Gora

Hoya, Pico de la (1687 m)

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Matilde Sanz Rebato
Sarrera data
2015/09/05
Aldatze data
2020/07/01
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Peñasco con forma de visera, de acceso fácil y corto, que invita a prolongar la actividad con la visita a otras cumbres del entorno como, por ejemplo, Carbonera (1861 m). La gran variedad de flores y mariposas que podremos encontrar en el recorrido harán las delicias de todo aficionado.

Desde Lois

Más o menos en el centro del pueblo de Lois sale una pista a la izquierda (W) hacia el Valle de la Vega o Prado de la Vega. Desde el primer momento tenemos a la vista el Pico de la Hoya. Enseguida nos encontramos con el Pico El Castro (1304 m) que bordeamos. Llegamos a un primer cruce para coger a la izquierda siguiendo la pista hasta llegar a una puerta de madera.

Más adelante el camino hace una curva y gira a la izquierda para regresar de nuevo al pueblo. Nosotros seguimos en el mismo sentido que traíamos avanzando sobre marcas de rodadas y posteriormente por sendero de tierra. Se trata de alcanzar el cordal que forma el Pico La Hoya con la Peña Jaido (1536 m).

El terreno es mixto de roca y hierba, pero no reviste complicaciones. Una vez en el cordal el punto más alto está en dirección N.

Accesos: Lois (1h 15 min).

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  • item-iconMatilde Sanz Rebato
    2020.eko uztailak 3a

    Muy enriquecedor tu comentario, Josebas. Muchas gracias por compartir tu experiencia.

  • item-iconJosebas Astoula Fernandez
    2020.eko uztailak 1a

    Travesía circular con principio y final en el singular pueblo de Lois, con el objetivo de coronar el Pico la Joya por la bonita cresta y loma septentrional, para terminar descendiendo por la no menos interesante ruta que se describe en la reseña.

    Realizamos una preciosa ascensión, improvisada y sin camino, aupándonos monte a través (sin más problemas que el fuerte desnivel) a la cresta situada al N.E. del Pico la Joya, sobre los prados del Valle de la Vega, sin segar y salpicados de multitud de coloridas flores.

    Sin hacer equilibrios sobre la arista (se camina muy plácidamente bajo la misma por la vertiente que mira al coqueto vallecito oculto que acabamos de descubrir, por donde descenderemos después), enfilamos directamente hacia el vistoso y elegante pico por senda de ganado, terreno limpio y  muy evidente, acometiendo los últimos metros por la pindia rampa septentrional de la montaña. Bonita cumbre, algo relegada al olvido, como tantas otras en León.

    Realizamos la bajada por la ruta que se describe en la reseña de Matilde, no sin antes auparnos a la Peña el Jaido, que toma su nombre del bonito "jaido"(hayedo) por el  que descenderemos al vallecito oculto desde el collado que separa ambas montañas.

    Es de destacar, ya en el fondo de ese bonito valle que venimos rodeando todo el rato, la deliciosa iniciativa llevada a cabo por Esteban (un enamorado de Lois y su entorno) con un grupo de niñas/os, en la que cada una/o ellas/os adornó una tablilla de madera con un mensaje dirigido hacia la naturaleza y eligió el emplazamiento de la misma. Desde una portilla de madera, en el fondo del vallecito, jugaremos a descubrir estas tablillas y sus mensajes, mientras nos guían hasta el emplazamiento delPozo de la Nieve, una profunda sima inmersa en el "jaido" que conserva la nieve durante buena parte del año.

    Una suerte en Lois (gracias, Esteban) poder visitar la Casa del Humo, modesta vivienda tradicional con techumbre de paja de centeno (mantenida actualmente por "teitadores" de los Ancares) donde residió durante casi un siglo de vida (hasta su muerte, al final de los años 90) un entrañable paisano llamado Noris. El sencillo mobiliario y la ennegrecida techumbre del interior del piso superior permanecen inalterados desde entonces. Verdaderamente impresionante es la costra de color negro azabache que impregna toda la parte superior de la vivienda, acumulada durante decenios y decenios por el incesante humo que invadía minuto a minuto la estancia. Cuesta creer (Esteban da viva fé de ello) que alguien tuviera la capacidad pulmonar para poder morar allí dentro. Noris, hombre de hierro (¡y fumador empedernido!), se resistió a abandonar aquel tradicional modo de vida hasta su último suspiro.

    *Nuestro más profundo agradecimiento a Esteban por revelarnos la existencia del paraje del Pozo de la Nieve, por animarnos, de paso, a subir a este desconocido Pico de la Joya, u Hoya), por compartir con nosotras tantas y tan interesantes iniciativas (a pesar de las trabas con las que se ha encontrado), por mostrarnos la casa de Noris y por transmitir con tanto entusiasmo su admiración por este pequeño gran hombre y por el pueblo de Lois en general.

    Un verdadero placer escucharte, Esteban.