Gora

Far, Pui de (1.621 m)

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Joseba Astola Fernandez
Sarrera data
2015/03/15
Aldatze data
2015/03/15
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La comarca leridana del Pallars Jussà presenta una de las más bajas tasas de población a nivel estatal. Reflejo de esta peculiaridad demográfica son las tierras situadas entre la Vall de Manyanet y la Vall Fosca, una zona que cuenta con pequeñas aldeas deshabitadas o muy escasamente pobladas. La extraordinaria ubicación de algunas de ellas, mirando en posición defensiva hacia las nieves del cercano Pirineo, bien merece una visita para conocer sus callejuelas y saborear sus recovecos, donde encontraremos auténticos tesoros tanto naturales como arquitectónicos.

Es de destacar y agradecer el esfuerzo que están realizando algunas personas para recuperar (con acierto además) la original fisionomía de estos núcleos, así como para limpiar y recuperar otra vez los muros de piedra seca que delimitaban los caminos viejos, aquellos que alguna vez sirvieron para el trasiego y la comunicación local, antes de que la maleza y el olvido terminaran por hacerlos desaparecer.

En medio de tanta desolación se encuentra el Pui de Far (1.621 m.), una modestísima elevación herbosa poblada por abundante ganado vacuno y atravesada en su parte alta por una línea eléctrica. Si a una tan poco atractiva presentación le añadimos que bastaría un breve paseo para alcanzar su punto culminante desde la carreterilla local que une los pequeños núcleos situados en sus laderas, tal vez no consigamos sacarla jamás del anonimato.

Se propone pues una ascensión más larga y con numerosas subidas y bajadas que nos brindarán la oportunidad de conocer interesantísimos enclaves naturales, paisajísticos, arquitectónicos e históricos antes de alcanzar la cumbre y deleitarnos con la visión de algunas de las grandes montañas de este sector pirenaico catalán.

Elegimos como punto de partida Estavill, pequeña población elevada sobre la vertiente derecha de la Vall Fosca que goza de una privilegiada panorámica hacia las elevadas alturas de la Vall, además de ofrecer un interesante paseo por los pasadizos que conforman sus callejas. Junto al depósito de aguas parte el antiguo camino que comunicaba esta aldea con la de La Bastida de Bellera, a través del singular Pont del Diable. La atractiva visión de La Bastida (núcleo deshabitado), ubicada en lo alto de un cerrillo, nos acompañará prácticamente hasta alcanzar sus ruinas. La senda que hasta ella nos conducirá ha sido recientemente recuperada y balizada, ya que forma parte de “El Cinquè Llac”, acertadísima iniciativa de un grupo de personas locales que ideó esta ruta para dar a conocer los encantos de la comarca e impulsar así, de una manera sostenible, la economía de sus vecinos, recuperando para ello viejos caminos que habían desaparecido.

La senda pasa entre antiguas terrazas de cultivo y desemboca en una embarrada pista que recorreremos brevemente en descenso, ya que muere repentinamente al toparse con el Barranc del Grau. Por senda otra vez vadeamos este peculiar barranco, compuesto por rocas de conglomerado que le confieren gran belleza, y que no es sino la antesala del Barranc de Sant Genís, un profundísimo tajo que nos espera algo más adelante y que no nos dejará indiferentes. Antes de ello, la senda sube suave para superar una loma y desciende después hacia un bonito robledal, pasando previamente junto a las ruinas de lo que fue el Monasterio de Sant Genís. Se dice que pudieron ser sus monjes los artífices del Pont del Diable, una auténtica joya en forma de puente que nos vamos a topar en el fondo del barranco, allí donde el robledal se desploma repentinamente en una angosta estrechura entre cuyas verticales paredes solo el arroyo ha sido capaz de abrirse paso. De origen románico (s.XI), tiene unos quince metros de largo por un par de ancho, presentando un único arco que se eleva de manera inverosímil unos cuarenta y cinco metros por encima del lecho del río. Lo más espectacular de su construcción es la apoyatura de sus muros sobre las verticales e inestables paredes de conglomerado del Barranc de Sant Genís, desafiando casi a la gravedad. Quizás porque la angostura del oscuro barranco se asemeje al mismísimo infierno, o quizás porque tan compleja labor de ingeniería no pudo ser obra sino de algún ser sobrenatural, lo cierto es que una leyenda otorga al Diable el mérito de la ejecución de la obra. Al parecer éste, disfrazado de apuesto mozo, acordó con una pastora, a cambio de oscuras intenciones, la construcción de un paso que le evitara a ella el fastidioso rodeo al que se enfrentaba a diario para reunirse con su rebaño.

Desprendidos de fantasias y ensoñaciones, y tras haber penetrado en el bosque para observar el puente en toda su dimensión, proseguimos senda arriba, desembocando en la ancha cabañera que proviene de Senterada y que nos va a dejar junto al despoblado de La Bastida de Bellera. La delicada situación de las ruinas desaconsejan su visita, por lo que proseguimos adelante en la misma dirección que traíamos (N.O.), ahora ya sin las balizas amarillas del Cinquè Llac. Bien por la pista de acceso al pueblo o bien atravesando la loma (senda) de Lo Tossal, por donde transcurren los postes de la luz, caminamos por encima del profundo Barranc de Sant Genís y desembocamos en la carreterilla asfaltada que une las aldeas de esta zona. Es el Coll de Fades, donde una señal indica “Larén”. Pisando el asfalto o monte a través (sin dificultad, siempre hacia el N.O.) alcanzamos las ruinas de otro despoblado: Santa Coloma d´Erdo. Este pequeño núcleo, situado por encima de los mil cuatrocientos metros de altitud, se encuentra vallado, por lo que no es posible acceder a él.

Para alcanzar el Pui de Far solo tenemos que ascender monte a través, siendo recomendable dirigirnos al collado situado al E. de la cima. De cualquier manera, numerosas sendas de ganado nos facilitan la progresión. Alcanzamos la cima por terreno herboso. Encontramos arriba un pequeño montón de piedras, además los postes eléctricos y una pequeña antena cercana.
Tras disfrutar de la vista, en la que destaca el Montsent de Pallars, podemos regresar a Estavill descendiendo a través hasta el visible despoblado de Larén, ascendiendo después por las cercanías o por la cumbre y ermita de Santa Bárbara (1615 m., vértice geodésico) para dejarnos caer definitivamente por una loma que desciende directamente a Estavill (no visible desde nuestra posición). También podemos tomar la loma (hitos, marcas de pintura morada) que baja a Antist (otra peculiar aldea recuperada, bien visible) y regresar a Estavill por el viejo camino que unía estas dos poblaciones (Cinquè Llac, balizas).
El descenso por Larén, además de ser más corto que la ruta que hasta el Pui nos ha traído, permite completar una satisfactoria travesía circular.

Accesos: Estavill (3h); Santa Coloma d´Erdo (30 min ).

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