Gora

Santa Eugenia, Peña (1.645 m)

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Joseba Astola Fernandez
Sarrera data
2015/01/15
Aldatze data
2017/11/01
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Separando las cuencas del Curueño y el Porma encontramos esta peña, modesta en comparación con las grandes moles calizas que se asoman al cielo de Los Argüellos.

Pero la Peña Santa Eugenia, o Peñabueno ( 1.645 m ), nombre por el cual también es conocida, es una montaña simpática y asequible con una ruta muy sencilla que ofrece un entretenido paseo e interesantes vistas de la Montaña Central Leonesa.
Proponemos aquí dos rutas de acceso a la cumbre, perfectamente combinables entre sí por la cercanía de los respectivos puntos de partida.

Desde Arintero

La primera opción parte de Arintero, pequeña aldea a la que se accede desde el sur tomando un desvío, un poco antes de llegar a Lugueros. Previamente habremos conducido por una espectacular y bellísima zona de desfiladeros y paredes calizas que comienza al poco de pasar por La Vecilla de Curueño. La carretera transcurre junto al río Curueño y en su trayecto cuenta con varios puntos de interés, como la estruendosa cascada de Nocedo o los vestigios de la Calzada de la Vegarada, antiquísima ruta de origen prerrománico cuyo trazado, bien visible desde la carretera, se conserva en parte.

Tanto Arintero como Lugueros sufrieron los embites de la Guerra Civil. Con todo, ésta última localidad, cabeza de municipio del valle al que da nombre (Valdelugueros), conserva algunos vestigios de interés histórico-artístico, como sendos puentes de traza medieval, o un molino harinero. Sería imperdonable no mencionar también el excelente pan que se elabora aun al modo tradicional en un horno del pueblo.

Nos situamos en Arintero (1.320 m.), pequeño núcleo donde se mantiene la casa con escudo donde supuestamente nació la valiente Dama de Arintero. Desde esta aldea enclavada en la vertiente norte de la Peña Santa Eugenia, la cima es bien visible hacia el SE Sin embargo, es probable que nuestra primera mirada se dirija a la Forqueta, una peculiar brecha de dimensiones considerables situada al E. de la población que parte en dos a la Peña Forcada (1.723 m.).

Rumbo por fin a la Peña Santa Eugenia, nos encaminamos cogiendo al final del pueblo una ancha pista para abandonarla de inmediato para tomar a la derecha un camino que desciende suavemente hacia el fondo de un vallecito, flanqueado por algunos arbolillos y un alambre que delimita los prados. Tras vadear el arroyo de Villarias, la senda comienza a ascender. Algo más arriba cruzamos otro curso de agua por un pequeño puente y proseguimos hasta auparnos a un collado. Las vistas hacia el O. comienzan a ser verdaderamente interesantes, destacando (con permiso de la también atractiva Peña Forcada), la que es sin duda la montaña reina de estos parajes leoneses: el Bodón.

Desde nuestra posición observamos en frente la larga cresta caliza de la peña a la que nos dirigimos, así como un característico collado herboso situado a su izquierda al que debemos llegar. Para ello, tenemos la opción de atravesar ascendiendo a media ladera a través de una zona de matorral que precede al collado (existen sendas de ganado a diferentes alturas), o bien (quizás sea más agradable), descender un poco para alcanzar la herbosa vaguada que proviene del collado al que pretendemos llegar. Si tomamos esta segunda opción, perderemos unos cuarenta metros de desnivel por una empinada aunque breve pendiente herbosa, pero caminaremos después por un terreno más amable, una verde alfombra junto a un arroyuelo.
Sea como fuere, dado que la orientación es sencilla, una vez alcanzado el collado bajo la cima podemos abordar el tramo final afrontándolo directamente en contacto con la caliza. Más suave y sencillo es trazar una diagonal hacia el S.O. para alcanzar la cresta por un terreno más agradable y descansado para caminar. Una vez en ella, solo nos queda girar a la izquierda y trepar de manera muy sencilla hasta la cúspide de la Peña Santa Eugenia. La panorámica que descubrimos hacia el E. (si no lo hemos hecho ya desde el collado) nos regala un buen número de montañas leonesas, destacando por su cercanía las que se yerguen sobre el embalse del Porma, como el Susarón o el Peñaruelo.

Hacia el lado contrario, a buen seguro será otra vez la enhiesta montaña del Bodón la que reclame nuestra mirada con su elegancia y magnetismo.

Desde La Braña

La Braña es otra pequeña aldea a la que llegamos en breve desviándonos a la derecha un poco antes de llegar a Arintero. Desde La Braña la ascensión es más sencilla. De las últimas casas del pueblo debemos remontar hasta su cabecera un valle que transcurre paralelo a la cresta caliza que desciende desde la Peña Santa Eugenia hasta la población. Un camino entre matorrales y árboles diversos (especialmente vistoso en época otoñal) nos conducirá a una pequeña cabaña que ya desde La Braña hemos podido localizar visualmente. Esta pequeña y sencilla construcción se encuentra abierta y en aceptable estado para pernoctar, y cuenta unos metros más arriba con una buena fuente. Desde ahí no tenemos más que proseguir vaguada arriba siguiendo sendas de ganado, siempre con la cresta caliza a nuestra izquierda, hasta llegar a un extenso collado herboso del cual solo nos restará efectuar una corta y sencilla trepada hasta la cima, situada a la izquierda. Se trata de una ruta muy evidente.

Dado que ambas poblaciones se encuentran separadas por algo menos de dos kilómetros, tenemos la opción de realizar una amena excursión circular, siendo quizás más sugerente ascender desde Arintero, dejando para una placentera bajada la ruta de La Braña.

La leyenda (¿o historia?) de la Dama de Arintero

A medio camino entre la historia y la leyenda, parece ser que la pequeña aldea fue cuna de una aguerrida y valiente mujer que ha pasado a la historia como la Dama de Arintero (actualmente existe en León una calle con este nombre). Corría el siglo XV cuando Juana, una de las siete hijas de un noble leal al rey, decidió acudir a la llamada de los Reyes Católicos para defender la Corona en contra de ciertas sublevaciones con ansias de poder. Sin embargo, el principal objetivo de Juana no era otro sino el de acabar con la pesadumbre de su padre, hombre leal a la Corona que se lamentaba de no poder acudir a la lucha por estar viejo y de no contar con hijo varón alguno que le sustituyera a tal efecto.

Calle usted, mi padre, calle. No eche, no, esa maldición
si tiene usted siete hijas Jesucristo de las dio.
Cómpreme armas y caballo, que a la guerra me voy yo.
Cómpreme una chaquetilla de una tela de algodón
para apretar los mis pechos al lado del corazón.”

Juana, tras las retitencias iniciales de su padre por ser mujer, terminó por adquirir aspecto de hombre y adiestrarse en el manejo de las armas.

Haciéndose pasar por un tal Caballero Oliveros, batalló victoriosamente bajo su falsa identidad varonil, pero la rotura de una prenda en plena lucha la delató, dejando al descubierto parte de su cuerpo femenino. Sin embargo, a pesar de ser descubierta, Los Reyes le concedieron algunos privilegios en agradecimiento a su labor y lealtad.

...Oliveros, no me mientas que yo sé por lo que es
que valiente como un hombre tú eres una mujer...”
“...Toma esas concesiones y vete para tu casa
que jamás servirá al Rey ninguno de la tu raza…”

Pero parece ser que cuando se dirigía a comunicar la buena nueva a su familia fue vilmente asesinada en La Cándana de Curueño, tal y como reza actualmente una cruz erigida en esta localidad, señalando supuestamente el lugar exacto donde la Dama encontró tan trágico final.

Hay que señalar que existen varios romances similares en diversos puntos de la geografía peninsular.
La realidad es que, historia o leyenda, podemos encontrar en varios escudos de la comarca (se dice que dentro de las tierras que le fueron concedidas por la Realeza) la figura ecuestre de la Dama acompañada de la siguiente inscripción:

Si quieres saber quién es este valiente guerrero,
quitad las armas y veréis ser la Dama de Arintero”.

Son versos extraídos del Romance de la Dama de Arintero, de tradición oral, publicados por Enrique Alonso Pérez en el Diario de León (05/11/2002).

Accesos: Arintero: (1h 20 min ); La Braña (1h 15 min).

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