Gora

Centinela (701 m)

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Luis Astola Fernández
Sarrera data
2016/05/16
Aldatze data
2016/05/16
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Los Montes de Toledo penetran en tierras cacereñas por la Sierra de Altamira (Riscos Altos, 1324 m) y Guadalupe (Pico Villuercas, 1595 m, techo de la cadena); continúan en dirección SW por la Sierra de Montánchez (995 m) y trazan un brusco ángulo de 90º para seguir al NW por la de San Pedro (Peña del Buitre, 708 m). En el vértice de este ángulo recto se sitúa la modesta Sierra del Centinela (701 m), al sur de la provincia de Cáceres y casi en la raya con la vecina Badajoz.

Centinela es la montaña propia de Alcuéscar, típica vílla extremeña, fundada por los árabes el año 830, que se recuesta en su falda septentrional. Los alcuesqueños han sabido sacar partido de la fertilidad de sus suelos, y la montaña alterna de manera armónica masas boscosas de encinas, alcornoques y marojos, que revisten sus laderas más meridionales, con las plantaciones de olivos, que tapizan el piedemonte y las lomas y vaguadas más próximas al pueblo.

Una intrincada red de pistas de uso agrícola y forestal facilita el tránsito por la sierra y el acceso a sus cotas más elevadas, aunque por su profusión y ausencia de señalización pueden sembrar dudas en caso de desconocimiento del terreno. Alcanzar desde Alcuéscar el vértice geodésico que culmina la cima del Centinela (701 m) supone un grato paseo, especialmente cuando la exuberante primavera extremeña, favorecida por un invierno suave y generoso en lluvias, inunda de colores el frondoso sotobosque y los linderos del camino.

Los montañeros/as que prefieren seguir ascendiendo una vez alcanzada la cima, harán bien en buscar al SE, al pie de la sierra, la hermosísima Basílica de origen visigodo de Santa Lucía del Trampal (s.VII), una auténtica joya prerrománica, con más de trece siglos de antigüedad, de asombrosa belleza; Monumento Histórico Artístico desde 1993, cuenta con un pequeño Centro de Interpretación al que llega desde Alcuéscar (5 km) una estrecha carretera señalizada, entre olivos, alcornoques y campos cultivados.

Desde Alcuéscar

En la zona más elevada de Alcuéscar, al sur y ya fuera del núcleo urbano, corre una calle aterrazada, casi llana, adaptada a las curvas de nivel bajo el cerro del Calvario (597 m), que aparece coronado por una blanca ermita circular dedicada a la virgen de Fátima. En el extremo más oriental de la calle (520 m) arranca una pista ascendente hormigonada, en dirección al cercano depósito de aguas; casi al inicio, se separa a la derecha un descarnado camino que sube directamente a la ermita, por donde tenemos previsto bajar.

Rebasado el depósito y un bosquete de encinas y alcornoques, se toma una pista secundaria a la derecha, que rodea el cerro del Calvario mientras asciende hasta la lomada; aunque el camino desaparece, no hay ninguna dificultad en seguir por lo más alto el rastro difuso que serpentea entre campos de olivos y muros de piedra con alcornoques y chumberas.

Pronto se alcanza una pista procedente del pueblo, que seguimos brevemente en ascenso para abandonarla en la primera bifurcación por la izquierda; en moderada pendiente, el nuevo carretil se vuelve algo más montaraz y transita entre encinas y alcornoques, con un rico sotobosque de jaras, lavandas y retamas. Sin demasiado esfuerzo se alcanza el lomo cimero; dos perfiles metálicos anclados junto al camino avisan de la proximidad del difuso senderillo que, a la izquierda, trepa en breve entre el espeso matorral hasta la cresta de cuarcitas coronada por el vértice geodésico del Centinela (701 m).

En el descenso, al llegar al pie del cerro del Calvario, se puede subir sin camino, entre olivos, hasta la pintoresca ermita que lo corona, a donde asciende una pista desde el extremo occidental de la calle aterrazada donde hemos iniciado la ruta; por la pista, o más directamente por el pedregoso sendero que arranca junto a la cruz del mirador del Calvario, se baja rápidamente al punto de partida (1,15).

Acceso: Alcuéscar (40 min)

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