Gora

Cabezo del Puerto (528 m)

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Joseba Astola Fernandez
Sarrera data
2017/02/21
Aldatze data
2017/02/22
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Destacado promontorio calizo que se eleva en el largo cordal divisorio entre la célebre comarca de la Huerta murciana y las tierras cercanas al Mar Menor y Cartagena. La propia ciudad de Murcia y las poblaciones aledañas, que conforman un espacio densamente poblado, se esparcen en las áridas llanuras situadas a los pies de este cordal, auténtico pulmón de la zona y área natural de esparcimiento para la numerosa población local. En la misma cadena se encuentran, antes de coger más altura en la Sierra de Carrascoy (1062 m), montañas como el Relojero (604 m) o la célebre Cresta del Gallo (Quijar de la Vieja, 528 m), muy populares y frecuentadas por  montañeros, escaladores y ciudadanos murcianos en general.

El Cabezo del Puerto (528 m) se alza sobre el Puerto de la Cadena (365 m), mítico paso de enlace de  Murcia con Cartagena y el Mar Mediterráneo. Para vigilar este importante enclave, erigieron los árabes un castillo sobre la peña, allá por el siglo XII, al igual que hicieron en otros promontorios cercanos a la capital, desde donde controlaban los históricos pasos naturales entre las comarcas. Argáricos y romanos habían frecuentado anteriormente el panorámico peñasco, ocupado aún hoy por los restos de los muros de la fortaleza musulmana, la cual es conocida también con el nombre de La Asomada (declarada BIC en 1985).

Desde el área de recreo de Casas del Portazgo

La estruendosa y concurrida autovía que surca en la actualidad este puerto resta intimidad e, inevitablemente, algo de encanto a este sencillo paseo en su comienzo, en el que tendremos que soportar el ruido del tráfico, antes de penetrar en el pinar y en el consiguiente silencio.

Para alcanzar el área de recreo de las Casas del Portazgo (200 m), a las que no hay acceso desde la autovía, tomaremos el ramal señalizado como vía de servicio que parte de las cercanías de El Palmar y el hospital murciano de la Virgen de la Arrixaca, pasando por la Venta de la Paloma.

Partiendo del aparcamiento, dejamos atrás las mesas tomando un camino que desciende unos metros para cruzar la rambla. Durante este primer trayecto, caminamos en paralelo a la autovía, desechando las sendas que buscan internarse en el pinar. En poco tiempo, alcanzamos una rambla mucho más ancha, en la que se forman pequeñas pozas tras fuertes periodos de lluvia.  Tras atravesarla, el camino se torna estrecha senda y comienza a ascender más decididamente, internándose en la frondosa pinada que cubre buena parte de las laderas septentrionales de este cordal murciano. Como es habitual en las montañas de la región, el pino carrasco (Pinus halepensis) es la especie predominante, dada la facilidad con la que se adapta a los suelos áridos.

Pronto dejamos de oír la autovía, dejándonos guiar por la evidente senda que, balizada con esporádicas marcas blancas y amarillas de PR, va sorteando algunos barrancos buscando el cordal y la base de la peña del Cabezo, que podemos apreciar en algunos instantes. Es deseable seguir en todo momento el cómodo trazado de la vereda, ya que el importante trasiego de caminantes en la zona evidencia una presión excesiva sobre el terreno, en forma de cicatriz erosionada  a causa de aquellas personas que deciden atajar las revueltas del camino y lanzarse en línea recta.

Pasada la media hora, una bifurcación de sendas nos invita a continuar plácidamente y de manera horizontal por la izquierda, hasta alcanzar el cauce seco de una barranquera que nos aúpa definitivamente a un collado sobre el cordal. Los últimos metros hasta la cima transcurren por un terreno rocoso y bastante desgastado por el paso de gente, en el que quizás tengamos que echar la mano al suelo en una ocasión, sin presentar mayor problema.

Alcanzamos la base cuadrada del castillo en menos de una hora, descubriendo la autovía a vista de pájaro y pudiendo divisar la ciudad de Murcia y las localidades anejas. Poco queda ya de los torreones con los que debió contar la fortaleza, aunque paseando por la plataforma intramuros y observando el gran grosor de las paredes de adobe podemos imaginar que se trató de un recinto de cierta relevancia. En un par de recovecos de la muralla se pueden encontrar sendos belenes.

Acceso: Área de las Casas del Portazgo (50´)

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