Gora

Mola de la Garumba (1.144 m)

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Luis Astola Fernández
Sarrera data
2016/01/12
Aldatze data
2016/01/13
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La confluencia de los ríos Cantavella, Caldés (o Calders) y Morella dibuja sobre el terreno la figura de una horca o tridente, herramienta que parece estar en el origen del topónimo Forcall, referido a esta hermosa localidad de la comarca castellonense de Els Ports/Puertos de Morella; los tres ríos, unidos, forman el Bergantes, el único curso de la Comunidad Valenciana que vierte aguas al Ebro, a través del Guadalope. El ínclito botánico ilustrado Antonio José Cavanilles, en sus interesantísimas "Observaciones sobre la historia natural, geografía, agricultura, población y frutos del Reyno de Valencia" (Madrid, 1795-1797), ya insiste sobre la singularidad de la ubicación de Forcall, entre tres ríos y cuatro molas:

"Es singular la posición de esta villa, que cuenta hoy día 270 vecinos, inclusos los de las masias. Casi á los quatro puntos cardinales corresponden otros tantos rios, y en los espacios que estos dexan hay tambien quatro montes, terminados por muelas ó esplanadas. Tres de aquellos rios baxan por los rumbos de oriente, mediodia y poniente á unirse al norte de la villa, y desde allí juntos en un solo cauce continúan la via del norte hasta salir del reyno."

El abigarrado caserío de Forcall se distribuye, pues, en forma de punta de flecha, al abrigo de cuatro características molas: Mola de Sant Marc o de la Vila (947 m), Mola de Roc, de Sant Cristófol o Saranyana (1109 m), Mola de la Garumba (1144 m) y Mola d'en Camaràs o de Cosme (1035 m). La Garumba, la más elevada y extensa de las cuatro, exhibe en su extremo NW un hermoso peñasco de rotunda verticalidad, la Roca de Migdia (979 m), situada precisamente a mediodía (SE) de Forcall. Seguimos a Cavanilles en su apasionado relato de la ascensión a este extremo de la montaña, a la que, por cierto, denomina Muela de Miró:

"Las direcciones de estos ríos, los puntos de reunión y los valles por donde corren, se descubren de un golpe subiendo á la muela, llamada de Miró, que está al sudeste de la villa entre los ríos Caldes y Bergantes. En poco más de una hora llegué á la cumbre: pisé al principio un terreno gredoso, sembrado de muchos cantos que baxáron del monte, y por todas partes descubria campos cultivados: en los inmediatos á los rios habia cerezos, nogales y moreras; en los de la cuesta sembrados no muy buenos. A medida que iba subiendo hallaba mayores los peñascos desprendidos del monte, llegando algunos á veinte y cinco pies de diámetro: se distinguian ya los profundos surcos y hendeduras perpendiculares que existen en lo que queda del monte, todo pelado, cercado y aun sembrado de precipicios: tambien se veian las anchas cuevas que dexáron las peñas caidas, amenazando ruina y destruccion las que forman avances, y sostienen sobre sí enormes masas. El monte es inaccesible por la parte que mira á la población, y en las quebradas hay porcion de hierro obscuro y compacto. Los bancos superiores están perfectamente horizontales, y tienen dos pies de grueso con poca diferencia. Dí la vuelta por sendas poco seguras, hasta que doblando hácia la parte opuesta hallé paso fácil entre carrascas y coscojas que crecen en aquella altura."

Actualmente la ruta no resulta tan dramática; recorren la montaña buenos y cómodos caminos, perfectamente señalizados, que descubren rincones variopintos y hermosas panorámicas. Proponemos un itinerario circular, con inicio y final en Forcall, siguiendo hasta la cima el PR-CV 116 (Forcall-Morella) y regresando por el Mas de la Mola y el Mas del Racó; son cuatro horas de marcha, que sin duda se alargarán en el acecho pacífico a los rebaños de cabras (Capra pyrenaica), en la búsqueda del fósil perfecto por las pedreras de la umbría de la peña o en la pausada contemplación del paisaje.

Desde Forcall

Llegando desde la carretera de Morella (CV-14), poco antes de cruzar el puente sobre el Caldés que da acceso a Forcall, se alza la pequeña ermita de la Consolacioneta (siglo XVII), con espacio contiguo donde aparcar (680 m). Frente a su fachada, al otro lado de la CV-124, nace el camino que, en dos revueltas, asciende a la ermita de la Consolación (siglo XVIII, sobre obra anterior), patrona de Forcall, con su casa del ermitaño anexa.

En la bifurcación de la pista a partir de la explanada de la ermita, seguir por la izquierda hasta el depósito de aguas al pie de la imponente Roca de Migdia; poco más arriba se abandona la pista, que continúa hacia el Mas del Racó, y se toma a la izquierda el sendero marcado con la pintura blanca y amarilla del PR. El camino se abre paso de manera abrupta entre los enormes bloques desprendidos de la peña, hasta alcanzar el Balconet de Pilatos, pétrea explanada con fantástica panorámica sobre Forcall y las molas que la resguardan, Mola de Roc y Mola de la Vila.

A partir del Balconet, el delicioso sendero inicia un prolongado planeo por la umbría de la mola, al pie del cantil, entre encinas primero y más tarde, tras un breve tránsito por la amplia pista de acceso al Mas de la Mola, entre encinas y pinos. Un cable de acero, medida de seguridad quizás algo excesiva, ayuda a salvar un corto tramo de terreno empinado y descompuesto, antes de tocar el canto de la muela y seguir avanzando por su borde exterior, a la vista de la siempre impactante silueta de Morella.

Un poste de señales del PR marca el punto donde el sendero gira bruscamente a la izquierda e inicia el descenso hacia la villa morellana; es el momento de abandonar definitivamente la ruta balizada y ascender, siguiendo precisamente las aspas que indican dirección equivocada, hasta la cercana loma. A la derecha, por terreno herboso al borde del bosque de encinas y quejigos y junto al cortado, se gana en breve la aplanada cima de la Garumba, donde un murete de piedra seca protege del violento mestral que suele azotar con frecuencia la comarca.

Para el regreso, descender desde la cima hacia el interior de la muela (N), casi por cualquier sitio, por terreno limpio y suave entre quejigos y encinas. En algún momento empezaremos a caminar entre los bancales aterrazados del Mas de la Mola, cuya magnífica construcción se descubre más abajo; no deja de asombrar el trabajo ímprobo de los muros de piedra seca, así como la habilidad de sus constructores y hasta el cariño que se intuye en su ejecución, que da como resultado un paisaje bello y armónico como pocos.

Tras dejar el mas a la derecha, hay que introducirse decididamente en el cauce casi siempre seco del Barranco de la Mola, de cómodo tránsito en su primer tramo, y estar atentos al arranque, aguas abajo, de un sendero a la izquierda que pasará junto a un pouet con bañeras a modo de abrevaderos y alcanzará más abajo una portela de madera. Cruzada esta, el sendero se vuelve algo perdedor entre un encinar frecuentado por el ganado, pero hay hitos que orientan y mantienen la dirección siempre en descenso hasta tropezar con una pista que, por la derecha, encuentra los vallados del Mas del Racó.

A partir del mas, la pista se ensancha, el terreno se despeja y, en el tramo menos agraciado de la ruta, pierde suavemente altura faldeando la ladera occidental de la mola, al pie de los dorados cantiles que culminan en la Roca de Migdia. Dependiendo de lo que la intuición nos dicte en las bifurcaciones que vayan apareciendo, finalizaremos el recorrido sin problemas en la ermita de la Consolación o en algún punto cercano, aguas arriba, al puente sobre el Caldés.

Accesos: Forcall (1h 50m)

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