Gora

Castillejo, El (615 m)

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Joseba Astola Fernandez
Sarrera data
2015/03/19
Aldatze data
2015/03/19
3
Paradójicamente, en los extremos opuestos de la isla de Lanzarote (Riscos de Famara al NW y los Ajaches al SE) se conservan sendas zonas de litoral salvaje que no cuentan, felizmente, con infraestructura turística alguna ni con caminos asfaltados que permitan llegar a ellas.

Especialmente relevante y espectacular es el Risco de Famara, un murallón basáltico de algo más de veinte kilómetros de longitud que se alza imponente sobre la costa noroeste de la isla. Bajo sus verticales y altivos resaltes se encuentra, totalmente ajena al movimiento turístico de otras partes del archipiélago, una franja costera deshabitada y salvaje separada de la isla de la Graciosa por un estrecho pasillo de mar conocido como “el Río”. Al otro lado de estas paredes se encuentran algunas poblaciones como Haría, Máguez o Ye, que cuentan con las tierras de cultivo más ricas y fértiles de toda la isla.

La infranqueable barrera del Risco de Famara cuenta con dos ancestrales caminos, utilizados hasta bien entrado el siglo XX por las gentes del lugar para sus actividades de comercio, transporte y comunicación. Uno de ellos es el conocido como Camino de los Gracioseros, zigzagueante senda que utilizaban los habitantes de la isla de la Graciosa para llegar a las poblaciones del norte lanzaroteño. Al parecer, era habitual que los hombres gracioseros transportaran a las mujeres en las barcas, cruzando el estrecho “Río” hasta la Playa del Risco. Entonces, éstas cargaban sobre sus cabezas el pescado fresco y ascendían por el camino hasta las poblaciones del norte de Lanzarote (principalmente Haría) para intercambiar la pesca por otros alimentos básicos imposibles de obtener en su pequeña isla. Cuando finalizaban la dura jornada, descendían el camino otra vez y avisaban a sus maridos para que acudieran a recogerlas, prendiendo para ello pequeñas hogueras.
Aun es posible escuchar en poblaciones como Haría multitud de curiosas historias, no exentas de dureza aunque también de solidaridad, todas ellas ocurridas alrededor de este camino.

La otra senda que se atreve a superar el murallón del Risco de Famara desde el mar hasta las poblaciones del interior septentrional lanzaroteño es la que transcurre por el Barranco de la Poceta. Se trata del viejo camino utilizado antaño por los habitantes de Caleta de Famara para llegar a Haría. El tramo del interior, el que desde Haría asciende hasta la parte superior de los acantilados, se encuentra actualmente balizado. Es un sendero que cruza varias veces la serpenteante carretera que une Haría con Teguise, y que conserva en buen estado su empedrado original. La continuación del ancestral camino hasta la costa, bajando por el Barranco de la Poceta, no está balizado, a pesar de que sea probablemente el tramo de más belleza de toda la ruta.

Desde la Urbanización Famara

Nos situamos en la urbanización de Famara (no confundir con la aldea de Caleta de Famara). Esta extraña y fea urbanización con forma trapezoidal cuenta con una serie de casas bajas situadas encima de un tramo de la larguísima playa de Famara.

De la esquina sur de la urbanización (se puede aparcar) parten varias pistas ( 50 m ). Hay un cartel señalizador de senderos, ajenos a nuestro recorrido. Con el cauce seco del barranco siempre a nuestra izquierda, ascendemos por la pista que se dirige al profundo barranco, pasando enseguida por las cercanías de una casa escondida entre la exuberante vegetación del fondo del barranco, tan oculta que puede pasar desapercibida. Más arriba (0,35) el ancho camino pasa junto a unas bonitas casas de piedra negra, recientemente reformadas y bien integradas en el entorno. A partir de estas viviendas el firme de la pista se deteriora y, tras unas curvas, muere al llegar a un aljibe, construcción quizás relacionada con el nombre del barranco que estamos recorriendo. Un poco antes de alcanzar este punto habremos podido observar una curiosa cueva bajo las inclinadas laderas que caen del Castillejo, tapiada pero con puerta de acceso y una pequeña ventana.

Con la vista de las feas bolas de las Peñas del Chache ( 670 m ) enfrente, la pista da paso a una senda, estrecha pero bien trillada y señalizada con hitos, que irá penetrando aun más en el salvaje barranco, siempre en la margen izquierda orográfica del mismo, abriéndose paso entre una inesperada y exuberante vegetación que brilla especialmente si las escasas lluvias que caen en la isla han hecho su acto de presencia en las semanas anteriores.

A medida que vamos intuyendo la llegada a la cabecera del barranco, la pendiente aumenta. Aparecen entonces los muros que sustentan la vieja senda, trazando algunos zig-zags que nos dejan repentinamente en esta especie de meseta que es la parte alta. Salimos a una pista (2,00), justo bajo las bolas de las Peñas del Chache, por lo que, si queremos “coronar” el punto más elevado de Lanzarote (hasta donde la valla que delimita el perímetro militar nos lo permite), no tenemos más que ascender durante escasos cinco minutos campo a través junto a los muros de las parcelas allí existentes hasta toparnos con la valla.

Mucho más interesante sin duda es acercarse al bonito espolón del Castillejo, que ya habremos visto a la izquierda según ascendíamos por el barranco. De los hitos que señalan la salida de la senda a la pista de la meseta, tomamos el ancho camino a la izquierda para, enseguida, desviarnos a la izquierda otra vez por un sendero que transcurre a media ladera bajo unas antenas situadas a más altura que la cumbre a la que nos dirigimos. La senda nos conduce al collado anterior a la cima, donde descubrimos una impresionante asomada vertical que no es otra sino el murallón del Risco de Famara. Solo unos metros y una breve subida nos separan de la cima del Castillejo (615 m ) con buenas vistas, especialmente hacia las islas de la Graciosa, Alegranza y Montaña Clara, además de la espeluznante caída vertical hacia la playa de Famara.

Divisaremos también no muy lejos, asomada casi al acantilado, la blanca ermita de las Nieves. Este tramo de la meseta que mira al mar es triste y célebremente conocido por haber sido el lugar que muchas personas han elegido a lo largo de los años para terminar con su vida, aprovechando la facilidad de acceso rodado para arrojarse al vacío con sus vehículos. Numerosas cruces jalonan la parte alta del Barranco de la Poceta y de la meseta en su asomada al vacío y el sol hace brillar en las laderas del barranco algunos vehículos ya irreconocibles y convertidos en un amasijo de hierro. La senda que hemos recorrido pasa cerca de uno de ellos.

Accesos: Urbanización de Famara (2h 15 min ).

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