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Vidrieros - Curavacas - por el Callejo Grande
Javier Tezanos Díaz
Fecha de realización
12 de julio de 2018
Fecha de subida
12 de julio de 2018
Duración
04:44
Tiempo Detenido
No definido
Visto
4048 veces
Nivel de Ruido

Imágenes

Vidrieros - Curavacas - por el Callejo Grande

 El Curavacas es, junto con el cercano Espigüete, la cumbre más destacada y atractiva de la Montaña Palentina, sobresaliendo por su enorme volumen y su elevada altitud. Los 2524 m de este pico son la máxima elevación de la provincia de Palencia, y la segunda cima de la Cordillera Cantábrica tras la cercana Peña Prieta (2536 m), cuya cumbre se adentra ligeramente en el territorio de Cantabria. Pero mientras Peña Prieta queda muy deslucida en el entronque de diversos cordales de gran altitud, la ubicación solitaria del Curavacas, que se levanta nítidamente por encima de los montes circundantes, hace de esta montaña un relieve mucho más destacable en el paisaje del norte palentino, lo mismo que su vecino, el majestuoso Espigüete.

El Curavacas forma una entidad propia dentro del área montañosa de Fuentes Carrionas, extendiendo su cresterío en dirección E-O a lo lago de poco más de 12 Km. Por el N queda la montaña entroncada a la cordillera en dirección al pico Peña Prieta (2536 m). Los límites que se imponen a este macizo son muy claros: Por el N, E y S lo marca el río Carrión, que se ve obligado a realizar un gran quiebro ante la imposibilidad de cruzar la pétrea mole que se eleva más de mil metros sobre sus agitadas aguas. En el lado O es el barranco de Cardaño el que limita al macizo. En esta cordillera hay varias cimas que se alzan por encima de los dos mil metros: Pico del Vallejo (2186 m), Pico de Hoya Continua (2395 m), Pico de la Curruquilla (2416 m), Curavacas (2524 m), Monte las Huelgas (2221 m), etc.

El propio Curavacas se encuentra formado por tres cotas: La cima principal es la más oriental (2524 m). La más abrupta es la cima occidental (2504 m). Entre ambas queda el llamado Pico medio (2493 m). A diferencia del Espigüete, formado por unas calizas claras similares a las de los Picos de Europa, el Curavacas es una mole de conglomerados oscuros, siendo muy típico el color verdoso que adquieren éstos con los líquenes. La crestería del Curavacas está sumamente accidentada y, por su aspecto, alguien la comparó con el lomo de un inmenso saurio prehistórico petrificado en el Alto Carrión. El glaciarismo afectó a toda esta zona y, como vestigio del mismo, existe en un rellano de la vertiente N de la montaña un pequeño lago, conocido como Pozo Curavacas.

No cabe duda que el Curavacas es una bella y magnífica montaña, todo un símbolo de la montaña Palentina. Sin embargo, se debe tener cuidado en las escaladas invernales, pues se están produciendo accidentes mortales casi todos los años y muchos de ellos montañeros muy experimentados. Por ello, cuando se planifique una ascensión con nieve y hielo se deberán analizar todas las posibilidades de tormentas, aludes y desprendimiento de capas de nieve y al menor atisbo de peligro desistir de la subida.

A continuación, se describe la vía normal para ascender a la cumbre del Curavacas, que discurre por la vertiente meridional de la montaña, desde el pueblo de Vidrieros, y en condiciones normales no tiene demasiados problemas.

Vía Normal

Se sale del centro de Vidrieros (1325 m), desde una plazoleta, en la que se encuentra una ermita de ladrillo. Por la izquierda de ésta se entra en la Calle Chica, para girar después a la izquierda y seguir un camino de tierra (NO) que conduce a las praderías cercanas, cercadas con muros de piedra. A la derecha, entre árboles, se verá la iglesia parroquial encaramada en la ladera vigilando desde su privilegiado enclave la vida cotidiana de la villa. Enseguida se llega a una desviación, donde se irá a la derecha (N-NO).

El camino que sigue de frente sube a los altos de Ramacedo. La nueva pista se dirige directamente al Curavacas que se muestra al fondo del paisaje como una impresionante mole. El camino remonta el valle del Arroyo de Cabriles, que nace a los pies del Curavacas, cubierto por brezos, escobas, así como algunos robles y abedules. Se comienza a ganar altura ostensiblemente y no se tarda mucho en llegar a una portilla metálica. Tras ella hay un desvío a la izquierda, pero se seguirá de frente, valle arriba, para alcanzar un rato después las Praderías del Resollar (1550 a 1610 m), situadas al pie de la enorme y majestuosa mole rocosa del Curavacas, casi junto al nacimiento del arroyo de Cabriles. Cerca de la parte alta de los prados del Resollar se atraviesa el arroyo, y se sigue por el camino (N) hasta llegar al comienzo de la pedrera.

En este punto se deja el camino más transitado para seguir la subida algo a la derecha, por la zona de monte bajo, tangente a la pedrera, como si se fuese a ir al Collado del Hospital (2154 m), que se aprecia a la derecha de esta gran mole. Se recomienda esta subida, ya que si de hace por las grandes pedreras centrales la marcha se hace interminable, debido a en cada paso se retrocede medio por el corrimiento de los cantos. En la zona descrita, el sendero sube entre escobas y brezos, difuminándose en las zonas de pedreras. Esta variante no elimina totalmente el paso por las pedreras, pero disminuye mucho los “pasos con retroceso”.

Desde el punto en que se deja el camino más marcado se debe abordar la ascensión por la ladera de la derecha, buscando las trazas de sendero y algunos hitos que existen. Al llegar a la altura de los 2000 m el sendero se hace más evidente, se traspasa una pedrera y el rumbo se torna NO y se dirige a enfilar una canal que asciende en diagonal bajo los dos picos más agudos de la cresta oriental. El camino pasa junto a las estribaciones rocosas del Risco del Hospital (2303 m) y se interna en el Callejo Grande, un amplio pasadizo que se destaca entre los voluminosos promontorios rocosos circundantes. Aquí desaparecen las piedras movedizas y el suelo torna herboso, pero la pendiente aumenta a medida que se va subiendo. Se sigue el sendero bien marcado, ahora tomando como referencia la picuda mole rocosa del Diente del Oso (2382 m) que a modo de monolito se encuentra en frente. En este tramo de la ascensión, el Curavacas ofrece su silueta más característica, compuesta por dos grandes púlpitos unidos por una meseta central.

La cima principal, se encuentra situada en el púlpito de la derecha. Los roquedos que forman este formidable pico tienen un característico color verduzco, debido a los líquenes que tiñen la oscura roca conglomerada que conforma el macizo. Aquí el sendero está marcado con hitos, lo que permite remontar la pedregosa y empinada pendiente de la canal con mayor comodidad. Hay que tener cuidado y no confundirse con un atrayente collado herboso, ya que no es la brecha que se debe alcanzar, debiendo seguir hacia la izquierda remontando la última parte de la canal, más pindia y donde será necesario ayudarse con las manos en varios puntos.

Finalmente se alcanza La Horcada (2470 m), una estrecha brecha en la cresta de la montaña, dando vista al otro lado de la misma, con el Valle de Pineda y las montañas de Cantabria. El camino sigue a la izquierda por un corredor al borde del abismo, mientras se rodea brevemente la cumbre por la vertiente NE. Después solo resta un repecho final (de unos 300 m) muy inclinado que recibe el nombre de “La Llana” y llega enseguida a la cima oriental y más elevada del Curavacas (2524 m), señalada por el típico mojón del IGN, un buzón y una cruz.

Este último tramo a pesar de la pendiente se hace cómodo de andar y se descubren extensas vistas.

Es interesante fijarse en los cambios de vegetación que se producen, a medida que se va subiendo. Así, abajo junto al Cabriles, se muestra todo tipo de vegetación con diversa clase de arbolado, como abedules, fresnos, avellanos, espinos, hayas, etc. Más arriba, desaparecen los árboles y quedan los escobales y brezales, principalmente. A continuación, sigue el brezal corto, pero hay un tipo de escoba nuevo y más recio. A partir de aquí, las hierbas largas dejan paso a otras más cortas y finas, que son tan duras que sus puntas atraviesan el pantalón al sentarse. Junto a estas hierbas aún se puede ver alguna que otra flor, entre las que cabe destacar las flores alpinas: Orobanche minor (rabo de lobo), Digitalis purpúrea (dedalera), pequeñas matas de Oxirya digyna, algunas otras de Erygeron alpinus, pero, entre todas, la más bonita, con sus ramilletes de detonantes flores amarillo-doradas, es la Gentiana lutea (genciana). Las panorámicas que se contemplan desde el alto del pico son realmente maravillosas.

Si se da una vuelta en el sentido de las agujas del reloj, partiendo del N, cabe destacar el Pozo Curavacas en primer término, así como la cabecera del Valle de Pineda y Peña Prieta (2536 m), la única cumbre de la zona que supera al Curavacas. Por detrás se despliegan los macizos central y oriental de los Picos de Europa (pudiéndose distinguir con facilidad alguna de sus cumbres más emblemáticas, como Cerredo, Urriellu, Peña Castil, La Morra, San Carlos...), el Valle de Liébana (se distingue parte de Potes), el cordal de Peña Sagra, La Concilia, las crestas desde Peña Labra y el Cuchillón hasta Valdecebollas y las montañas pasiegas. Por detrás (S), la meseta Castellano-Leonesa, con los embalses de Aguilar y Ruesga, las sierras de La Peña y El Brezo, la pirámide caliza del Espigüete (2450 m), las cumbres de la Cordillera en su sector Astur-Leonés, etc. Incluso, en días de buena visibilidad se puede distinguir Santander a través del hueco que se abre entre los cuetos Cucón (Peña Sagra) y La Concilla. La bajada se realiza por el mismo camino de la subida, primero poniendo gran cuidado, hasta terminar el Callejo Grande, agarrándose a las rocas cuando sea necesario, para no resbalar.

Sin embargo, después lo mejor es dirigirse a las grandes pedreras centrales para disfrutar patinando entre los cantos rodados, lo que hace la bajada mucho más placentera y saludable, al no sufrir apenas las articulaciones debido a la amortiguación que se produce. La pedrera del Curavacas es la más larga y apropiada para bajar patinando de todas las existentes en los montes del norte de la península. La técnica de bajada es muy sencilla y nada peligrosa (aunque algunos piensen lo contrario), sólo consiste en flexionar ligeramente las piernas (como se hace normalmente para esquiar) y pisar de tacón en las piedras sueltas. Con el impulso de la pisada, éstas se deslizan hacia abajo con lo que el pie sigue también su curso.

Cuando las piedras se paran se dará el paso siguiente y así sucesivamente. Es importante no pisar en las rocas grandes, ya que éstas frenarán en seco nuestra marcha, pudiendo hacernos caer. Los pasos se deben dar sobre cantos pequeños, que son los que más se deslizan, de hecho, la longitud deslizada será mayor cuanto menor sea el tamaño de las piedras y con ello más placentera será la bajada. Conviene probar la velocidad de movimiento de las piedras, para adaptar a ésta el de los pasos (de bajar más deprisa que las piedras, la probabilidad de irse de cabeza es alta). Al principio se recomienda dar los pasos despacio hasta desarrollar la técnica, pudiendo alcanzar velocidades increíbles una vez que ésta se ha perfeccionado. Una vez terminada la pedrera se toma de nuevo la pista y enseguida se llegará a Vidrieros, que se encuentra situado a en la margen derecha del Río Carrión. Es el último núcleo urbano de la provincia palentina y su iglesia es de origen románico, pero no se usa actualmente, ya que la Misa se celebra todos los domingos en la ermita de ladrillo en la plaza del pueblo, junto a la que para el autobús. Las fiestas patronales se celebran los días 15 y 16 de agosto (Nuestra Señora y San Roque respectivamente).

Literatura consultada para texto y fotos

1. Rutas por las Montañas de Cantabria (Fernando Obregón Goyarrola).

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