Gora

Majancavera (1.294 m)

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Luis Astola Fernández
Sarrera data
2016/09/19
Aldatze data
2016/09/19
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En el extremo más occidental de la vertiente soriana de la Sierra de Pela, al N del cordal principal, se desarrolla una alineación sensiblemente paralela a la propia sierra, con varias cimas que superan los 1300 metros de altitud. El elevado corredor intermedio entre ambas alineaciones determina la relativa modestia de estas montañas, que se pueden considerar una estribación septentrional y el último escalón de la propia Sierra de Pela hacia el valle por donde corre el Duero.

Se puede hablar también de una prolongación a poniente del altiplano de la Lastra (Mirón, 1374 m), con cotas en cualquier caso bien definidas y perfectamente individualizadas, que adquieren mayor presencia gracias a los vallejos y barrancos labrados por los ríos Caracena y Manzanares, nacidos al pie de Pela y subsidiarios del Duero. Hablamos de las alturas de Cabezas del Llano (1352 m) y sus satélites La Calahorra (1324 m) y Alto de la Cañada (1331 m), sobre Tarancueña; de la airosa Atalaya (1324 m), sobre Valderromán; y de Majancavera (1294 m), en Carrascosa de Arriba, la más verde de todas gracias a sus espléndidos encinares y a los hermosos ejemplares de quejigo y sabina que pueblan sus laderas.

En terrenos de Carrascosa de Arriba se sitúan los excepcionales y relativamente poco conocidos restos arqueológicos de Tiermes. Los montañeros aficionados a la historia y a las piedras viejas meterán en la mochila agua y provisiones, olvidarán el reloj y recorrerán pausadamente sus fascinantes rincones, al ritmo que les marque el propio yacimiento; si les sobra tiempo, ascenderán luego a la cima de Majancavera, para recomponerse de tanto asombro e intentar asimilar la sobredosis de belleza y cultura.

Un paseo por Tiermes

Las ruinas de la ciudad celtíbero-romana de Tiermes son uno de los enclaves arqueológicos más subyugantes de la Península Ibérica. El yacimiento de Termes, Tiermes o Termancia abarca una extensión de 150 ha al pie de la vertiente soriana de la Sierra de Pela; el lugar se mantuvo habitado durante más de 30 siglos, desde la Edad de Bronce hasta ya avanzado el siglo XVI, en que se despobló definitivamente.

Los restos más llamativos ocupan un pequeño cerro compuesto de vistosa arenisca roja del Triásico inferior (la denominada "facies Buntsandstein"). Sobre la cima rocosa de la colina se alza la Acrópolis, probablemente el centro defensivo y de poder del primitivo asentamiento arévaco (s.VI ANE); los restos de esa época aparecen muy erosionados y poco reconocibles, pero el lugar desprende un magnetismo y una fuerza extraordinarios. Desde aquí se domina un territorio extenso y variado, de gran calidad paisajística y de una riqueza cromática poco usual, en la que predominan los tonos ocres y almagres. Merece la pena comenzar la visita de Tiermes en la Acrópolis, por coherencia cronológica, para ubicarse visualmente y, sobre todo, para impregnarse de su poderosa capacidad evocadora.

Luego todo consiste en avanzar de sorpresa en sorpresa por este yacimiento único, en el que la técnica y la cultura del invasor romano se fusionan (a partir del s.I ANE) con la de los primitivos pobladores arévacos, para crear una fascinante ciudad rupestre celtíbero-romana, en la que no falta prácticamente de nada.

Visitaremos la muralla romana bajo imperial, levantada a base de sillares bien labrados; el espacio del Foro, con su templo, su mercado y el "Castellum aquae"; las monumentales Termas; la Mansión del Acueducto, 1800 m2 de lujo y ostentación excavados en roca; graderíos labrados en la arenisca; las ciclópeas Puerta del Sol y Puerta del Oeste, impresionantes trincheras abiertas a pico en el farallón rocoso para facilitar el acceso a la ciudad; conjuntos de casas semirrupestres de vecinos que llegaron a alcanzar hasta siete pisos de altura, como delatan los huecos de las vigas (mechinales) que se han conservado; la Casa de las Hornacinas y la Casa de Pedro, dos encantadores ejemplos de viviendas rupestres, la segunda dotada de varias estancias comunicadas a través de arcos, terraza orientada al sur, solarium...

Quizás el elemento constructivo más notable y singular de Tiermes sea su acueducto, una obra admirable de ingeniería romana que abastecía a la ciudad de agua abundante y de calidad, captada en el Manadero del Río Pedro, un prodigioso manantial que brota al pie de la Sierra de Pela, junto a la localidad de Pedro, distante 3,8 km en línea recta. La distancia a salvar desde el punto de origen hasta el de destino, siguiendo las curvas de nivel del terreno para hacer llegar el agua por gravedad, habría exigido casi 9 km de infraestructura; aún se sigue investigando sobre su posible y dificultoso trazado, pero la red de túneles, canales y zanjas que se conservan, y se pueden recorrer, sirven para hacerse una idea del ingenio y del inmenso esfuerzo que debió de suponer su ejecución. En esa época, la ciudad contaba con varias Vías romanas importantes, como la que le unía a Medinaceli, la procedente de Uxama-Osma y la que conducía por Miedes, Atienza y Salinas de Imón a Segontia-Sigüenza.

Con la decadencia del Imperio Romano (siglo IV), el esplendor de Tiermes parece eclipsarse, aunque la necrópolis visigoda ubicada en el antiguo foro y la altomedieval excavada en la arenisca junto al río Manzanares, evidencian que siguió habitada en esos periodos. Sorprende la ausencia de restos árabes, que ocuparon durante más de tres siglos las tierras que se extienden al norte hasta el Duero, con huellas importantes en Medinaceli (antigua alcazaba y murallas), las atalayas de Caracena y, sobre todo, la gran fortaleza califal que aún hoy exhibe su poderosa silueta sobre la Muela de Gormaz (1057 m); el topónimo La Atalaya, que da nombre a una cumbre próxima a Tiermes, quizás sugiera una posible huella de ese oscuro periodo.

La reconquista cristiana de los enclaves musulmanes en torno al Duero, que se retrasa hasta las postrimerías del siglo XI, revitaliza brevemente el poblado, y nos permite admirar hoy la iglesia de Santa María de Tiermes, románica (s.XII), que exhibe una deliciosa colección de canecillos en su ábside semicircular y trabajados capiteles sobre las columnas dobles de su galería porticada. Tiermes se despuebla definitivamente en el siglo XVI, tomando Caracena el relevo en la capitalidad de su Comunidad de Villa y Tierra.

Además de lo visto, sobre nuestras cabezas planearán incansables los buitres procedentes de los barrancos de Caracena; aviones comunes y roqueros anidan en los verticales y soleados cantiles que miran al sur; en el último tramo del túnel del acueducto despertaremos a grandes murciélagos, que nos rozarán con sus alas al pasar; y al anochecer, cuando marchan, pasmados, los últimos visitantes, los corzos abandonan sus refugios del quejigal y triscan confiados entre las viejas piedras de Tiermes.

Majancavera desde Carrascosa de Arriba

Un corto ramal alcanza Carrascosa de Arriba desde la SO-135, entre Montejo de Tiermes y Tarancueña. Junto a la plaza de la iglesia dedicada a San Pedro Advincula (San Pedro Encadenado), una casa exhibe en su fachada sin pudor dos lápidas, una de ellas con una inscripción funeraria (s.II) y la otra con motivos vegetales, fruto de algún lejano expolio de los muchos que ha sufrido el cercano Yacimiento de Tiermes.

Retrocediendo 200 m por la carretera desde el pueblo (1140 m), sale a la derecha junto a un pabellón ganadero una excelente pista, que enseguida cruza el reseco cauce del Manzanares. La pista zigzaguea junto a grandes quejigos por la ladera oriental de Majancavera; aún se adivinan, difuminados, algunos brochazos blancos y amarillos correspondientes a un sendero señalizado entre Carrascosa de Arriba y Torresuso, de la vieja red de "Senderos de Tiermes" del Ayuntamiento de Montejo de Tiermes.

En una revuelta, las marcas dejan el carretil y, por una descarnada y pedregosa trocha, ganan la lomada junto a las grandes cabañas de las Tainas de la Torrecilla, escondidas entre hermosas encinas. Un añejo poste de señales de madera indica la dirección a seguir hacia Torresuso, descendiendo ligeramente por ancho camino hasta enlazar en el Alto del Páramo con la pista abandonada en el ascenso.

Siguiéndola brevemente al W, se desgaja a la izquierda (S) una rodera que acaba perdiéndose, aunque el visible y cercano pilón geodésico de Majancavera (1294 m) no ofrece dudas sobre la dirección a seguir; por terreno de erial de escasa pendiente, con alguna solitaria sabina, se alcanza sin más contratiempos la achatada cima.

Acceso: Carrascosa de Arriba (45 min)

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