Gora

Paco Tiesto, Tozal de (1.563 m)

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Chema Tapia Gracia
Sarrera data
2016/05/15
Aldatze data
2016/05/17
1

Partimos de Rodellar ( 753 m ), lugar mágico sin duda, para subir el Tozal del Paco Tiesto, también llamado Larizora, de fácil deducción etimológica debido a la gran cantidad de erizones que albergan sus faldas.

Desoyendo las indicaciones que desde el mismo aparcamiento te invitan ya a seguir el camino hacia Cheto, nos parece que es mucho más vistoso el llegar a él, al filo de los acantilados donde el Mascún ha sabido labrarse el porvenir. Saliendo por el barrio de la Honguera en dirección a la ermita de la Virgen del Castillo, como a unos veinte minutos, la dejamos, para seguir por el mismo margen del barranco, aunque el hacerlo así nos obligaría a acercarnos de propio a este antiguo poblado, del que se dice fue el origen del posterior asentamiento de Rodellar. Atrás queda también la fuente de Fonciachas, de la que se dice que jamás se ha conocido sin dar.

El viento enojado, apresurado, se estrecha por el Mascún. Ahí lo dejamos, que nosotros seguimos jadeantes por empinadas y empedradas cuestas nuestra ruta barranco arriba, ya por el de San Martín, bajo la impresionante figura de un gran morrón, bautizado en los mapas como Montillosa. El sendero se calma, y el tapiz herboso se alía con el caminante para permitirle distraer su mirada hacia esta gran pared rocosa, que dejamos atrás, una vez cruzado el barranco y subido pacientemente otra de las cuestas que te van alzando de las profundidades a los cielos abiertos.

Un brusco giro hacia el norte nos acerca al punto de confluencia con el sendero de vuelta. Llegamos a un puerto, colonizado por los erizones, que como velo de la memoria van fagocitando tanto esfuerzo, tanto trabajo, tanto sudor, para arrancarle al terreno la escasa subsistencia. Estamos en una amplia extensión de terreno, que al superar sus barreras de bojes, nos da vista ya a nuestro escondido objetivo, el Tozal de Paco Tiesto ( 1.563 m ), un monte, el más alto de este cordal, que suave baja hacia poniente, aunque sólo de momento, donde discurre el Mascún, pero brusco hacia levante, asomándose al abismo de Balced.

Hay que estar atento, porque el ancho camino sigue por sus faldas, dejando a la derecha un incipiente sendero que entre arizones te va subiendo a la cumbre, a una primera cumbre señalizada por un hito de piedras, pero que hay que continuar unas decenas de metros hasta la siguiente, que es la verdadera altura. Desde aquí, lejos, muy lejos, es donde a los cuatro costados se juntan el cielo y la tierra, ayudados por las nubes, especialmente en el gran norte.

Estamos en una gran ralla entre dos grandes profundidades, al este la de Balced, al oeste la de Mascún. Al norte baja a beber a la Guarguera, donde el terreno toma impulso para empinarse más y más en esas sierras antesala ya de la gran cordillera. Y el sur calmo va hacia la gran depresión. El fuerte viento siempre dando mensajes de quién manda aquí, y ante eso, sumisión, reconocimiento, y para abajo, a retomar el ancho camino, por el que en cuatro zancadas nos acercamos hasta los pozos de nieve de Bagüeste, bien conservados, y deseosos de contarnos mil y una historias.

De vuelta ya, echamos un bocado en un abrigo y dejando a nuestra derecha el sendero de subida, seguimos por el camino de la sierra de Balced, alcanzando primeramente el collado de San Martín, que deja su peña a la izquierda, asomándose al profundo barranco. Circulando por la base de enormes paredones nos llegamos hasta otro punto importante, donde se cruzan los caminos de ambos valles, collada de Balced la llaman, y es la puerta para bajar a este barranco y a los pueblos colindantes. Nosotros nos tiramos para el nuestro, dirigiéndonos ya de tiro hacia Rodellar, a donde llegamos al cabo de hora y cuarto.

Accesos: Rodellar ( 2h).

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