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Cerro del Castillo (1.248 m)

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Luis Astola Fernández
Fecha Alta
25/08/2018
Modificado
25/08/2018
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Hito paisajístico y monumental de la comarca atencina, el Cerro del Castillo (1248 m) no es otra cosa que la propia Atienza, que desparrama por su ladera oriental, al pie del aún imponente castillo roquero, el entramado de callejas, iglesias, palacios y murallas que le valieron su declaración, desde 1962, como Conjunto Histórico Artístico.

La historia de Atienza (que se identifica con la antigua Thytia o Tutia) comienza en la meseta rocosa de su cerro, donde pobladores arévacos encontraron en torno al siglo V a.n.e., ya avanzada la Edad de Hierro, un emplazamiento perfecto para establecerse, fácilmente defendible y con amplio dominio visual sobre la campiña circundante. Los arévacos, incluidos dentro de las tribus celtíberas del centro de la península, eran un pueblo ganadero que cuidaba sus rebaños de ovejas, cabras y yeguas en las sierras y vegas del actual territorio de Soria, S de Burgos y NW de Guadalajara. Se les atribuye la fortificación de poblados (oppidum) tan importantes como Uxama (Osma), Termantia (Tiermes), Segontia (Sigüenza) o Clunia, donde habrían protagonizado notables episodios guerreros antes de ser derrotados y asimilados por la cultura romana.

El Cerro del Castillo de Atienza empieza a hacer honor a su nombre cuando los árabes, en fecha remota, construyen una fortaleza en su cima y amurallan la población asentada en su ladera oriental, a la que llaman Atincia. La villa, situada en la frontera entre los dominios musulmanes y cristianos, cambia de manos en varias ocasiones hasta su definitiva incorporación en 1085, por parte de Alfonso VI, a la Corona de Castilla.

Para no perdernos excesivamente en datos y fechas, el montañero interesado sabrá recurrir a guías o a páginas más especializadas para completar los avatares históricos de la villa atencina, incluidos los que hacen referencia al origen de la popular Caballada de Atienza, convertida a partir de 1980 en Fiesta de Interés Turístico Nacional, que se celebra cada primavera desde hace ocho siglos en torno a la ermita de N.S. de la Estrella.

Un dato curioso: El Cerro del Castillo de Atienza en el "Cantar de Mio Cid"

"Ya partieron de La Ansarera los infantes de Carrión;
Dispónense a andar de día y de noche.
A siniestro dejan a Atienza, una peña muy fuerte;
La sierra de Miedes pasáronla entonces;
Por los Montes Claros aguijan a espolón..."

(Timoteo Riaño Rodríguez: "Texto modernizado del Cantar de Mio Cid". Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2007)

Los infantes de Carrión pasan bajo el castillo de Atienza, "una peña muy fuerte", con sus esposas doña Elvira y doña Sol, hijas del Cid con las que acaban de desposarse, camino de Robledo de Corpes, donde el Cantar de Mío Cid sitúa la escena de maltrato conocida como la "Afrenta de Corpes".

En un sesudo y documentado trabajo de Timoteo Riaño Rodríguez y Mª del Carmen Gutiérrez Aja ("Fecha y autor del Cantar de Mio Cid". Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes; Alicante, 2007), los autores utilizan el único verso donde el poema nombra a Atienza ("...Atiença, una penna muy fuert") como argumento para determinar que este cantar de gesta, considerado como la primera obra literaria escrita en lengua romance castellana, y atribuido en este mismo ensayo al canónigo de Osma, Pero Abat, se escribió a partir del año 1200, en concreto en 1207:

"Es indudable que el dictado de fuert, fortaleza, etc., se daba a las ciudades, villas y demás poblaciones; a los montes, alcores, peñas, etc., que estaban fortificados; y estas fortificaciones estaban constituidas fundamentalmente por el castillo rodeado de murallas. (...) ¿Y cuándo pudo cantar Pero Abat: 'A siniestro dexan atienza, una penna muy fuert'? Indudablemente cuando Atienza, levantada sobre una peña, estuviera fortificada con un castillo amurallado. (...) Pues bien, el rey Alfonso VIII y los habitantes de Atienza estaban afanosamente ocupados en fortificar a la ciudad con murallas en el año 1200".

Al Cerro del Castillo desde Atienza

Itinerario sencillo, relajado y monumental, que se puede combinar con el ascenso al Padrastro (1268 m) y prolongar hasta el Cerro de la Horca (1168 m), mirador de excepción hacia el singular emplazamiento de la villa atencina. Atienza es una encantadora villa castellana cercada de murallas, que conserva un hermoso casco medieval salteado de plazuelas, iglesias, ermitas y palacios; cuenta incluso con tres museos (Religioso y de la Caballada, en la Trinidad; Arte Sacro, en San Gil; y Paleontológico, en San Bartolomé), que permiten completar una interesante visita cultural y montañera.

Iniciamos la ruta al E del casco medieval de Atienza, junto a la iglesia románica de San Gil, con espacio para aparcar (1130 m). Seguimos Calle Real arriba hasta la Plaza de España, con su sorprendente fuente barroca (s.XVIII), cruzamos la primitiva muralla de Atienza bajo el Arco de Arrebatacapas (S.XII) y alcanzamos la coqueta Plaza del Trigo, que conserva un sugerente aire medieval en los entramados de sus fachadas y en los soportales sustentados con pilares de piedra; el balcón esquinero que exhibe uno de sus palacetes remata el capricho estético de esta preciosa plaza castellana.

Abandonamos el dédalo de callejuelas que dibujan el casco urbano entre la voluminosa iglesia de la Trinidad y la cochambrosa estructura de la plaza de toros portátil, un auténtico borrón en la armónica belleza de la villa atencina. Un antiguo viacrucis (pilares de piedra rematados con una cruz metálica) señala el camino hacia la iglesia de Santa María del Rey, actual cementerio, que exhibe una espléndida portada románica con siete arquivoltas labradas.

Antes de alcanzarla, tomamos a la derecha el camino que rebasa la torre del homenaje y rodea la peña por su flanco de levante hasta el extremo N de la moleta; una escalinata trepa hasta la plataforma superior del cerro y entra en el recinto del castillo por un arco de la muralla. Una vez en el amplio patio de armas, pasamos entre dos aljibes con las bóvedas desmoronadas y ascendemos hasta la terraza de la torre del homenaje, que señala el punto más elevado del Cerro del Castillo de Atienza (1248 m), aunque la cota más alta sobre el terreno, por escasos centímetros, parece situarse en el extremo N de la meseta cimera. Impresionante mirador, meca turística de esta hermosa villa castellana, sobre la campiña atencina y las montañas que la circundan: Alto Rey (1844 m), Recuenco (1422 m), La Bodera (1409 m); más cercanos, el Cerro de la Horca (1168 m) y el pintoresco Padrastro (1268 m), las dos montañas que completan la terna de los Cerros de Atienza.

La ruta hacia el Padrastro (1268 m) continúa por el camino asfaltado que circunvala el Cerro del Castillo por su fachada de poniente, sobre la iglesia de Santa María, hasta alcanzar la carretera de Berlanga en el collado intermedio entre los dos cerros (1174 m), donde se inicia el carretil de servicio de la caseta forestal instalada en su ventilada cima, que se alcanza en suave y cómodo ascenso.

Si se quiere completar el circuito por el Cerro de la Horca (1168 m), de vuelta al collado (1174 m) un camino desciende por la loma al SW hacia unas naves de ganado y continúa hasta la carretera CM-110; no es difícil enlazar tramos de asfalto y caminos de parcelaria para situarnos al pie del Cerro de la Horca, en la carretera CM-1001 que une Atienza con Hiendelaencina. Un carretil invadido por la vegetación asciende en breve hasta la caseta de comunicaciones cercana a la cima. El regreso a Atienza es evidente y no precisa explicaciones (alrededor de 2 horas la ruta circular con ascenso a los tres cerros).

Acceso: Atienza (20 min)

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