Gora

Sol, Peña del (1.708 m)

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Luis Astola Fernández
Sarrera data
2016/03/21
Aldatze data
2019/04/09
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El último rayo de sol incendia cada atardecer la blanca caliza de esta cumbre poco conocida de la Pernía palentina, a la que las gentes de Tremaya y del Valle de Redondo bautizaron de la única manera posible: Peña del Sol. El concepto de prominencia, tan útil a la hora de categorizar las montañas, palidece en este caso ante la belleza salvaje de su poderoso perfil y ante el inmenso placer que depara su ascenso. Bosques densos y umbríos, de robles en el ascenso, de hayas al regreso; pastizales montanos donde no es difícil sorprender la carrera alocada del rebeco; y sorprendentes caprichos geológicos labrados sobre las blanquísimas calizas, siempre con las suaves lomas de Valdecebollas como pardo telón de fondo.

La Peña del Sol (1708 m) aparece escoltada por dos atractivos satélites, la Peña del Gato (1629 m) y la Peña Bermeja (1584 m), que consiguen singularizar lo suficiente sus volúmenes (de nuevo la prominencia, escasa en ambas, fracasa en su intento de ningunearlas), como para plantearse visitar sus cimas, siempre solitarias. Este conjunto de cotas calizas se alza al final de una estribación que se proyecta al W del cordal de Valdecebollas, a la altura del Cueto de Comunales (2089 m), sobre el Valle de Redondos, por donde corren las primeras aguas del Pisuerga, brotadas poco más arriba entre las rocas de Fuente Cobre.

Estamos en terrenos del Espacio Natural de Fuentes Carrionas y Fuente Cobre - Montaña Palentina, declarado Parque Natural el año 2000 para proteger las cabeceras de los ríos Carrión y Pisuerga, por su riqueza en flora, fauna y elementos culturales. En sus 78.179 ha protegidas, el Parque Natural alberga importantes zonas de alta montaña (Espigüete, Curavacas, Peña Prieta, Lezna, Sierra de Peñalabra, Sierra de Peña...), hayedos y robledales prodigiosos, el sabinar más septentrional de Europa (Sabinar de Peña Lampa), un extraordinario reducto de tejos (Tejeda de Tosande), una rica fauna donde destacan animales tan emblemáticos como el oso, el lobo o el urogallo, y un monumental patrimonio artístico que encuentra en el románico su mejor expresión (San Salvador de Cantamuda, San Cebrián de Mudá, Salcedillo, Revilla de Santullán, Perazancas...).

Como en muchos otros espacios naturales donde menudean el oso o el lobo (ambos, en este caso), los paisanos acostumbran delegar la custodia de su ganado, que pace en semilibertad por los pastos de montaña en épocas propicias, en mastines de potente ladrido y aspecto fiero. No es improbable encontrárselos en el recorrido propuesto. Conviene recordar que, lamentablemente, los mastines no suelen estar educados para discernir entre su potencial enemigo y el pacífico montañero, al que le puede gustar la carne poco hecha, pero no necesariamente cruda y menos aún viva; no está de más adoptar unas mínimas medidas de precaución para evitar contratiempos.

Desde San Juan de Redondo

En Cervera de Pisuerga, tomar la CL-627 que, por el puerto de Piedrasluengas, descenderá luego a Potes; pasado San Salvador de Cantamuda, capital administrativa del Ayuntamiento y de la Comarca de la Pernía (imprescindible visitar su maravillosa iglesia románica), una carreterilla a la derecha circunvala la blanca pirámide de Peña Tremaya, siguiendo el curso ascendente del Pisuerga hasta San Juan de Redondo. Un ensanchamiento a la derecha al principio del pueblo, donde hay una fuente y se puede aparcar, es el punto de inicio de la ruta.

La propuesta es un itinerario circular en sentido antihorario, ascendiendo por un vallejo al pie de la solana de Peña Bermeja hasta el collado La Verdiana, con opción de visitar la propia Peña Bermeja y la Peña del Gato antes de culminar en la Peña del Sol; tras el descenso por el Valle de Viarce hasta Santa María de Redondo, podremos disfrutar de la rústica arquitectura de los dos pueblos del Valle de Redondos, aderezada con la increíble profusión de motivos heráldicos que adornan sus fachadas.

En San Juan de Redondo (1185 m), a la vista del compacto molino semioculto a la orilla del río bajo los álamos, cruzar el puente sobre el Pisuerga y abandonar enseguida el ancho camino carretero por un claro sendero que remonta a la izquierda; hay que seguir valle arriba las sendas trazadas por el ganado en la pradera, dejando abajo a la izquierda el fondo de la vaguada. Se avanza prácticamente en horizontal al pie de las graveras que cubren la ladera de solana de la Peña Bermeja (1584 m), viendo en la otra vertiente la pista abandonada al principio, demasiado elevada para nuestros intereses.

Tras rozar el fondo de la vaguada, los rastros que seguimos rodean por la izquierda una gran mancha de robledal mientras ascienden, siempre por terreno despejado, hasta una collada; a partir de aquí, aunque los arbustos la difuminan en algún punto, la senda es fácil de seguir, siempre al pie de la pedregosa ladera y por encima del arbolado (hay algún hito aislado, sin continuidad). Traspasamos a la brava una alambrada que cruza el sendero (35m) y pronto salimos del dominio del bosque, a la vista del impresionante relieve de la Peña del Sol. Hay que remontar por terreno empinado la sombría vaguada salpicada de árgomas hacia el marcado collado que la culmina.

Para ganar el cresterío y la cima de Peña Bermeja (1584 m), no sería necesario alcanzar el collado, sino flanquear hacia la izquierda a media pendiente bajo los roquedos de la Peña del Gato, trepar una canal semiherbosa entre ambas peñas y crestear luego con precaución hasta la cima, siempre apoyados en la vertiente de solana, más accesible que la de umbría. La visita a la Peña del Gato (1629 m) requiere en cambio llegar al collado La Verdiana y ascender en breve a la solitaria cima por la arista SE, única vía exenta de complicaciones.

Desde el collado La Verdiana (1,35), situado al N de nuestro objetivo principal, un sendero asciende suavemente por la campera hasta el verde collado Morcillero, marcado con un pequeño mojón, al pie de la loma de La Verdiana (1768 m) por donde continuaría la ruta en caso de querer alcanzar la Peña de los Redondos (1875 m) y el propio cordal de Valdecebollas (2143 m).

Desde el collado Morcillero, al E de la Peña del Sol, una lengua herbosa salva la pendiente hasta un hombro a la izquierda de la cima, que se alcanza finalmente (1,55) entre las árgomas que tintan de amarillo una tendida rampa. Junto al sencillo hito que marca el punto más elevado se abarca un inmenso panorama de montañas, muchas de ellas conocidas y algunas aún por descubrir.

Un pequeño túnel horada el peñasco ubicado al este, justo bajo la cima; el covacho, querencioso para el ganado pero limpio, se antoja apropiado para contemplar la amanecida tras el vivac, para acabar de llenar de significado el nombre de la Peña del Sol.

El descenso desde el collado Morcillero busca hacia el norte las sendas de ganado que se introducen, bajo la Peña del Gato, en el espléndido hayedo que tapiza la cabecera del Valle de Viarce. Primero en flanqueo y descendiendo luego más abruptamente entre las hayas, mientras trazamos surcos en la espesa hojarasca, salimos al encuentro del camino que recorre, sin llegar a tocar el fondo, el bucólico Valle de Viarce (2,35); pasaremos bajo las Peñas del Moro (Las Vinajeras, en la cartografía del IGN), dos erectos colmillos pétreos de aspecto torvo que brotan al pie de la umbría de Peña Bermeja.

Las casas de Santa María de Redondo, ya a tiro de piedra, marcan la dirección a seguir. Tras cruzar el puente sobre el Pisuerga (3,00), merece la pena callejear un poco para descubrir la multitud de escudos heráldicos que adornan sus fachadas, algunos de ellos con leyendas que los fechan entre finales del siglo XVII y principios del XVIII; menos de 1 km nos separa de San Juan de Redondo, donde se repite esta curiosa epidemia de nobleza rural. (Duración total, incluyendo Peña Bermeja y Peña del Gato: 4,30-5h).

Accesos: San Juan de Redondo (1h 55min).

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