Gora

Atalaya (927 m)

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Joseba Astola Fernandez
Sarrera data
2016/02/13
Aldatze data
2016/02/13
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En los confines más septentrionales del Maestrazgo turolense se encuentra la villa de Castellote (774 m), bonita población que destaca, sobre todo, por su peculiar ubicación al amparo de un imponente castillo roquero del siglo XII.

Las casas de Castellote trepan por la solana de una alargada sierra que protege a la villa de los vientos del norte. En algunos mapas aparece nombrada como Sierra de los Caballos, aunque más bien podríamos considerarla como la linea de cumbres más  meridional de este amplio conjunto montañoso del Bajo Aragón. El punto más elevado (1082 m) de esta afilada cadena se sitúa en las cercanías del vértice geodésico de Tablada (1081 m), cota situada a unos kilómetros al oeste de Castellote, en una penillanura que  se desmorona cuando se asoma hacia el sur, hacia tierras del Maestrazgo.

Sin embargo, en el sector que se eleva sobre Castellote la sierra presenta unos relieves más vigorosos y abruptos hacia ambas vertientes (N y S), perdiendo algo de altura en el Collado de las Lomas (819 m) para volver a elevarse de forma significativa en la enhiesta y elegante peña de  la Atalaya (927 m), antes de caer definitivamente hasta los marcados meandros que el río Guadalope ha dibujado a lo largo de los siglos en su camino hacia el Ebro.

Auparnos a la Atalaya es una tarea tan sencilla como amena. Por lo tanto, aprovechando la riqueza paisajística, histórica y arquitectónica de los alrededores de Castellote, se hace más que recomendable completar la visita recorriendo los viejos caminos señalizados en la parte umbría de la sierra, aprovechando así para conocer parajes tan bellos y singulares como el acueducto de la Puerta del Gigante y el espectacular castillo templario, antes de fascinarnos con la embaucadora ubicación de la Ermita del Llovedor o de callejear plácidamente por la villa de Castellote.

Ascensión a la Atalaya

El visible y cercano Collado de las Lomas, a la derecha del castillo, se alcanza en breve desde las casas más elevadas del noreste de la parte vieja (si hemos aparcado en la parte baja del pueblo nos dirigiremos a la iglesia), por medio de un ancho y elegante camino empedrado que, durante siglos, fue la entrada principal a la villa desde el norte, antes de la construcción del túnel y la carretera que perforó la sierra bajo el Collado de las Lomas.

Alcanzado el collado, encrucijada de caminos (carteles señalizadores), giraremos al E para dirigirnos primero a unas visibles antenas, a las que llega una pista. Sobrepasadas éstas, solo tendremos que caminar por lo alto de la loma o por la vertiente septentrional de la misma, encontrando tímidas sendas de cabras a veces, aunque la mayoría del tiempo lo hagamos monte a través sin encontrar impedimentos.

La loma se irá perfilando e inclinando cada vez más, permitiéndonos caminar gratamente sobre un terreno calizo de escasísima vegetación. Unos curiosos afloramientos rocosos (y, por supuesto, la dosis de imaginación y fantasía que cada cual le quiera echar) nos aportarán la sensación de estar ascendiendo sobre el lomo de un dragón.

Pronto daremos vista al vértice, el cual alcanzaremos por un terreno casi horizontal. Momento de disfrutar del enigmático Maestrazgo turolense y castellonense, que extiende sus dominios desde el mísmisimo abismo que se desploma bajo nuestros pies. En los días claros de invierno también el Pirineo nevado nos sorprenderá hacia el N.

Completan la panorámica Castellote y su castillo, así como la enorme cicatriz de la abandonada mina Maria Luisa. No obstante, Castellote ha estado muy ligada a la minería del carbón hasta tiempos recientes.

Puente del Gigante y Castillo templario

De vuelta en el Collado de las Lomas son varias las opciones que se nos presentan. Un magnífico camino nos propone rodear la Atalaya por la cara norte y regresar a Castellote por la vertiente meridional. Sin embargo, para visitar el acueducto del Puente del Gigante tomaremos el no menos bello y ancestral camino que, jalonado por algún peirón, se dirige a la población de Seno.

Por la vertiente septentrional nos iremos adentrando en el Barranco de los Rincones, abierto entre nuestra sierra y la sugerente mole del Cerro de Santa Isabel (962 m). Enseguida, en un estrechamiento del barranco, nos veremos sorprendidos por el espectacular arco de la Puerta del Gigante. Esta construcción secular, recientemente restaurada y también conocida como Acueducto de las Lomas, tenía la función de llevar el agua hasta la población de Castellote, salvando los abruptos relieves en que se ubica. Consta de once arcos de mampostería, diez de ellos pegados a la pared y apoyados sobre pilastras, siendo el undécimo el que salva el barranco mediante un arco de 14 metros de altura.

Sobrepasada esta gran puerta por debajo, encontraremos a la izquierda (señal) la preciosa senda que nos ayudará a conquistar el castillo por esta vertiente, mucho menos frecuentada y con una emocionante entrada al recinto. Ecos de caballeros templarios, árabes y carlistas rezuman desde el siglo XII entre las bellas ruinas de sus muros y torres. Una reforma acometida hace muy pocos años permite que hoy podamos disfrutar de la sala capitular, la torre del homenaje, algunos aljibes y parte de los muros.

Tras divisar los tejados de Castellote a vista de pájaro (una vía ferrata llega hasta aquí desde la población), abandonamos el recinto por la pasarela de madera que salva el foso de la entrada, dejándonos llevar plácidamente por el camino normal de acceso al castillo.

Un interesante callejeo por Castellote, deleitándonos con su rica arquitectura civil y religiosa, pone la guinda a esta emotiva excursión.

La Ermita del Llovedor

A buen seguro, su espectacular ubicación nos habrá cautivado ya cuando la hemos divisado desde el collado de las Lomas. Sin embargo, el acceso a pie desde este paso es tarea imposible, debido a la verticalidad de las paredes que nos separan de la ermita.

Para visitarla, descenderemos por la carretera unas decenas de metros, tras haber pasado por debajo del túnel, hasta una curva. Desde ésta parte el camino acondicionado que nos lleva en breve hasta el edificio, en parte incrustado en la pared y construido en el siglo XVIII bajo la advocación de la Virgen del Agua, patrona de Castellote. Una peculiar romería tiene lugar todos los años en mayo.

Bajo la ermita “llueven” multitud de gotas de agua que manan de la vertical pared, cayendo a una pequeña alberca y dando nombre al templo.

Acceso: Castellote-La Atalaya (1 h). La vuelta completa no supera las 4 horas.

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