Gora

Mola del Vilar (1.321 m)

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Luis Astola Fernández
Sarrera data
2016/06/24
Aldatze data
2016/06/24
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Hermana gemela de la renombrada Mola d'Ares, a pesar de ser un hito paisajístico de la comarca del Alto Maestrazgo castellonense (Alt Maestrat), la Mola del Vilar es una perfecta desconocida. Situadas respectivamente al NE y al SW del Coll d'Ares (1147 m), paso de la carretera CV-15 entre Albocàsser y Villafranca del Cid, no resulta fácil precisar cual de las dos Molas es la más elevada, aunque los mapas del ICV (Institut Cartografic Valencià) otorgan la supremacía, por apenas unos centímetros de diferencia, a la de Ares (1321 m).

Obviando sus aspectos geomorfológicos y su evidente simetría de espejo, las dos molas gemelas presentan en la actualidad realidades absolutamente contrapuestas. Las antenas de telecomunicación han invadido la meseta de la Mola d'Ares, en cuya cima se alza también un voluminoso mojón geodésico, con su servidumbre de pistas de acceso y de modernos vallados; la necesidad de dotar a la población de equipamientos ha expandido el casco urbano de Ares del Maestrat por la ladera meridional de la montaña, rompiendo por esa vertiente la armonía de su apretado núcleo medieval.

En la Mola del Vilar, por el contrario, en algún momento se paró el tiempo.

Ya a finales del siglo XVIII, el ilustre botánico y geógrafo Antonio José de Cavanilles dedica varios párrafos de su "Observaciones sobre la Historia natural, geografía, agricultura, población y frutos del Reyno de Valencia" a glosar la villa de Ares del Maestre y la muela de Ares; no deja de sorprender que, en cambio, ni siquiera mencione la Mola del Vilar, tan notable desde el punto de vista geográfico como la anterior y con idéntica dedicación agrícola y ganadera, evidenciada en los apretados bancales de la ladera más próxima al núcleo habitado y en las importantes estructuras de piedra seca que parcelan, hoy como entonces, su meseta superior (los rectilíneos muros de piedra que la cruzan de lado a lado aparecen incluso cartografiados en los mapas topográficos y se observan perfectamente en las imágenes aéreas de la muela).

Salvo para los antiguos moradores de Ares, que arrancaban su magro sustento del áspero suelo de la montaña, la Mola del Vilar era en esa época, incluso para un científico tan observador y minucioso como Cavanilles, invisible; y hoy continúa siéndolo, lo que sin duda le aporta un atractivo especial, al menos para los montañeros de espíritu curioso que no hacen ascos a salirse de las sendas trilladas ni a caminar al margen de la cómoda tiranía de las rutas señalizadas.

Desde el Coll d'Ares

En el mismo alto del puerto, frente al cruce de Ares del Maestrat, se abre una plazoleta rodeada por un puñado de construcciones, sin dificultad para aparcar. Desde el restaurante allí ubicado (1147 m), bajo el cono de la mola, la ruta a seguir resulta evidente. Ascendemos por el contrafuerte que se desprende de la línea cimera, siguiendo una amplia vereda flanqueada por arruinados muros de piedra; a media pendiente, un añejo abrigo de falsa cúpula, construido en piedra seca, nos recuerda la ancestral vocación ganadera de estas montañas del interior castellonense lindantes con el Maestrazgo de Teruel.

Como toda muela que se precie, la meseta superior está defendida por un escarpe calizo, no demasiado potente, pero suficientemente vertical como para impedir progresar directamente hacia la cima; poco antes de llegar a la barrera de pinos de repoblación alineados a lo largo de un bancal bajo la cresta, la vereda se bifurca. Elegimos continuar a la izquierda (S-SW), intentando no perder la traza que se abre paso a duras penas entre los muros desmoronados de los bancales, antaño ingratas tierras de pan llevar; la ruina del paisaje de piedra seca en esta vertiente es evidente. Eligiendo los pasos más limpios, aunque sin poder evitar algún que otro traspiés, se alcanza el canto de la muela, recorrido por un camino perfilado por el paso incansable de los rebaños; una portezuela en la endeble pared que cierra el punto más débil del escarpe permite el acceso a la amplísima meseta cimera.

En esta inmensa desolación, tapizada por un reseco lastonar en el que apenas medran tomillos y santolinas,  sin un solo árbol a la vista, llaman inmediatamente la atención los larguísimos muros de piedra que parcelan a lo ancho la planicie de la muela; los abrigos de pastor de falsa cúpula que salpican la cenicienta pradera, con la boca orientada al sol, hablan de la crudeza del mestral que azota con violencia estas alturas entre el otoño y la primavera.

La continuación hacia la cima pasa por franquear el muro que nos separa de ella y, avanzando por terreno prácticamente llano, alcanzar en el reborde septentrional el punto más elevado, marcado por los restos de una ruinosa caseta de piedra. Soledad y silencio absolutos para contemplar el paisaje áspero de los Maestrazgos. Para el descenso, merece la pena disfrutar la senda que recorre el pie del escarpe hacia el sur, a la vista de Ares y su muela, hasta las cercanías del paso que nos ha permitido el acceso a la planicie en el ascenso; una diagonal entre los bancales, por terreno incómodo pero conocido, nos devolverá al punto de partida.

Acceso: Coll d'Ares (50 min)

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