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Peña El Mazo (743 m)

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Luis Astola Fernández
Fecha Alta
21/03/2019
Modificado
21/03/2019
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Desde el recoleto pueblo de San Zadornil, el recortado farallón de Peña El Mazo (743 m), incendiado por el sol desde la mañana hasta el atardecer, presenta un aspecto impresionante. Su recortada cresta caliza, erizada de agujas, atrapa la mirada como un faro. Por eso mismo resulta aún más incomprensible que, tanto Peña El Mazo (743 m) como su vecina Peña Solascuevas (809 m), permanezcan absolutamente inéditas a efectos montañeros y no hayan merecido hasta este momento ni una sola mención escrita. Lo cierto es que nos encontramos ante dos montañas, El Mazo y Solascuevas, enormemente atractivas desde el punto de vista montañero, dotadas de singularidades geológicas, históricas, arqueológicas y estéticas que las convierten, pese a su relativa modestia, en objetivos de extraordinario interés.

Nuestro informante sobre la toponimia de las montañas que defienden por el norte el núcleo de San Zadornil, anónimas en la cartografía consultada, afirma que el macizo cabezo rocoso que se alza sobre la margen derecha de la hoz del Portillo, abierta a tajo por el humilde arroyo Paúles en la estribación oriental de Peña Gobea, y todo el crestón calizo que se prolonga al SE, se llama Peña El Mazo. José Mari, vecino "de toda la vida" de San Zadornil, se echa las manos a la cabeza recordando que, de jóvenes, trepaban a dos de las agujas más destacadas y visibles desde el caserío para colocar banderas "que el viento deshacía enseguida".

Aunque la perspectiva desde San Zadornil pueda sugerir lo contrario, la cota más elevada de Peña El Mazo (743 m) se sitúa en la mitad oriental de la cresta, prácticamente sobre la vertical del cementerio del pueblo, en la carretera de Quejo. Se trata de un aguzado pináculo rocoso de apariencia inexpugnable desde la vertiente meridional, donde presenta un liso muro prácticamente vertical.

El monolito es accesible, con todas las reservas, por su cara norte, desde la horquilla que lo une a la cresta. Desde este punto, la peña es un afilado colmillo de unos 4 metros de altura bastante verticales, aunque poco expuestos, con algunas presas recubiertas de musgo y pequeños arbustos y raíces que ofrecen escasa confianza, especialmente en su último tramo (quizás F+ o PD, aunque el impulso final y la asomada al vacío de la otra cara entrañan un peligro incuestionable). La cima de la aguja se antoja una plataforma demasiado estrecha, aérea y vertiginosa como para plantar los pies en ella sin un mínimo equipo de seguridad; en nuestro caso, por un elemental sentido de prudencia, nos limitamos a coronar la agreste cima de Peña El Mazo acariciándola con las yemas de los dedos.

Al pie del monolito y de su horquilla se extiende una terracilla con un ojo abierto al vacío, camuflado por arbustos de enebro (mucha precaución), que no es otra cosa que la bóveda horadada del covachón que abre su gran arco de entrada al sol del mediodía; un capricho geológico aparentemente poco conocido, incluso para los vecinos de San Zadornil a los que preguntamos por él.

En este insólito emplazamiento, localizamos en nuestra visita un minúsculo fragmento de cerámica ocre de fina factura, decorada con incisiones paralelas, de cronología incierta. En el Pico El Mazo de San Zadornil, sin más detalles, Maria del Carmen Arribas Magro ("Las Merindades de Burgos. 300 a.C.-1560". ACCI Ediciones. Madrid, 2016) documenta un "castellum" o emplazamiento defensivo fechado en la alta edad media (s.VI-VIII); el lugar, discreto, bien orientado, de acceso relativamente sencillo y, dado el caso, fácilmente defendible, se presta sin duda a dicha función. Hay que recordar que la comarca es enormemente rica en testimonios de época altomedieval, como las necrópolis y eremitorios rupestres de Corro, Pinedo, Tobillas, San Martín de Valparaiso..., o la propia Colegiata de Valpuesta, considerada la cuna de los primeros textos conocidos en lengua romance hispánica ("Cartularios de Valpuesta"), anteriores incluso a las "Glosas Emilianenses" del monasterio riojano de San Millán de la Cogolla.

Desde San Zadornil

San Zadornil, puerta de entrada al alavés Parque Natural de Valderejo, es el núcleo central de este apartado rincón burgalés integrado en el Parque Natural Montes Obarenes-San Zadornil; además de ser la cabecera administrativa de su término municipal, alberga también el centro de interpretación del parque ("Metrópoli Verde").

A la entrada del pueblo (658 m), tras cruzar el desfiladero del Portillo, tomamos a la izquierda la carreterilla a Quejo, que corre bajo los espectaculares paredones meridionales de Peña El Mazo. Rebasado el cementerio de la localidad, surge a la izquierda un camino agrícola que rodea brevemente el espolón SE de la peña. Recorridos unos metros, aparece a la izquierda una encinilla con una chapa rotulada con el número 2, correspondiente a la señalización de las esperas para las batidas de jabalí, abundante en la zona.

Tomamos el senderillo que salva el talud y recorremos el pinar, entre el blanco paredón calizo de Solascuevas y el final de la cresta del Mazo, por el paso que se abre entre ambas. Traspuesta una alambrada que nos corta la senda, encontramos un pino señalado con la chapa número 1; en este punto abandonamos el sendero y enfilamos por la empinada trocha que remonta a la izquierda, entre pinos y encinas, en paralelo a la cresta rocosa.

Con imprevista facilidad, a pesar del aspecto agreste y hosco de la serrezuela, ganamos la lomada y vamos sorteando agudos pináculos, con hermosas perspectivas, hasta alcanzar la base del monolito principal descrito más arriba, cuya cúspide, que no es preciso hollar, marca la cota más elevada de Peña El Mazo (743 m)(F+/PD); será difícil apartar la mirada de la afilada arista de Carria, en uno de sus perfiles más impresionantes.

Acceso: San Zadornil (35 min)

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