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Morro de l'Aspre (912 m)

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Luis Astola Fernández
arrow-iconFecha Alta
13/11/2017
arrow-iconModificado
17/11/2017

El sector occidental de la Serra de Bernia, antes de hundir sus pies en el profundo valle de Tárbena y en las frescas aguas del Algar, presenta dos cimas poco conocidas y escasamente frecuentadas, a pesar de su prestancia, de su accesibilidad relativamente sencilla y de las fantásticas panorámicas que ofrecen desde sus cumbreras: La Campana (803 m) y Morro de l'Aspre (912 m).

Justificación del topónimo Morro de l'Aspre

La cartografía al uso no se muestra excesivamente generosa con la toponimia de este sector de Bernia. A pesar de su importancia, la cima que nos ocupa aparece innnominada en todos los mapas consultados, por lo que, a la espera de su confirmación o de futuros rastreos que determinen una denominación más ajustada, se impone una pequeña explicación que justifique la elección del topónimo.

En los mapas de la zona se repite el término "aspre" (Morro de l'Aspre, Recingle de l'Aspre) sobre la vertiginosa vertiente septentrional de esta vistosa montaña, lo que parece haber inducido a algunos montañeros a nombrarla directamente como L'Aspre, en nuestra opinión de manera errónea. "Aspre" es un topónimo relativamente frecuente en la orografía levantina y catalana, que parece referirse de manera genérica a un terreno quebrado, escarpado y de difícil tránsito, situado generalmente en las laderas de una montaña, más que en la propia cumbre. No es raro encontrar el topónimo acompañado de un locativo que lo singulariza y que, en ocasiones, acaba utilizándose para identificar una determinada cima; sin salir de las montañas alicantinas, podemos nombrar Aspre de la Solana (548 m), Aspres de Famorca (1305 m), Aspre de Puig (1378 m)... En nuestra opinión, el "aspre" de este sector de Bernia no es otra cosa que la escabrosa y casi inaccesible ladera de umbría de esta montaña, que presenta "recingles" (cortados, precipicios), insondables canalizos y cascajeras inhóspitas por las que solo osa aventurarse un pequeño hato de cabras funámbulas.

Ya hemos apuntado la existencia de un "Morro de l'Aspre", que la cartografía ubica en un saliente al pie del contrafuerte septentrional que se desprende desde la cima. "Morro" es un orónimo de origen prelatino, con el significado original de "peñasco, risco", que encontramos repartido generosamente por la geografía insular y peninsular de nuestro país, y hasta de otros lugares del ámbito mediterráneo. Sin necesidad de rebuscar entre la multitud de ejemplos existentes, cualquiera puede rastrear en su entorno montañas o lugares prominentes denominados morros, morras, murrus, morrones, con sus diversas variantes locales.

Por un fenómeno, bastante habitual en la transcripción de términos toponímicos, que el filólogo Álvaro Galmés de Fuentes denomina asimilación etimológica, la imaginación popular o, en la mayoría de los casos, los errores de transcripción o de interpretación de técnicos o funcionarios (escribanos, secretarios, notarios, topógrafos...) asocian el término "Morro" con "hocico", y acaban asignando el topónimo a un lugar saliente que guarde cierta similitud morfológica con una jeta porcina, por ejemplo.

No resulta descabellado pensar que, con el tiempo, nuestro Morro de l'Aspre se haya deslizado ladera abajo, desde su nicho original en la cumbre de la montaña, hasta el punto donde la peña se afila y estira los labios para beber un sorbo de las cristalinas aguas del Algar. Desde la racionalidad lingüística, dejando a un lado procesos evolutivos cuestionables o equívocos parecidos razonables, sean de tipo etimológico o anatómico, el Morro de l'Aspre debe estar donde le corresponde de manera natural: en el peñasco cimero (morro) que culmina la escarpada ladera del monte (aspre); o eso creemos.

El Fort de Bernia

El Morro de l'Aspre (912 m) es la cima más próxima al popular y concurrido Fort de Bernia, cuya visita supondrá sin duda el perfecto complemento cultural a la ruta. En más de un paseo por las montañas levantinas nos hemos dejado guiar por el botánico ilustrado Antonio José de Cavanilles, en la descripción del viaje que recogió en su "Observaciones sobre la historia natural, geografía, agricultura, población y frutos del Reyno de Valencia", a finales del siglo XVIII. En una etapa de su periplo, cruza la sierra de Bernia entre Benissa y Callosa, ascendiendo por la Solana y visitando el Fuerte de Bernia, del que nos presta una somera descripción y algunas notas botánicas y paisajísticas:

"Continuaba hacia el collado de Bérnia que debía atravesar, viendo por todas partes montes, mucho inclulto, y entre las plantas conocidas gran multitud de la xara blanquecina, sin descubrir una sola mata de la de Monpeller, abundante como vi luego en las partes meridionales del Bérnia; llegué al collado, único paso por aquella parte del monte, y en breve rato á a las ruinas de la fortaleza, que sirvió para impedir la comunicación de los pueblos meridionales con los septentrionales: aun se conservan sótanos embovedados y parte de los muros del fuerte, que formaba un quadrado de 130 varas: alli encierran los pastores sus ganados, y tienen la comodidad de una fuente que aun en verano suele dar un caño de tres pulgadas. Como es considerable la altura de aquel sitio se ve de un golpe quanto cae al sur y sudueste de Bérnia, recinto muy diverso del descrito entre la Granadella y Toix. Descúbrese el mar por la parte oriental desde este cabo hasta Benidórm, donde empiezan montes agrupados, que corren, al parecer, en arco hácia poniente para unirse con el cabezo oriental de Aitana."

Una fortaleza de vida efímera, construida en apenas cuatro meses de trabajo en 1562, según los planos del ingeniero italiano Giovanni Battista Antonelli, a instancias de Felipe II, y demolida por orden de Felipe III en 1612. Al parecer iba destinada a ejercer una doble función de vigilancia, contra las incursiones de los piratas otomanos a las localidades de la costa, y contra los intentos de sublevación de las poblaciones moriscas de los valles del interior levantino, amenazados con ser expulsados de las tierras que habitaban desde siglos y del paisaje montañoso que transformaron en fértil a base de bancales; expulsión que finalmente se produjo por orden de Felipe II en 1609, en uno de los episodios más lamentables de la historia española. El Fuerte de Bernia es una obra peculiar, dispuesta con forma de estrella de cuatro puntas, que conserva aún muros y bóvedas que permiten hacerse una idea de su estructura original. Merece la pena deambular entre sus ruinas y leer los paneles que las ilustran.

Al Morro desde Cases de Bernia

Situada en un rellano al pie de la umbría de Bernia, la partida de Cases de Bernia (Xaló) es la base de operaciones más cómoda para conocer las montañas y los parajes más populares de la sierra, especialmente en sus sectores central y occidental: el Forat, la Cova del Arc, el pico Bernia, el Fort, la nevera, la cabecera del Passet dels Bandolers... Se puede alcanzar este pequeño núcleo rural perteneciente a Xaló desde esta misma localidad, por las Cases de Masserof (12 km), o desde Benissa, por Pinos (15 km), utilizando en ambos casos la estrecha y tortuosa carretera CV-749.

Junto al pequeño aparcamiento de Cases de Bernia (625 m), un panel del PR-CV 7 "Volta a Bernia" informa sobre la ruta a seguir. En la bifurcación inmediata, tomamos la pista de la derecha, que asciende al pie de los cantiles de la sierra en dirección SW, con la Serra de Ferrer (898 m) y el airoso Penyot de l'Orenga (784 m) como referencia. Al llegar a un collado, a la altura de este atractivo cabezo calizo, el camino muta en sendero y gira al S; el paisaje experimenta una transformación radical, a la vista de la salvaje vertiente de umbría del Morro de l'Aspre (912 m), con sus cortados verticales y sus vertiginosas pedreras sin fondo. El sendero planea por este tramo delicioso y espectacular, y trepa finalmente al canto de la sierra en el coll de l'Orenga (819 m), donde descubrimos un poste de señales del PR-CV 48 "Fonts de l'Algar-Fort de Bernia"; las ruinas del fuerte están a un paso, por marcado sendero.

Para ascender al Morro, damos la espalda a los paredones de Bernia y seguimos un senderillo de cabras que serpentea entre brezos y punzantes aulagas, para salvar un primer escalón, donde hay que apoyar las manos. Se alcanza así El Planiol, una plataforma amesetada cubierta de arbustos bajos que no impiden el tránsito, con el imponente Morro al fondo. Esquivando por la izquierda el infranqueable muro rocoso que defiende el acceso por la fachada oriental, una empinadísima rampa por la cara del mediodía nos sitúa al borde del abismo abierto a los pies del Morro de l'Aspre (912 m).

Acceso: Cases de Bernia (1h 15min)

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