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Máxima elevación de la pequeña Sierra de los Santos y, a su vez, una de las mayores cotas de todo el sector cordobés de Sierra Morena, el modesto Cerro Maleto (878 m) ofrece una generosa visión del amplio valle del Guadiato. La brevedad y sencillez de la excursión puede enriquecerse algo más si ascendemos también al cercano Alto del Castillo del Hoyo, lo cual no es poco en una zona donde muchas montañas se encuentran presas en el interior de prohibitivos vallados cinegéticos y fincas privadas.
Desde el Portezuelo
Iniciamos la ascensión en el alto del Portezuelo (703 m), a tan solo un kilómetro de la aldea de El Hoyo, en la carretera entre Peñarroya-Pueblonuevo y las aldeas de Fuenteovejuna.
Una pista, junto a un cartel de la Junta de Andalucía que prohíbe la circulación a vehículos no autorizados, entra en un vallado y se dirige hacia el Cerro Maleto, flanqueada por pequeños pinos y abundante matorral de aromáticas jaras. Alcanzado el amplio collado entre el Maleto y el Alto del Castillo (0,15), cuando la pista realiza un pronunciado giro hacia la izquierda, la abandonamos por un camino de tierra blanca y hierba que nos deja, en breve, frente a una cancela metálica, que traspasamos. Estamos en el collado (768 m) entre el Maleto y el Alto del Castillo. Encontramos detrás un buen número de colmenas y el inicio de una senda que, por el lomo del cordal y acompañada en todo momento por una valla a nuestra izquierda, nos va a llevar directamente a la cima por un agradable pasillo entre aromáticas flores y arbustos (cantueso, jara…).
También es posible, aunque disminuye el interés de una ascensión ya de por sí sencilla, alcanzar el vértice del Maleto por la pista por la que hemos comenzado en el Portezuelo. Esta, tras el pronunciado giro al que se ha hecho mención, conduce a una visible y gran edificación relacionada con la red de abastecimiento hídrico de las aldeas circundantes, dando paso a un inclinado cortafuegos que nos deja en el cordal. Cruzando la valla por algunos puntos en que está rota, desembocamos en la senda que proviene de las colmenas.
Descubrimos la amplitud del valle del Guadiato, destacando por su tamaño las localidades de Fuente Obejuna y Peñarroya-Pueblonuevo, bajo su característico Peñón, así como el pequeño embalse de Sierra Boyera.
El enigmático Seminario de los Ángeles (Parque Natural de la Sierra de Hornachuelos)
Salvo que optemos por conocer Fuenteovejuna (aquella donde “todos a una” dieran muerte al cruel comendador Fernán Gómez de Guzmán e inspiraran a Lope de Vega para concebir su “Fuenteovejuna”) o por otros planes, proponemos una larga ruta en automóvil (o, incluso mejor, en bicicleta) parar perdernos en lo más profundo de la Sierra Morena y terminar la jornada alcanzando a pie el abandonado y enigmático Seminario de los Ángeles desde la población de Hornachuelos, utilizando para ello una bonita senda de acceso.
Ciertamente, la población de Hornachuelos y, por ende, el citado Seminario, se encuentran a una distancia considerable del Cerro Maleto. Por ello, es necesario disponer de tiempo, paciencia y ganas de respirar paz y tranquilidad para afrontar el largo trayecto. Desde el mismísimo Portezuelo, tomamos la carretera hacia el sur, pasando primero por alguna de las aldeas de Fuente Obejuna (Navalcuerno, Los Pánchez, Ojuelos Altos, La Cardenchosa) y dar paso, tras esta última pedanía, a un impresionante recorrido de, aproximadamente, 55 kilómetros hasta la localidad de Hornachuelos.
Se trata de una retorcida pero espectacular carretera (estrecha aunque muy bien asfaltada) que se interna en lo más profundo del paisaje de la Sierra Morena cordobesa, atravesando el Parque Natural de la Sierra de Hornachuelos en un constante subir, bajar, girar y maravillarse, entre un paisaje infinito de encinares y profundos barrancos como el del río Bembézar. Un trayecto, por otra parte, en el que encontraremos una única y peculiar población, la diminuta San Calixto, azuzada en su día por las tropas napoleónicas y habitada, hoy en día, por una comunidad de monjas de clausura. No en vano, es esta una comarca muy ligada a la vida espiritual y de recogida, dando morada a algunas congregaciones e, incluso, a algún solitario eremita que ha encontrado en la soledad de estos parajes su lugar en el mundo.
Tras (fácilmente) una hora larga de viaje alcanzamos Hornachuelos, población que destaca por su singular ubicación, colgada sobre unas paredes verticales.
Desde las cercanías del embarcadero, sobre las aguas del embalse del Bembézar en su vertiente orográfica derecha, parte la senda que conduce en algo más de 4 kilómetros al Seminario de Los Ángeles, un vetusto y gigantesco edificio colgado sobre las aguas del Bembézar.
Aunque originariamente, en el siglo XVI, fue un monasterio, poco o nada queda de aquella construcción. Hoy en día, el Seminario es un horrible y monstruoso bloque de hormigón de hasta seis plantas en algún punto que se desmorona a trozos. La última fecha de abandono ocurrió en la década de los 70, al parecer por el alto coste que suponía su mantenimiento, al estar tan alejado de todo. Este hecho y algunas oscuras leyendas que hablan de incendios y muertes acaecidas a lo largo de los siglos, le han valido el título de “lugar maldito”, no siendo pocas las personas e incluso medios de comunicación (programas de TV y radio) que se han acercado alguna noche al lugar en busca de sensaciones paranormales.
Más allá de estas fantasiosas historias (el lugar sobrecoge, hay que reconocerlo), la senda que hasta allí conduce supone un delicioso paseo junto a las aguas del Bembézar, entre rica vegetación (especialmente bella en la primavera más temprana) de encina, alcornoque, jara, cantueso, romero y los portentosos eucaliptos que se yerguen junto a la Fuente de los Tres Caños (Salud, Suerte y Amor), justo antes de la subida final al Seminario. La Cruz del Ecijano da la bienvenida a tan lúgubre lugar.
A falta de frailes y monjas, la cigüeña negra es la habitante dueña y señora de estos tranquilos y bellos parajes.
Accesos: El Portezuelo (30 min); Seminario de los Ángeles desde el embarcadero de Hornachuelos: 4,7 km (2 h)
