la de Porzuna por la vertiente meridional de la sierra. Pasado el río Bañuelo, a unos dos kilómetros de la población malagonera, descubrimos el depósito, bien visible bajo el Cerro San Pantaleón, y la pedregosa pista que a él sube en menos de un kilómetro. Encontramos un cartel de madera que señaliza la Sierra de Malagón y el Molino de Carrillo (vieja construcción junto al río y al puente de Malagón, de origen romano).

El camino que de allí mismo parte, bordeando la instalación, transita por la cara sur del Cerro de San Pantaleón, dirigiéndose hacia el evidente collado entre esta montaña y la de la Plaza de los Moros, cuya silueta se va descubriendo más atractiva a cada paso.

Iris, cantuesos, asfódelos (o gamones), jaras, jaguarzos, romero, manzanilla… Los sentidos de la vista y del olfato encuentran un auténtico paraíso del disfrute. Con un poco de suerte el del gusto se unirá a la fiesta, pues la presencia de la preciosa Tuberaria Guttata, flor gualdinegra de gran belleza, delata la posible presencia de criadillas (Terfezia arenaria) bajo la tierra. Este hongo (también llamado trufa extremeña, trufa de pobre en Córdoba…) era considerado un manjar por los romanos, siendo hoy en día muy apreciado en los fogones del noroeste de Andalucia, La Mancha y Extremadura.

Con el placentero camino convertido ya en sendero y los ojos embriagados de mil colores,  alcanzamos el collado (852 m)(0,30), donde una cruz metálica, colocada hace años por gentes del pueblo, destaca sobre unas rocas.Del collado proseguimos por una bien trillada senda pedregosa hasta una bifurcación (0,45).Si bien podríamos proseguir la ascensión al Cerro Amarillo aventurándonos a sortear las pequeñas paredes que caen de la Plaza de los Moros, o incluso tomar alguna de las veredillas del ganado que surcan el mediodía de la sierra (por donde sugerimos regresar), optamos por alcanzar el collado que separa a las dos montañas gemelas por la umbría cara norte, tomando para ello una senda que alcanza la loma y, tras bordear la proa oriental del Moros, desciende suavemente unos metros para ladear después, más vestida de vegetación pero siempre perceptible y fácil de seguir, hasta situarnos a escasos metros bajo el collado (962 m) entre ambas cimas (1,05). Del extenso collado, donde suelen merodear las cabras ramoneando algunas pequeñas encinas dispersas, solo resta auparnos al rocoso Cerro Amarillo mediante una sencilla y breve trepada.

Para regresar al collado de la cruz metálica, podemos estudiar posibles rutas desde la cima, evidenciando la existencia de múltiples veredas que incitan a explorar los recovecos de la vertiente meridional de la Plaza de los Moros, además de, cómo no, visitar los restos del castro que se esparcen por su plaza cimera.

Durante el descenso, al mirar atrás, observamos los líquenes dorados que cubren algunas de las rocas del Cerro Amarillo, y que bien podrían sugerir la procedencia del topónimo que da nombre a la montaña.

Las Navas de Malagón

Desde las cumbres de esta Sierra de Malagón descubrimos, bajo nuestra posición, las manchas de las Navas de Malagón: la Grande, la de Enmedio y la Chica (protegidas bajo la figura de Reserva Natural, LIC y ZEPA). Se trata de tres lagunas de considerable tamaño, asentadas sobre terrenos de origen volcánico, cuya capacidad como acuífero varía en función de los índices pluviométricos de cada año.

En su más o menos húmeda superficie crece vegetación propia de terrenos encharcados, destacando algunas especies catalogadas como de interés especial por el Catálogo Regional de Especies Protegidas de Castilla-La Mancha.

En lo que a avifauna se refiere, el variable volumen de agua de las Navas acoge cada año a un mayor o menor número de aves, pudiendo albergar en los años más lluviosos a especies adaptadas a este tipo de hábitat, como somormujos, ánades, fochas, zampullines o la malvasía cabeciblanca (considerada en peligro de extinción).

Sea cual sea el año o el período en el que las divisemos,  las Navas de Malagón no dejan de ser una extraña y grata visión en una tierra como la manchega, de variabilidad climática tan extrema y acusada,  donde es una rareza encontrar tan delicados hábitats.

Acceso: Depósito de aguas de Malagón (1h 10min)

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