Gora

Peña Tremaya (1.441 m)

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Luis Astola Fernández
Sarrera data
2016/04/11
Aldatze data
2017/10/10
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Cuando en la escuela, hace ya algunos años, te ponían delante una cuartilla y un lápiz y te sugerían (o te ordenaban, ya no recuerdo muy bien) "dibujar una montaña", los niños de mano torpe y trazo inseguro dibujábamos siempre, sin saberlo, Peña Tremaya. Un joven y cantarín río Pisuerga, recién rebrotado en sus nacederos de Fuente Cobre, lame la base de la montaña con sus riberas festoneadas de alisos, álamos y sauces, y completa, junto a las casas y la espadaña de la aldea de Tremaya, el imaginado paisaje infantil.

Montaña aislada, de caliza blanquísima, piramidal, de líneas puras y aspecto ilusoriamente inaccesible, Peña Tremaya es referencia paisajística inapelable para las gentes de la extraordinaria comarca palentina de La Pernía. Su cumbre, reducida en espacio pero generosa en vistas, está ocupada actualmente por una caseta de vigilancia forestal de la Junta de Castilla y León y por una pequeña antena anexa.

Tiempo atrás (al menos desde el siglo XI, antes quizás), abundantes referencias documentales sitúan en la cima un castellum o castrum de Tremaia o Tremagia, torre vigía o pequeño castillo ligado a la defensa de estos territorios fronterizos entre el Reino de León y el aún Condado de Castilla, en una época por lo demás tremendamente agitada y convulsa. Del castillo, hoy, no queda nada.

Matías Barrio y Mier fue un diputado carlista nacido en la cercana localidad de Verdeña en 1844; fue también historiador y recopiló o escribió varias leyendas que pretenden explicar o interpretar el origen de algunos lugares notables de la Comarca de La Pernía. En el romance titulado "La venganza del Conde" (curiosamente publicado por vez primera en Vitoria el año 1871), hace referencia al hoy desaparecido castillo de Tremaya, fortaleza en el siglo XI del conde Munio Gómez y de su mujer, doña Elvira Fafílaz, a quien en otro escrito supone fundadora de la Colegiata de San Salvador de Cantamuda:

"En una elevada peña,
situada junto a Tremaya;
en el valle de Pernía,
que el claro Pisuerga baña;
Desafiando a las nubes,
a que en altura se iguala;
el fuerte castillo estuvo
do el conde Munio habitaba.
Ya quedan pocas señales
en el sitio que ocupara;
pero fue en tiempos remotos
fortaleza inexpugnada.
Con sus muros y sus torres
por almenas coronadas,
seguro asilo ofrecía
al señor de la comarca,
Que de tan notable altura
sus dominios divisaba,
viendo sus pueblos dispersos
entre cerros y montañas."

(Texto del romance extraido del opúsculo "Tradiciones etiológicas palentinas a la luz de la Biblia", de Antonio González Lamadrid, 1971).

En las estrofas siguientes, que no reproducimos por su extensión (ver el romance completo en "Material complementario"), Barrio y Mier realiza un excelente compendio geográfico e histórico de la comarca, enumerando todos los pueblos y aldeas que la integraban en la época en que se ambienta la leyenda (siglo XI), así como los principales hechos históricos acaecidos en la misma. Si bien no se trata de una obra de gran calidad literaria, resulta sin duda curiosa e interesante para ambientar el entorno y la historia de la montaña que vamos a ascender.

Aprovecharemos para visitar la antigua colegiata de San Salvador de Cantamuda, bellísima construcción románica (siglo XII) de armoniosa arquitectura; y la plaza de la propia capital administrativa de La Pernía, donde destacan un caserón con varios blasones en su fachada y el trabajado rollo jurisdiccional (siglo XVI).

El camino hasta la cima es breve, grato y, a pesar de las apariencias, muy sencillo; ideal para que los más pequeños disfruten la sensación de haber logrado, con no demasiado esfuerzo, una gran montaña.

Desde Tremaya

Desde las primeras casas de Tremaya (1165 m) hay que retroceder por la carretera poco más de 200 metros, hasta la entrada de una pista a la izquierda. Pasado el puente sobre el Pisuerga, el ancho carretil, muy polvoriento con tiempo seco, traspone una cancela, asciende entre praderas y monte bajo y alcanza un collado amplio y venteado, que el bosque que viste la ladera norte no llega a cubrir. La cinta de tierra planea por la lomada y deja atrás una extraña urbanización vallada, completamente discordante y fuera de lugar en ese entorno.

Un ancho collado herboso, donde ha brotado un curioso crestón de lajas, deshace la ilusión de continuidad que mostraba desde abajo la arista rocosa y permite el paso cómodo de la pista, construida sin duda en su día para el servicio de las instalaciones de la cima. El último tramo de la senda, que gira para terminar ascendiendo por la cara NW, tiene un aspecto bastante naturalizado; cuesta poco imaginar que pisamos por donde pisaron los hombres de Munio camino del castillo, y que el paisaje de aldeas, praderas, bosques y montañas que se abre en torno a la peña no será muy diferente al que se divisaba en el lejano medievo.

Si la cacharrería que invade la cima y le da un aire desangelado nos impide la contemplación del antiguo paisaje, cerraremos un rato los ojos para verlo mejor....

Accesos: Tremaya (45 min)

Material complementario

 

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