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Villamonte, Castillo de (989 m)

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Luis Astola Fernández
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20/03/2017
arrow-iconModificado
20/03/2017

Francisco Martínez Marina, autor del volumen dedicado a Álava del "Diccionario Geográfico-histórico de España" (Academia de la Historia. Madrid, 1802) registra la existencia de cuatro castillos en la localidad de Peñacerrada: "Lo cierto es que fué en lo antiguo plaza de armas, conservándose aún sus muros, y á corta distancia de la población las ruinas de sus 4 castillos, llamados Urizarra, Mendilucéa, Herrera y Villamonte, del qual se apoderó D.Sancho IV de Castilla, como dice su crónica: pasó allende de Hebro y tomó el castillo de Zaytay ó Zaytegui y vino á Vitoria, y desde aquí salió y tomó á Orduña el castillo de Villamonte... que estaban `por D.Alonso."

Conocíamos la mención que el entrañable José Antonio González de Salazar hace sobre el topónimo Peña del Castillo de Villamonte en su "Cuadernos de Toponimia, 3: Toponimia menor de la Rioja Alavesa" (Diputación Foral de Álava. Vitoria, 1986); sabíamos de la inclusión del Castillo de Villamonte (sin estructuras visibles) en la Declaración de Zonas de Presunción Arqueológica de Peñacerrada-Urizaharra, publicada en el BOPV nº 131, de 10 de julio de 1997, junto a las de otros municipios alaveses (Okondo, Agurain, Salinas de Añana, Ribera Alta, Ribera Baja, Samaniego); la existencia en el callejero de Vitoria-Gasteiz de una calle del barrio de Ariznabarra que ostenta el nombre de Castillo de Villamonte aguijoneaba nuestra curiosidad. Pero seguíamos desconociendo su posible ubicación.

Tirando de hemeroteca y rastreando información al respecto, topamos con un jugoso artículo del montañero e investigador Salvador Velilla, publicado en el Correo de fecha 17-10-11, y en la página web de la Sociedad Landazuri Elkartea, donde el estudioso riojano-ayalés afirma haber localizado el emplazamiento del histórico Castillo de Villamonte en una peña cercana al puerto de Rivas, que los locales conocen precisamente como El Castillo. Es un placer reproducir aquí algunos párrafos del artículo de Salvador Velilla y participar de su emoción ante el hallazgo del castillo supuestamente perdido:

"Un día, hablando con Felipe Bravo, vecino de Rivas de Tereso y buen conocedor de la montaña, me extrañó que tampoco hubiera oído nada sobre el castillo de Villamonte, cuando resulta que, como cazador que es, sabe el nombre de cada piedra que rodea el puerto de Rivas. Al cabo de un rato dijo: «En lo alto del puerto, donde paran los coches, hay un montículo al que llamamos la Peña del Castillo; es el mejor puesto de caza», sentenció Felipe. (...) Grande fue la alegría al sentir que pisábamos el lugar donde estuvo levantado el castillo de Villamonte, después de infructuosa búsqueda en terrenos de la aldea de Montoria."

En el mismo artículo, Salvador Velilla, a quien hay que agradecer el facilitarnos tanto las cosas con su propia investigación, aporta además algunos interesantes datos que parecen corroborar la identidad del hallazgo y aluden a la posible existencia en el entorno del puerto de Rivas de una desaparecida población denominada Uribarri, quizás contrapuesta a la de Urizarra, germen de la actual Peñacerrada-Urizaharra y perfectamente documentada en la actualidad:

"Otro documento, señalando los derechos que la villa de Labastida tenía en los montes cercanos al castillo, nos reafirma en esta suposición: «Que la dicha villa de Labastida y sus vecinos en los montes de Gabaza, que son desde la era del castillo de Villamonte hasta el puerto de Esluna, puedan cortar leña y madera libremente para sus casas, con tal que en el robledal que comienza desde el puerto de Rivas, que se dice de Uribarri, que es el de la Piedra…». Este texto es clarificador en cuanto sitúa el castillo de Villamonte entre los puertos de Osluna y el puerto de Rivas, al que algunos documentos se denomina Uribarri, que no es sino el nombre propio de una población que hubo en el entorno del castillo y que se llamaba Uribarri, puede que en contraposición con la población de Urizarra, que se levantaba unos pocos kilómetros más al norte, junto a lo que hoy es Peñacerrada."

El histórico Castillo de Villamonte

Tras visitar este atrevido crestón calizo sumergido en el hayedo que tapiza la vertiente alavesa de la sierra, no podríamos estár más de acuerdo con su descubridor. A pesar de que la plataforma y los parapetos instalados por los cazadores en la cumbre impiden hacerse una idea exacta del lugar y apreciar huellas de la posible intervención en el espacio cimero en la antigüedad, es grande la sensación de encontrarnos en la culminación de una peña no completamente natural; demasiado amplia y demasiado cómoda, en comparación con el aspecto escabroso e inaccesible del resto de la arista rocosa. Se aprecian, algo difusos, posibles rebajes y desbastes en la superficie de la plataforma, además de un pequeño murete de piedras aparejadas, casi suspendido sobre el vacío del farallón septentrional.

La sensación de recinto acondicionado se repite en la otra trepa encaramada a la cresta, situada en un plano inferior al W de la cota principal y señalizada con una placa que reza "VI-10151 Juan G.Castillo V. 20", que traducido de la jerga cinegética indica que se trata del puesto autorizado para la caza de palomas y zorzales Nº 20 de la línea denominada Juan G(alán)-Castillo V(illamonte) del coto de caza matriculado como VI-10151. Para rematar la cuestión, cerca de este puesto, en el punto más occidental del murallón, donde la arista rocosa se funde con la hojarasca del hayedo, se dibuja en la roca un arco escarzano, actualmente colmatado de grandes peñascos, que pudo haber ejercido en la antigüedad, con un mínimo acondicionamiento, como eficaz cuerpo de guardia. A falta de una prospección arqueológica seria, capaz de proporcionar datos fiables, especular y soñar no dejan de ser actividades gratuitas e inofensivas.

No sorprende en absoluto que desde la atalaya cimera se establezca comunicación visual con el resto de fortificaciones medievales del sector de Peñacerrada-Urizaharra (Herrera, Urizarra, Mendilucía); una elevada columna de humo originada arrojando maleza verde sobre la hoguera preparada al efecto en el "faro" de Villamonte sería visible incluso desde el alcázar de Toloño, que podría transmitirlo a su vez a las posiciones de vigilancia apostadas más a poniente (Peñaparda, Buradón, Bilibio...), estableciendo así una prolongada línea de comunicación con fines defensivos.

Cuando hablamos de fortificaciones de vigilancia situadas en cotas elevadas de estas sierras meridionales de Araba y de sus territorios aledaños (Burgos, Rioja, Navarra) hay que retrotraerse en el tiempo al menos hasta los siglos X-XI; su relativa abundancia en tan corto espacio invita a imaginar un periodo medieval convulso y conflictivo para los habitantes de estas tierras, agitadas por las relaciones belicosas entre árabes y cristianos y por las posteriores disputas fronterizas que enfrentaron a los monarcas navarros y castellanos.

Desde el puerto de Rivas o de Peñacerrada

El acceso desde el puerto de Rivas/Peñacerrada, paso de la carretera A-3202/LR-316 entre Peñacerrada y la localidad riojana de Rivas de Tereso, no puede ser más breve y cómodo, lo que permitirá la exploración pausada del presumible yacimiento medieval. La visita a Villamonte se puede complementar con el ascenso a alguna de las destacadas cimas situadas al E del Pto.de Rivas (Artxabal, Zerraluntxa, Cocinas...) o, en sentido opuesto, a las cumbres situadas en torno al Santuario de Toloño (Toloño, Bonbalatxi, Peña del León, Peña del Castillo...).

Desde la explanada utilizada como aparcamiento situada en lo alto del puerto (948 m), ya en la vertiente riojana, un senderillo remonta el talud hacia el N, atraviesa un corto tramo de zarzas y se introduce en el limpio hayedo que recubre la umbría de la sierra. Inmediatamente se atisba entre los árboles la afilada muralla caliza que crece en altura hacia su extremo más oriental. Ascendiendo en esa dirección en paralelo al crestón, pronto se accede al hombro desde donde se trepa, con el auxilio de cintas y de una escalera de madera anclada a la peña, hasta el puesto de caza plantado en la cima del Castillo de Villamonte (989 m).

El lugar suscita sentimientos encontrados. La belleza del espinazo rocoso emergiendo del hayedo es incuestionable; la roca y el bosque se combinan de manera armónica para crear hermosos rincones y sugerentes recovecos; la panorámica sobre los pueblos de la cuenca del Inglares, sobrevolando las copas de los árboles, se muestra espléndida... Sin embargo, resulta difícil sustraerse al impacto visual de cientos de cartuchos abandonados bajo los puestos de caza, acompañados de restos de materiales utilizados para construir las trepas, y de basura pura y dura. Los propios puestos de caza, emplazados en una "Zona de Presunción Arqueológica", no dejan de ser un despropósito revisable y subsanable, con las adecuadas dosis de tacto y de firmeza, por la administración competente. En los tiempos que corren ya no es de recibo mirar para otro lado cuando se trata de proteger cualquier manifestación de nuestro patrimonio cultural, por humilde que sea.

Tras descender de esta histórica atalaya, merece la pena rodearla en sentido contrario a las agujas del reloj (W) para alcanzar, al final del espolón rocoso, el arco colmatado por grandes piedras desprendidas del cantil, que imaginamos utilizado como precario habitáculo en épocas ya lejanas. Sobre el mismo, accesible por una maltrecha escalera desde la fachada sur, se puede alcanzar el mencionado puesto palomero nº 20, que parece presentar huellas de alteraciones antrópicas quizás no relacionadas con su actual función cinegética.

Sin duda, el Castillo de Villamonte (989 m) es otro hermoso rincón de la montaña alavesa cargado de magnetismo, que adquiere aún más relevancia por sus ancestrales connotaciones históricas.

Acceso: Puerto de Rivas (15 min)

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