Gora

Muela del Galabardal (1.346 m)

remove-icon
Joseba Astola Fernandez
Sarrera data
2016/11/30
Aldatze data
2016/11/30
1

Aliaga y Cuencas Mineras. Blanca caliza y negro carbón

En muchas de las terrazas que, antaño, modelaran con tesón aquellos masoveros para arrancarle a la tierra siquiera un puñado de patatas, cereales y legumbres con los que garantizar el sustento de sus familias, solo florece hoy la punzante aliaga (Genista scorpius). Sin embargo, no debe su nombre a esta planta la homónima población turolense situada en la comarca de Cuencas Mineras. Fueron los árabes quienes denominaron Alulgha (valle retorcido) a Aliaga, quién sabe si tan prendados y sorprendidos como los viajeros que se asoman hoy en día, por primera vez, a los vigorosos relieves calizos que afloran entorno a la villa.

Fallas, anticlinales, pliegues, estratos y conglomerados atraen y maravillan a geólogos de todo el mundo hasta este rincón, tan profundamente ligado a la blanca caliza como al negro carbón. No obstante, en las últimas décadas, el Parque Geológico ha tomado el relevo a la ingente actividad minera que trajo prosperidad a Aliaga durante la segunda mitad del siglo XX.

La antigua central térmica de las Eléctricas Reunidas Zaragozanas, cercana a la villa, llegó a ser la más importante a nivel estatal durante treinta años. La progresiva escasez de carbón local para alimentarla, así como el elevado coste de la importación del mineral necesario para su mantenimiento, trajeron consigo la baja rentabilidad de las instalaciones y el consecuente cese de su actividad en el año 1982. Aún hoy podemos ver el destartalado edificio de la central, junto a la barriada minera de Aldehuela, que albergó a muchos de sus trabajadores, en medio de un paisaje de gran belleza, sobre el pequeño embalse al que surte de aguas el río Guadalope.

Remotas masadas entre recónditas muelas

A vista de pájaro, o más propio de la zona, de buitre leonado o águila real, el bellísimo paisaje del entorno de Aliaga sorprende con muelas, riscos y cabezos de relevante prominencia y sugerente forma que invitan a dejar volar también la imaginación.

La Muela del Gabardal (según el IGN), o Galabardal (como la denominan algunos paisanos de la zona), se eleva sobre el Guadalope cuan cerrada fortaleza, escondida entre rocosas y alargadas lomas que le superan en altitud. Oculta, como los maquis a los que dio morada durante los duros años de postguerra; remota, como las dispersas masadas que languidecen, adormecidas en brazos de un tiempo petrificado, también, entre aquellos muros y eras. La perspectiva aérea de la Muela del Galabardal evoca un corazón algo maltrecho, quien sabe si por la añoranza de tiempos no muy  lejanos, en los que la vida fluía en las masías levantadas al resguardo de sus paredes.

La entrada secreta al corazón del Galabardal

Emular la elegancia y habilidad de la cabra montés (Capra pyrenaica), honorable moradora de estos solitarios parajes , para alcanzar lo alto de la Muela del Galabardal, supone aventurarse “a las bravas”, tratando de encontrar algún acceso que supere las aparentemente inexpugnables paredes con las que la montaña protege, por los cuatro costados, su característica y oculta hoya central, vestida de vegetación mediterránea.

Sin embargo, existe un acceso por el cual la Muela se muestra vulnerable, permitiéndonos acceder a su interior con más facilidad de la esperada, gracias a una cómoda vereda de probable origen y uso pastoril que transita entre las cinglas de su vertiente meridional, en un trazado casi horizontal, alcanzando  un collado cercano al punto culminante de la montaña, que se encuentra en su extremo sur, en la "punta del corazón maltrecho".

Para comenzar a caminar, debemos recorrer la carretera A-2403 entre Aliaga y Ejulve, pasando junto a la vieja central térmica y el poblado de la Aldehuela,  abandonando el vial en una curva por una pista asfaltada que se dirige a las instalaciones de “Neoelectra-Cinca Verde-Carboneco”, tal y como indica una señal. Recorremos cuatro kilómetros por esta pista (con las debidas precauciones, pues varias señales advierten del posible tránsito de camiones por la misma) descubriendo a nuestro paso varias masadas (Casa Pelusán, Masía del Estrecho Alto) en estado de abandono, mientras observamos las caídas verticales de la Muela Cerrá (1344 m), a la izquierda, y la Muela del Galabardal, a la derecha, entre las que discurren mansas las aguas del Guadalope.

Una vez alcanzadas las instalaciones de Neoelectra (planta de construcción reciente destinada a la recuperación de CO2), en el paraje conocido como Estrecho Bajo,  desearemos dejar el vehículo y partir cuanto antes, para dejar atrás la ruidosa y humeante planta industrial, cuya presencia, en medio de un paraje de suma belleza y serenidad, resulta algo surrealista. El gravísimo incendio que, en el año 2009, quemó más de 7000 has. de gran valor ecológico entre Aliaga y Ejulve puso en serio peligro esta instalación (que utiliza gas para su actividad) y, por ende,  todo el entorno.

Obviando las pedregosas pistas que rodean la planta (una de ellas, balizada con las marcas del GR-8, prosigue hacia el espectacular estrechamiento de la Boca del Infierno, camino de la población de Mezquita de Montoro), nos encaminamos por una agradable pista terrosa que penetra en el frondoso pinar que cubre la base de la muela. Este camino, ascendente en su primer tramo, recorre plácidamente después toda la vertiente oriental de la montaña, hasta alcanzar un collado abierto; un lugar de gran belleza y bucolismo, donde las ruinas de la Masía del Gabardal*  resisten a duras penas los embates del tiempo, entregadas a la más absoluta soledad, bajo la atenta mirada de los últimos contrafuertes de la Muela del Galabardal.

A partir de aquí, el camino perderá altura hundiéndose en la frondosidad del Barranco del Gabardal, previo paso por la también abandonada Masía de Ramo (cuya bellísima ubicación observamos desde nuestra posición), antes de alcanzar la Masía de la Tosca y la pista asfaltada por la que hemos accedido a la planta de Neoelectra. Esta ruta, por lo tanto, podría ser una interesante alternativa para alcanzar el collado de la Masía del Gabardal, donde nos encontramos, o para inventarse una ruta circular larga e interesante, que bordee la muela en su totalidad.

Dando la espalda a las herbosas terrazas de cultivo de la masía, rodeamos la ruinosa vivienda, descubriendo detrás los restos de una era de trillar empedrada, asomada al barranco. Dirigimos nuestros pasos hacia el curioso conjunto de sabinas (Juniperus thurifera), llamadas juniperas en estos lares, que se extiende bajo un característico contrafuerte rocoso, detrás del cual, asoma el punto culminante de la Muela.

Enseguida encontramos una manguera en desuso que nos va a servir de guía en lo que será el tramo más escabroso de la ascensión. Podemos intentar seguir su traza, llevándola a la derecha en aquellos puntos más incómodos, para dirigirnos mediante sencillas trepadas, en las que apenas hay que utilizar las manos, hacia lo alto del contrafuerte.

Una vez en la parte superior, formada por calizas margosas entre las que crecen algunos pinos dispersos y el clásico sotobosque asociado al clima mediterráneo continentalizado (tomillo, coscoja, romero…), dirigiremos nuestros pasos hacia la vertical pared de la Muela, que desde aquí se muestra bastante inaccesible. Por la loma, o un poco por debajo, dejándola a la izquierda, avanzamos sin senda pero sin mayores dificultades, hasta toparnos de nuevo con la manguera y, repentinamente, con la maravillosa vereda pastoril que nos va a guiar, ya sin dificultades y sin apenas desnivel, hasta la parte superior de la muela, desembocando en un paso sobre el que ha sido instalado un abrevadero metálico.

Culminamos la Muela del Galabardal poco después, tras haber girado a la izquierda para ascender por el suave cordal hasta la parte más elevada. Una elegante sabina nos sale al paso, antes de alcanzar las pequeñas encinas que afloran en la cima, asomadas al abismo sobre el Barranco del Gabardal.

Tras disfrutar de las vistas del entorno, en las que destacan otras interesantes montañas como la Muela Cerrá o la Loma de San Antón (1386 m), no nos resistimos a deambular por el perfil de la montaña, buscando sin éxito la conocida como Cueva de los Maquis, situada, al parecer, en las rocosas caídas que se desploman hacia el sureste. Terminamos hundiéndonos en la recóndita hoya, atravesando un limpio pinar aterrazado, para alcanzar en unos veinte minutos desde la cima, el solitario corral que se esconde en tan remoto paraje, cuya ubicación ya habíamos descubierto desde lo alto.

Solo el silbido de alerta de las cabras montesas, dueñas y señoras de tan remoto lugar y sorprendidas por nuestra presencia, rompe el infinito silencio que invade el remoto paraje.

Regresamos al punto de partida por la misma ruta, convencidos de que no parece existir ningún otro acceso cómodo al centro de este maltrecho corazón turolense. ¿O sí?

Acceso: Planta de Neoelectra, paraje de Estrecho Bajo (1h 45´)

 

*aunque así citadas por algunos paisanos, no se ha podido aseverar que sean estos los auténticos nombres de las masías

Katalogoak

Irudiak

Track-ak

Iruzkinak

  • item-iconJoseba Astola Fernandez
    2017.eko abenduak 13a

    Es una zona tan poco frecuentada por la comunidad montañera y, a la vez, tan preciosa para los que amamos  la piedra seca y la luz del sol de invierno y nos fascinamos al contemplar e imaginar la vida en aquellas remotas masías abandonadas, que no puedo negar que me ha sorprendido muy gratamente leer tu mensaje.  Precisamente este fin de semana me voy para aquellas tierras, así que recojo tu sugerencia, Iker.

  • item-iconIkertxo Txo Txo
    2017.eko abenduak 13a

    Hicimos recientemente este monte, pero en vez de bajar por la misma ruta, dimos toda la vuelta a la muela bajando por el barranco del Oeste (del gabardal), por un camino cómodo y bonito, muy recomendable, para acabar por la pista. Recientemente también han acondicionado (excesivamente, para mi gusto), el barranco de la Hoz Mala que se une al del Gabardal, desde este se puede hacer un desvío de unas dos horas por el mismo en la misma bajada, a la altura de la Masia de la Tosca.